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Cora Langbehn muestra pintura a cielo abierto

- PAISAJES DEL ENTORNO BARILOCHENSE - 

La expositora se desempeña habitualmente como guía o docente de Montaña y entonces, siempre que puede se vale de sus pinceles y acuarelas para conectarse con los paisajes que transita. Comparte esos vínculos en la Sala Panozzi. 

Por Adrián Moyano
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Ahora ya sabemos qué lleva Cora Langbehn en su mochila de caminante montañera, cuando se desplaza con velocidad cerca del nacimiento de algún sendero. Claro que los implementos que necesita para desempeñar sus trabajos de guía o docente en los cerros, pero también acuarelas, pinceles y superficies que puedan contener primero sus trazos y después, las pinturas en su completo desarrollo.

Un conjunto considerable de sus trabajos pictóricos puede apreciarse desde ayer en la Sala Panozzi del Centro Administrativo Provincial (CAP), en la que es su primera muestra formal. La artista le puso palabras a su exposición: “son unas acuarelas que hice en distintos lugares de la zona y de otros más o menos cerca. Tratan de reflejar el momento, la percepción que tuve en cada uno”.

Veremos contornos familiares y otros no tanto, el agua en sus diversas manifestaciones cordilleranas, los cielos generalmente límpidos… Para la mayoría de nosotros, los paisajes a los que nos escapamos en fines de semana o en vacaciones. Para Langbehn, su “oficina”… “A mí me gusta andar y transitarlos, tanto por cuestiones laborales o cuando tengo momentos libres. Uno de los trabajos que hago me da la oportunidad muchas veces de pintar, ando dando vueltas y voy pintando mientras guío gente”, explicó.

Entre otros, cada obra tiene una suerte de valor testimonial. “Están todos hechos en los lugares. Antes hacía bocetos y pintaba en casa, pero lo que pasó es que me fui dando cuenta de que el boceto tiene una frescura que no tiene la obra rearmada. Puede quedar más perfecta pero le falta algo, entonces empecé a tratar de terminar las cosas en el lugar. Lo que sí, a veces pasa que un color queda demasiado oscuro entonces, termino de ajustar para armonizar, tratando de no intervenir demasiado lo que sucedió en el momento. Busco que todo quede equilibrado en cierta medida, una vez que ya tomé distancia de la situación en mi casa”, indicó Langbehn.

Conexión

Poco atelier y mucho campo, entonces. “Para mí es eso: intentar conectar con un momento, con una situación y expresarlo”, insistió la expositora. Si bien no es habitué de los lugares que en Bariloche se consagran a la plástica, “para mí es una parte mía de toda la vida. La pintura, el dibujo… Buscar expresar por ese lado es algo que estuvo siempre, en la adolescencia ya lo tenía muy declarado”, rememoró.

La disciplina demanda cierta dedicación. “Siempre en estas cosas es difícil ver cómo hacer para mantener un hilo, para qué lado volcarse, qué priorizar en ciertos momentos y qué otras cosas. Yo intento que no se caiga el ejercicio en determinados momentos y en otros, hago otras cosas. Si uno desconecta de la mano, en el momento en que hay que estar, no hay fluidez. Acá no hay una receta, en cierta medida uno canaliza algo, uno se pone en sintonía”, definió.

No se trata de una simple emulación de técnicas. “Yo lo vivo como una especie de meditación pero a veces, es como si la mano actuara sola, no interfiero. Intento no interferir demasiado intelectualmente en el trabajo que voy haciendo, tanto en este como en cualquier otro”, señaló Langbehn. Para la artista es central preservar la espontaneidad con que se conecta al medio que eligió pintar.

“El paisaje es algo que vengo haciendo desde los 17 o 18 años”, historió. “Siempre me gustó hacerlo, en un punto el paisajismo me viene de familia pero hago otras cosas con figura humana y también cosas que me han surgido y son distintas, que no tratan de representar algo que sea concreto o que esté a la vista. Tampoco sé muy bien cómo surge el proceso pero se va desarrollando”, apuntó.

Entre los mayores de la artista, “pintaban unos cuantos. No es que hayan sido grandes pintores aunque por ahí, alguno se pueda rescatar. Pero hubo varias mujeres que pintaban y mi viejo también pintó pero por el laburo, abandonó. Sobre todo paisajes, pintaba muy bien pero se fue metiendo en otras cosas”, lamentó Langbehn. Más allá de su trascendencia o no, de su continuidad o no, es evidente que la huella quedó.

Primera formal

Para la guía de Montaña Cora Langbehn, la que estará abierta hasta el próximo 26 de mayo en el CAP “es mi primera exposición en una sala formal, pero vengo exponiendo. Creo que la primera la hice por 2000 en Chaltén y después, a partir de 2010 intenté hacer una exposición por año pero no siempre surgió. No por no tener obra, porque obra me sobra… Lo que me cuesta mucho es lograr esto: tener todos los cuadritos con sus marcos, su paspartú. La muestra me significa un desgaste bastante grande y bueno, hay años en los que me da el cuero y en otros no”, dijo entre sonrisas.

La ocasión actual pudo concretarse porque “el año pasado no había hecho nada y hablamos con Nadia (Guthmann, la encargada de Artes Visuales en la Delegación Zona Andina de la Secretaría de Cultura). Siempre que vengo para acá paso por la sala y miro qué que está expuesto. Entonces, la saludo a Nadia y en algún momento, ella me dijo si quería venir a exponer y bueno, hablamos creo que en febrero y ahí empecé a preparar la muestra”.

Las obras en exposición “casi todas son del año pasado y de este, es decir, de lo último. Y tengo tres chiquitas que están ahí (señala la escalera de la zona) que son de 2014, de una serie de nueve que había hecho en Chihuidos. Los quería exponer como una serie pero como nunca lo llegué a hacer, por lo menos traje tres”, justificó.

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