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Kike Mayer apura producción pictórica

El artista y su flamante obra. El artista y su flamante obra.

- MIENTRAS INSISTE CON LAS MASCARAS - 

Hace poco finalizó una nueva obra, con vistas a una próxima exposición. El artista se apresta a iniciar una capacitación para murgas y en forma paralela, utiliza sus cuadros para indagar en la realidad social.


Por Adrián Moyano
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El Sol mañanero se filtra por las ventanas en el estudio de Kike Mayer y entonces, se suma al festival de colores. Penden del techo enormes máscaras y partes de viejas carrozas. Más o menos en el centro de la sala descansa “El ojo”, una pintura reciente del artista, cuya finalización justificó que El Cordillerano se corriera hasta la antesala de Villa Los Coihues. El artista estaba inmerso en una de sus múltiples faenas.

Mayer describió su actualidad de manera lacónica: “como siempre, inventándome la vida. Día a día”. Acto seguido, precisó los alcances del invento en curso. “Ahora estamos comenzando un laburo con la Municipalidad, vamos a hacer una capacitación para las murgas que se anotaron sobre máscaras y pequeños carrozados. Es un proyecto chiquito, para sacarlo ahora antes del cumpleaños de Bariloche. La idea es capacitar a las murgas en estas técnicas, que son muy accesibles. Generalmente, utilizo materiales de desecho, al estar acostumbrado a laburar en este maravilloso Tercer Mundo”, ironizó.

Las máscaras se entrometieron en la vida de Mayer hace mucho tiempo y no se fueron “nunca más. Me subí arriba del Caleuche haciéndolas… Eso fue hace un montón, tenía 24 años, así que hace más o menos 30 años”. Se trató de una suerte de carroza que emulaba a la mítica “nave de los locos”, que supo partir de La Llave para señorear varias calles de Bariloche. Su mascarón de proa quedó muchos años como ornamento de la querida Escuela Municipal de Arte.

Recordó el plástico que “habíamos hecho un proyecto con la Federación de Artistas Plásticos, que en esos momentos existía y bueno, ahí me atraparon las máscaras. El Caleuche es el barco de los locos, que te atrapa y no te suelta más”, aseveró. Más allá de su origen en los relatos míticos de Chiloé, aquella experiencia resultó particularmente intensa en Bariloche y a pesar de la distancia temporal, quienes fueron partícipes la recuerdan con vivacidad.

Para Mayer, insistir con las máscaras es “en principio, una manera de conectar con la sociedad directamente. El laburo del artista es muy de cueva, muy de taller… Esto me da la posibilidad de involucrarme con gente del teatro, de las murgas y de todo tipo. El año pasado, antes de la marcha del 24 de Marzo nos organizamos e hicimos 600 máscaras en blanco. O sea, las máscaras dan para indagar en la misma sociedad, ver qué reacciones hay ante ellas”, especuló.

Por otro lado, “siempre son un enigma. La máscara es algo maravilloso, un elemento mágico que tiene la capacidad de transformarte pero también de dejarte ver desde adentro. Uno se saca una máscara y se pone otra, es un elemento muy vital que tiene mucha dinámica. Mi metier es toda la parte de construcción y modelado pero después ver la máscara calzada en una persona, toma otra dimensión que es muy rica, un elemento muy participativo”, insistió.

Participar y compartir

Además, el persistir con las mascaradas más bien de carácter colectivo, provee al artista “la posibilidad de que se acerque gente con diferentes proyectos. No son los míos pero igual me puedo meter en esos proyectos, juntarme y transformarlos. Es una manera muy participativa porque se comparte un montón. Generalmente las hago con teatreros o murgueros, cosas que alimentan un montón. No te quedás solamente con tu parte creativa”, compartió.

Cuando Mayer se lanza a pintar, también aparecen máscaras en sus cuadros. “Y sí… Es como que te tiñen muchísimo. A mí particularmente, la máscara me lleva a trabajar luego en una pintura o una pintura me puede llevar a trabajar en una máscara. En realidad, son elementos creativos, casi como palabras. Para mí, tiene una similitud muy grande laburar una pintura o laburar una máscara, tiene una conexión muy especial”, indicó.

Así se reparte su tiempo. Entre las pinturas de proporciones relativamente importantes y sus máscaras inseparables. En lo pictórico, Mayer está “siempre en actividad. Ahora estoy juntando material para hacer algún tipo de exposición en algún momento. Por ahora, produciendo para armarme un poco, espero que pinte algún buen lugar para hacerla porque estamos bastante escasos de espacios, pero siempre con optimismo, a ver si podemos llegar a revertir la situación. No tenemos galerías en este momento, están cerrando… Pero calculo que la fuerza que tenemos los artistas puede llegar a construir en un futuro algo. No podemos no mostrar”, avisó.

Por su parte, retiene las chances de exponer en Estados Unidos. “Sí, las mantengo. Tengo trabajo allá, cuando puedo mando mis trabajos aunque depende de las dimensiones. Es una punta re-favorable porque el mercado de arte acá en la Argentina, es bastante escaso, entonces hay que inventar nuevas posibilidades siempre. También estuve por México, qué sé yo… Donde me abren las puertas estoy, porque en el resto del mundo tampoco es muy fácil la venta. Hay que tener golpes de suerte, puntas… Más estando acá, es difícil”, dictaminó. Nada que Kike Mayer no conozca sobradamente y no sea capaz de superar. Ya lo hizo muchas veces.

El ojo en las migraciones

En “El ojo” el cronista quiso ver rastros que conducen a El Bosco. “Claro (risas)… Las influencias son inevitables porque te gustan diferentes artistas y aunque no lo quieras, a eso lo tenés adentro. Son datos que uno va metiendo en el subconsciente y después los larga como un lenguaje propio, porque también viene con mi impronta”, señaló Kike Mayer y efectivamente, así es. En este caso, “estoy tomando el tema de las migraciones, algo que nos afecta a todos y profundamente haced añares”.

Consideró que “nuestra vida ha sido profundamente migratoria pero ahora más que nunca, el tema está al rojo vivo. Siempre estoy intentando indagar, es como que a mí también me sirve… Es una investigación en temáticas sociales que nos afectan en el momento”, explicó. Inmigrantes fueron “todos mis abuelos. Yo soy gringo: italiano, alemán… Nací acá pero todos somos migrantes de una manera u otra”, proclamó el “enmascarado”.

A la producción que suma en los últimos meses, aspira a mostrarla aquí, antes que en otros lugares. “Bariloche me gusta, está bueno mostrar en tu lugar para ver las respuestas y ver qué comunicación hay, qué sucede con el público… Es algo que me interesa pero luego, donde sea, donde me abran las puertas… Ni me acuerdo cuando fue la última exposición acá, porque trabajé más en festivales o en mascaradas”, sonrió el inquieto artista.

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