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Los croquiseros urbanos comparten su pasión

Giménez, Pini, los croquis de la Inmaculada y Ferrari. Giménez, Pini, los croquis de la Inmaculada y Ferrari.

- EN LA SALA PANOZZI DEL CAP - 

Exponen José Giménez, Analía Pini, Alejandro Ferrari, Perla León, Gladis Yacobuzio y Cecilia Ezcurra. Los tres primeros conversaron con la prensa sobre las características de una práctica que se relaciona íntimamente con el patrimonio arquitectónico de la ciudad.


Por Adrián Moyano
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Ante el inminente aniversario de San Carlos de Bariloche, se inauguró en la víspera la muestra Croquiseros Urbanos Bariloche, entusiasta colectivo que reúne a unos 30 apasionados “por el dibujo y la arquitectura”, según la definición que acuñó espontáneamente Analía Pini, una de las integrantes. Los trabajos estarán a disposición del público en la sala Panozzi del Centro Administrativo Provincial (CAP) hasta el próximo 5 de mayo.

Pini, junto a José Giménez y a Alejandro Ferrari, conversaron con la prensa sobre las características de tan entrañable trabajo. El primero de ellos precisó: “somos un grupo de personas que se aglutina alrededor del dibujo. Nos gusta salir al aire libre, una vez por mes aproximadamente, para dibujar aquellos edificios o rincones que tienen un valor especial para la ciudad, sea por su valor histórico o a veces afectivo. Salimos los sábados a la siesta, a veces con frío y otras con calor. Nos van a encontrar con libretitas, lápices o acuarelas, registrando algún lugar de la ciudad”.

Ferrari sumó que “el grupo nació a partir de un curso de croquis. Después, los alumnos empezaron a salir. Croquiseros Urbanos está en todas las ciudades importantes, con variedad de gente y artistas. Por ejemplo, en Buenos Aires, en Rosario, en Paraná, en Montevideo y en el resto del mundo también hay grupos de dibujantes. Tratamos de repetir eso acá para cualquier tipo de persona, sean artistas o principiantes, con cualquier técnica y sobre cualquier formato. Lo que uno trata es en poco tiempo, sacarle la esencia al edificio o a lo que cada uno decida dibujar”, indicó.

Pini describió que todos los integrantes del colectivo concurren al mismo emplazamiento, aunque cada uno trabaje de manera individual. “En cada salida decidimos más o menos la próxima o se charla sobre el próximo edificio. Se publica y después salimos, siempre una vez por mes”, compartió. La croquisera valoró que gracias a la tarea del grupo, quedan registros gráficos de reductos históricos que se perdieron o se irán a perder. “Nos pasó con la Iglesia Inmaculada, que desgraciadamente se prendió fuego. También con otras casitas que van a desarmar, la última que dibujamos creo que fue la Casita del cerro Otto, no era una vivienda pero formaba parte del patrimonio”, afirmó.

Tres resguardos

En ese sentido, “tenemos tres registros de los que estamos muy contentos de haberlos hecho antes de que ocurriera algo”, añadió Giménez. “Estábamos dibujando a la Inmaculada antes del incendio. Cuando se quemó nos pusimos muy tristes y compartimos nuestros trabajos e inmediatamente después de inaugurada la nueva capilla, fuimos a dibujarla. Nos pasó también con el viejo Hospital… Acuérdense que estaba allí atrás, se utilizaba como morgue y se desarmó. Dos meses antes lo habíamos dibujado, así que también tenemos ese registro. Y cuando nos enteramos de la mudanza de la Casita del cerro Otto, también nos pareció importante hacerlo”.

Abundó el croquisero: “los croquis son trabajos personales, así que cada uno es custodio de los suyos. Esta muestra es una oportunidad de ponerlos en común, de mostrarle al resto de las personas cómo este patrimonio se fue guardando. En algún momento surgirá otra posibilidad, de exponerlo de otra forma, tal vez con un libro o alguna otra publicación que recoja los trabajos. En internet nos pueden buscar como Croquiseros Urbanos Bariloche, ahí también informamos las salidas, así que van a tener la oportunidad de sumarse. No hace falta saber dibujar, sólo hay que tener ganas de venir y probar los materiales”, invitó.

A sus espaldas, la presencia de acuarela en varios de los trabajos de Perla León, hizo que este cronista preguntara cuándo un croquis deja de serlo para convertirse en una obra de arte. “Eso debería responderlo un artista”, se escudó inicialmente Giménez, con humildad. “Algunos dicen que la obra se completa cuando el otro la está mirando, así que en este momento tu mirada la está transformando en una obra de arte. Para nosotros, un croquis es un dibujo inacabado pero que ya expresa y registra un lugar. La mirada del otro, con curiosidad y ganas, puede considerarlo una obra de arte”, afirmó. De todas maneras, el límite es tan imperceptible como innecesario.

Resignificar rincones

Si bien en la muestra predominan croquis de las viviendas de madera que supieron caracterizar a Bariloche hasta que se dieron los sucesivos booms inmobiliarios, también pueden apreciarse otros rincones no tan añejos. “Ahí está la decisión de cada uno… Por ejemplo, en una oportunidad se llevó a cabo la Semana del Árbol y el desafío fue dibujar un árbol representativo del casco urbano. Tenemos muchos y también los árboles tienen historias. Entonces, surgieron rincones muy valiosos que a lo mejor, uno los pasa dos o tres veces al día y no les da valor, pero cuando los ve estampados en un croquis, cobran otro sentido”, consideró José Giménez.

Con el invierno a dos meses de llegar, “la intención es seguir. Posiblemente venga menos gente por el tema de estar expuestos, pero siempre la intención es salir y sumar más gente. Si tenemos que pintar adentro de los autos, lo hacemos. Hemos pintado adentro del shopping, de un café o de una galería. También adentro de la Catedral, porque la idea es ser creativo en las salidas y ver cómo podemos resolver el tema. No es barrera”, aseguró Alejandro Ferrari.

Además, la tarea puede continuar en casa. “El croquis es una suma de borradores que uno puede tomar para un trabajo posterior pero el croquis si se quiere más válido, es aquel con el que uno estuvo pasando frío, con los dedos duros y trató de registrar el momento. Es como una fotografía hecha en un plazo largo con un lápiz y un papel. En lugar de ser un instante, es un trabajo que dura 15 o 20 minutos”, explicó Giménez. “Si se hace en vivo o en la casa, la impronta es distinta”, sumó Analía Pini. Dibujar en la calle pareciera tener más sabor.

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