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Adriana Robles se entromete en el “Centro Cívico de Bariloche, eterna postal”

La autora hurga en rincones poco visitados. La autora hurga en rincones poco visitados.

- DESPUES DEL CONGRESO, LA PLAZA DE MAYO Y LA CASA DE TUCUMAN -

Tal es el título que lleva el nuevo libro de la docente, al que presentará el próximo 17 de marzo. Recopiló información en archivos de Buenos Aires y se encontró con anécdotas poco conocidas por los barilochenses.

Adrián Moyano
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Después de dar a conocer libros sobre otros sitios emblemáticos de la Argentina, Adriana Robles anunció la presentación de “Centro Cívico de Bariloche, eterna postal”. De la serie espontánea que se consagró a hilvanar, será el primero en relacionarse directamente con esta ciudad. La docente y escritora previó su presentación para el próximo 17 de marzo a las 19, obviamente en la Biblioteca Sarmiento, institución que forma parte del emblema.

El Cordillerano quiso anticiparse a la llegada de los ejemplares. “Forma parte de una serie de libros que homenajean lugares vinculados inicialmente con el Bicentenario, por eso empecé con la Plaza de Mayo. Después, hice otro sobre la Casa Histórica de la Independencia, a la que conocemos como la Casita de Tucumán. Y también hice uno sobre el Congreso de la Nación, un edificio realmente extraordinario, que además tuvo el sentido de homenajear los 30 años de democracia”, recordó.

Era de esperar que dirigiese su mirada hacia acá. “Tenía la necesidad de hacer algo local porque vivo en Bariloche hace 40 años y el Centro Cívico está vinculado con cada uno de los barilochenses de muy diversas maneras. No sólo porque es el lugar donde nos reunimos para expresarnos políticamente, musicalmente o para hacer gestiones. En mi época, cuando llegué iba muchísimo al correo porque teníamos que ir sí o sí a buscar correspondencia”.

Además, “al Magisterio yo lo estudié prácticamente en la Biblioteca Sarmiento, donde estaban los libros y la fotocopiadora, así que es un lugar que está muy cercano a todos nosotros”. La autora delimitó su trabajo: “yo no soy historiadora, así que no lo trabajo desde ese lugar, trato que el lugar se cuente a sí mismo a través de imágenes. Siempre trato que sean originales o las menos vistas. En este caso, hay una serie de fotografías que encontré en el fondo documental Bustillo que eran suyas personales y reflejan el día de la inauguración. Es un aporte muy interesante”.

La narración también se nutre de otros insumos. “Busco ir contando desde los textos que proveen los diarios, las cartas familiares, los comentarios de quienes participaron de la obra, como Exequiel Bustillo y esencialmente, Ernesto de Estrada, quien fue el que hizo el diseño principal. El libro busca atravesar su historia a través de estos elementos, a los que uno no accede fácilmente si no los busca”, explicó Robles.

Las complicaciones del reloj

En esa búsqueda, la docente encontró “maravillas. El libro soslaya a propósito una serie de costados políticos del Centro Cívico, porque ese sería otro libro… Recuerdo haber estado allí la noche de Semana Santa del 87, con todo lo que se movilizó políticamente en ese momento. Esa es una dimensión que hay que trabajar porque es increíble todo lo que sucede en el Centro Cívico a nivel político. Pero en lo personal, a la historia del reloj la desconocía: uno mira para arriba y lo ve pero no sabe los avatares que tuvo el reloj para llegar a Bariloche. Tampoco que se puso mucho tiempo después”, enseñó.

Otras de las páginas se detienen en “las discusiones sobre la compra y adquisición de los terrenos, porque no eran esos los originales: iba a estar donde está la Catedral. Hubo una serie de negociaciones y discusiones sobre los precios, aspectos muy sencillos y cotidianos que me parecen atractivos y anecdóticos, que hacen a la vitalidad del lugar”, indicó Robles, a la hora de anticipar los vericuetos de su obra.

Hace más de 20 años que el Centro Cívico es también el epicentro de una polémica. “Por supuesto que el monumento es un tema complejo. El libro no puede estar dedicado a una polémica porque es general, así que hay un texto a favor y otro en contra, como para que un turista o alguien que compre el libro, pueda entender qué es eso que está ahí, porque se visualiza a simple vista pero no siempre se sabe cuál es el trasfondo. Pensé que así saldaba un poco la explicación, porque eso requiere también otro libro (risas)”, supuso Robles. No dijo que no fuera a escribirlo.

Placer en los archivos

En los hechos, Adriana Robles se está convirtiendo en una suerte de experta en sitios emblemáticos de la Argentina. “Algo así. Será por mi vertiente docente pero encuentro un enorme placer al meterme en archivos y en bibliotecas. Los últimos años estuve bastante en Buenos Aires, yendo y viniendo, pero tuve la oportunidad de conocer bibliotecas increíbles y el Archivo General de la Nación, que es una maravilla”.

En forma simultánea, “percibí el poco interés que le ha dado el Estado a ese aspecto, a la custodia de la memoria nacional. Hay archivos que han sido depredados, por ejemplo, los de Télam. Al terminar la dictadura, desaparecieron montones de imágenes sobre situaciones de conflicto.

Además, encontré en Buenos Aires la primera y única foto original que hay de la Casa de Tucumán, pero no está en el museo en Tucumán, está en Buenos Aires en un archivo de la Facultad de Arquitectura. Cosas que hacen que uno se dé cuenta hasta dónde se manifiesta la argentinidad compleja que tenemos: hasta no compartir los materiales entre los museos”.

En sintonía con esa “argentinidad” no muy “al palo”, “descubrí con pena que el archivo documental de Bustillo (en el AGN) está tratado muy pobremente: no está catalogado, está todo en una caja y uno accede con cierto orden pero no hay un catálogo. Está todo el material, pero un poco dejado. A los archivos hay que darle una dinámica más moderna tal vez, incorporar tecnología. Cosa que requiere que el Estado se decida a invertir en esos rubros”, pidió la investigadora.

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