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Confirman que los sentidos de la vista y de la audición no son independientes

Manuel Eguía (Izq.), Ezequiel Abregú, Ramiro Vergara y Esteban Calcagno, investigadores del CONICET y de la Universidad Nacional de Quilmes, en la Cámara Reverberante y Anecoica del Laboratorio de Acústica y Luminotecnia. Manuel Eguía (Izq.), Ezequiel Abregú, Ramiro Vergara y Esteban Calcagno, investigadores del CONICET y de la Universidad Nacional de Quilmes, en la Cámara Reverberante y Anecoica del Laboratorio de Acústica y Luminotecnia.

En un estudio del que participaron 80 voluntarios, científicos del CONICET y de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) probaron que la percepción de la distancia está influenciada por el contexto auditivo.

En su poema “Viceversa”, Mario Benedetti escribió que tenía miedo y necesidad de ver a su amada, así como temores y urgencias por oírla. Al fin y al cabo, la vista y la audición suelen considerarse complementarias. Pero, quizás, el vínculo sea más estrecho: un nuevo estudio de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) confirma que ambos sentidos no son independientes e influyen mutuamente en la percepción del entorno.

Hasta ahora, la mayor parte de los estudios científicos habían mostrado cómo la percepción visual de distancia influye en la auditiva. El nuevo trabajo describe un efecto inverso.

“El resultado es relevante, ya que presenta evidencia adicional de que nuestra percepción es multi-modal; es decir, que los sentidos de la vista y la audición no son independientes”, indicó a la Agencia CyTA-Leloir el director del proyecto, el doctor Manuel Eguía, director del Laboratorio de Acústica y Percepción Sonora (LAPSo) de la UNQ e investigador del CONICET.

Tal como describe la revista “Scientific Reports”, del prestigioso grupo editorial “Nature”, los investigadores realizaron experimentos en dos cámaras del Laboratorio de Acústica y Luminotecnia (LAL) del Centro de Investigaciones Científicas (CIC) del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Una, en una cámara “anecoica”: una habitación diseñada para absorber por completo las ondas sonoras en las paredes, el piso y el techo. La otra, en una cámara “reverberante”: una recubierta con materiales altamente reflectantes para el sonido, con lo cual un golpe o un aplauso fuerte pueden quedar sonando hasta cinco segundos antes de extinguirse.

En el estudio, cuyo responsable fue el doctor Ramiro Vergara, investigador del CONICET en la UNQ, 80 voluntarios fueron invitados a participar en un experimento de percepción visual en el que debían estimar la distancia a objetos iluminados (unos rectángulos de acrílico iluminados) en posiciones fijas en ambas salas a oscuras. La mayor parte de los participantes estimó que las distancias eran mayores en la sala reverberante. Durante el experimento los sujetos escuchaban una voz que daba instrucciones por un parlante y su propia voz, sonidos que en la sala reverberante tardaban más tiempo en extinguirse.

“El resultado del estudio es interesante de por sí. Todavía no sabemos del todo por qué se produce este fenómeno perceptivo. Hay varias hipótesis. Lo que podemos decir es que los sujetos ajustan sus expectativas de distancia según el tamaño que creen que tiene la sala y, a su vez, este tamaño es inferido a partir de la reverberación”, señaló Eguía.

Para el investigador de la UNQ, la reverberación es una clave auditiva de las dimensiones y las características acústicas del espacio en el que nos encontramos. “Cuando no disponemos de otro dato, esta información puede influir en nuestras estimaciones de distancia”, concluyó.

Del avance, también participaron Pablo Etchemendy, Ezequiel Abregú y Esteban Calcagno, del CONICET y de la UNQ, así como Nilda Vechiatti y Federico Lasi, de LAL. (Fuente: Agencia CyTA-Instituto Leloir)

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