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Deslumbrante cumbre pictórica en El Casco

- KAPLAN, BURON RISSO, CELMAN, VIÑAS - 

Con Ignacio Gutiérrez Zaldívar como anfitrión, cuatro de los pintores argentinos más rutilantes del momento departieron a orillas del lago. Sin guion previo, compartirían lecturas, charlas y momentos de pintura. 

Por Adrián Moyano
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No hace faltar ser tanguero para dejarse emocionar por “Honrar la vida”, obra enorme de Daniel Kaplan. Y aunque sean las orillas lacustres de la Patagonia las geografías que más amemos, darán ganas de largarse a caminar por la Time Square de Nueva York para ver qué tiene en común con La Usina de Buenos Aires, según la asociación espontánea de Enrique Burone Risso. Las mujeres entre angelicales y perversas de Ricardo Celman parecen capaces de despertar al más dormido de los erotismos, mientras que las proyecciones pop de Agustín Viñas inducen perplejidad y sonrisas casi al mismo tiempo.

¿Qué tienen en común los cuatro artistas? Todos forman parte del staff de expositores de Zurbarán El Arte de los Argentinos pero además, en la tarde del jueves confluyeron en El Casco Art Hotel, mientras la lluvia y el gris aportaban cuotas de nostalgia al entrañable paisaje barilochense. Ignacio Gutiérrez Zaldívar estaba en su salsa: convidó una estadía que disfrutaron los viajeros pero con la intención de recrear ritos que nunca debieron perderse.

“En los 70 los artistas se juntaban a eso de las 7, tomaban vino, charlaban... Ahora están metidos en sus talleres y salir les da fiaca. Entonces, dos veces por año traemos un grupo de pintores al hotel, para que estén juntos, charlen y pinten”, explicó el célebre marchand, que en 2017 cumplirá 11 años al frente del legendario hotel. Para que demos fe, convocó a un reducido grupo de periodistas barilochenses.

El anfitrión asumió la tarea de introducir a cada uno de sus invitados de manera sintética. Arrancó con Kaplan, a quien catalogó como eximio bailarín de tango, destreza que explicaría la increíble verosimilitud de sus obras. Después de una estancia neoyorquina y de un paso por República Dominicana, el pintor retornó a la Argentina. Recordó Gutiérrez Zaldívar que después de una convocatoria pictórica para la posterior publicación de un libro de arte sobre tango, desechó “miles” de propuestas para al final del proceso, asombrarse con las pinturas de Kaplan, quien forma parte del staff de Zurbarán desde hace dos décadas.

Enfundado en una gorra de lana negra que nunca dejó su frente al descubierto, Celma admitió que el galerista ubicara su figuración cerca de Caravaggio. Destacó el coleccionista que su artista es uno de los más solicitados del país como formador de nuevos pintores. “Tiene alrededor de 100 alumnos y una larga lista de espera”, celebró. Celma es el más joven de los integrantes del grupo (41 años).

Del Nahuel Huapi a Nueva York

A su izquierda no se cansaba de contemplar las aguas grises del Nahuel Huapi Burone Risso, el más veterano (61). Sin embargo, el anfitrión resaltó su “gran virtud” de pintar ambientes urbanos. Hincha de Tigre y vecino de San Fernando, Burone Risso deberá afrontar miles de kilómetros en los próximos días: el jueves inaugurará precisamente en La Gran Manzana la exposición “Nueva York y Buenos Aires a pie”. Menuda y abrupta transición le aguarda…

A Viñas, Gutiérrez Zaldívar le adjudicó el rótulo de “hiperrealista” y tiene razón. Sino véase su “Patotero”, uno de los siempre simpáticos sobrinos del Pato Donald que delante suyo, exhibe un revólver negro, tan lustroso como potencialmente mortífero. Evidente heredero y continuador del pop art, Viñas milita en las filas de Zurbarán hace ocho años y según comentó el marchand, el valor de sus trabajos creció de manera meteórica en ese lapso.

El conjunto de los convocados no acostumbra a recrear encuentros como el que desarrollaron desde el jueves en Bariloche. “Somos medio vagos”, se disculpó Celma. “A veces vamos juntos a eventos artísticos e inauguraciones de artistas con los que tenemos afinidad, pero no muy seguido”, dijo, mientras dirigía su mirada en dirección a Burone Risso. Hay que recordar que tampoco viven cerca: Viñas reside en La Plata y como ya se dijo, el simpatizante de El Matador en el norte del conurbano bonaerense.

Los artistas no llegaron con guion previo: “venimos a ver, a pintar… El paisaje es espectacular pero si somos cuatro, vamos a ver cuatro paisajes distintos”, arriesgó Viñas. “El compromiso es estar juntos, ver la luz, ver cómo cambia la luz y estar atentos a ver si surge algo inesperado, sin programa obsesivo”, sumó Celma. En la conversación afloraron similitudes y diferencias: mientras Viñas se mostró más riguroso y determinante con sus obras, “hasta que no llega el momento de embalar el cuadro, no termino”, ilustró el Caravaggio porteño”. Intriga saber qué colores salieron de sus paletas desde el jueves, que recovecos boscosos se animaron a revelar intimidades, qué clase de seres se instalaron en sus telas.

Sacralizar el arte

Buscamos de sacralizar el arte y desmitificar al artista. Hay gente que piensa que el artista tiene que ser un bohemio a la francesa y vestirse impresentable… Bueno, estos son impresentables (risas). Pero el artista es un tipo normal (Gutiérrez Zaldívar).

Egos al margen

La imagen del pintor en soledad frente a su lienzo es rigurosamente cierta pero no siempre fue así. “Es una costumbre moderna que tendrá 100 años”, calculó Ignacio Gutiérrez Zaldívar, quien con sus acciones está más cerca de las cofradías que de las individualidades. Sin embargo, se remontó hasta Rubens (1577-1640) para poner en común que en aquellos tiempos, la pintura tenía bastante de empresa colectiva. “Junto al pintor estaba su maestro y los demás compañeros del taller”. Se hablaban, intercambiaban impresiones, se ayudaban y las influencias recíprocas no molestaban a nadie. Brueghel supo de tales experiencias.

Ante uno de los interrogantes periodísticos, los pintores pusieron en segundo plano las hipotéticas disputas que se originarían en los respectivos egos. “Ya no hay secretos técnicos”, proclamó Ricardo Celman. Presente en el informal cónclave, Ignacio Junior confió que en su faceta pedagógica, el pintor acostumbra a subir videos a Youtube con generosidad digna de consideración. También invitó a visitar la página de la galería, que es sencillamente deslumbrante.

De todas maneras, su padre aclaró que la disminución del egocentrismo es de los tiempos que corren. Durante el año en curso, Zurbarán cumplirá 41 años de funcionamiento y al parecer, no siempre fue así. “Había pintores que averiguaban a cuánto se vendían los cuadros de otros para poner sus precios”, comentó. Con experiencias como la del hotel, “buscamos desacralizar el arte y desmitificar al artista. Hay gente que piensa que el artista tiene que ser un bohemio a la francesa y vestirse impresentable… Bueno, estos son impresentables (risas). Pero el artista es un tipo normal”, subrayó. Estándar que otorga más valor a la genialidad artística.

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