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Gran esfuerzo colectivo de rescate

Mariano Aranda aportó música durante la participación. Mariano Aranda aportó música durante la participación.

- “HISTORIAS DE EL MALLÍN: EL BARRIO BELGRANO SUDESTE Y SU GENTE” -

El Cordillerano dialogó con dos de las historiadoras que participaron de la producción y escritura del libro, un notable intento por apreciar el pasado de la ciudad desde una óptica distinta.


Por Adrián Moyano
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Zona de chacras mientras Bariloche miraba hacia el Centro Cívico y el hotel Llao Llao. Un tambo con decenas de vacas cuando Parques Nacionales se ufanaba por apuntalar el centro turístico internacional… Estas y otras historias, sorprendentes pero no tan lejanas, afloran en “Historias de El Mallín: el barrio Belgrano sudeste y su gente”, que se presentó recientemente en la Universidad Nacional del Comahue. La tarea fue colectiva y contó con la participación necesaria de los vecinos del rincón tan emblemático.

La mirada histórica y la tarea de escritura recayeron en Laura Méndez, María Morales y Giulietta Piantoni. Con obligaciones en la Secretaría de Derechos Humanos la primera, El Cordillerano dialogó con las dos jóvenes historiadoras. “Es una segunda aproximación porque el año pasado habíamos presentado el libro gigante que sirve como material didáctico para la Escuela 187 del barrio. A partir del pedido de vecinos y de necesidades de contar un poco más su historia, escribimos este”, precisó Piantoni.

Sumó que “es un libro que todavía se está construyendo porque seguramente, al leerlo, se van a acercar otros vecinos para aportar detalles que pasamos por alto o aportar nombres que no pudimos mencionar. Nosotras prestamos las letras pero las experiencias son de otros, así que creemos que todavía está en construcción. Empezó con un proyecto de Extensión de la Universidad Nacional del Comahue sobre Memoria, Verdad y Justicia. Se planeó hacer un Paseo de la Memoria, se buscó locación y. junto con la Defensoría del Pueblo. se decidió usar el pulmón de manzana que tiene el barrio. Al pensarse ese espacio, se empezaron a tejer lazos y reuniones con los vecinos y los padres de la escuela, para involucrarlos y que se apropiaran de ese espacio”.

Ante ese panorama, “se convocó a la carrera de Historia, entonces Laura Méndez, María y yo empezamos a hacer actividades de recuperación de historia oral. Hicimos un encuentro que se llamó Té con historias, historias conté, con recuperación de múltiples voces. Así empezaron a surgir algunas temáticas. Hicimos un esbozo de guión o de índice de lo que tenía que estar en el libro, y ahí empezamos a rastrear información y hacer entrevistas con algunos vecinos”.

Antiguos y viejos

En esa reconstrucción, afloró que “los primeros fueron los Pérez, los más viejos del barrio y los más antiguos, porque don Olegario tiene 104 años recién cumplidos... También buscamos información documental y, primero, presentamos aquel libro gigante en la escuela, con mucho contenido anecdótico. Después, hicimos otro proyecto de Extensión para involucrar a todo el barrio y la comunidad. Nos acercaron unos manuscritos que escribió un vecino con un seudónimo: Los recuerdos de Ignacio… Con él, construimos el libro de 70 páginas que presentamos”.historiadoraaaaaaas

Morales aportó que “la producción tuvo varias etapas. Charlar con los vecinos fue genial. Nos acercamos a un mundo que para nosotros era desconocido. No superamos los 30 años de edad. Entonces, conocer a la gente que nació en el barrio o que llegó cuando Bariloche estaba creciendo fue magnífico. Pero, como historiadoras, nos gusta mucho estar en archivos, cuestión que nos resultó compleja porque la Municipalidad no tiene archivo histórico, al igual que otras muchas instituciones”.

El panorama que trazó la historiadora es preocupante. “El archivo es solamente administrativo y contando 10 o 20 años hacia atrás, se destruye. Tuvimos mucha suerte de llegar en el momento preciso -unas semanas antes de que se destruyera un archivo importante de la Municipalidad- y ahí recuperamos un montón de documentos. Estuvimos metidas un día de lluvia dentro de un contenedor rescatando papeles… Material que no sólo involucra a El Mallín sino también a Bariloche. Por ejemplo, los planes originales de lo que fue el Mercado Comunitario o del Hospital Zonal. Lamentablemente, no hay una política de conservación; entonces, cosas más antiguas se perdieron”.

Felizmente, “como parte del proyecto, se firmó un convenio entre la Universidad, el Museo y la Municipalidad, para que se conserve ese archivo. Esto fue algo beneficioso para nosotras como historiadoras pero también para toda la comunidad”, sentenció Morales. El libro ya se agotó pero próximamente estará disponible en la página web de la universidad. Habla de un barrio barilochense, habla de todos.

Bariloche desde el barrio

Giulietta Piantoni aportó una mirada distinta sobre el pasado de la ciudad, cuando se lo recrea desde una óptica barrial. “A veces, cuando uno cuenta la historia de Bariloche dice que, en la década del treinta, pasó de ser una colonia agrícola pastoril a centro turístico internacional y se enfoca en el Centro Cívico, en el Llao Llao y toda la infraestructura que trajo Parques Nacionales. A veces, se olvida que, en otras zonas de la ciudad, esa transformación no fue inmediata”.

Unos 80 años atrás, “Parques cambió el centro de la ciudad, que estaba más o menos donde ahora está la Catedral hacia el Centro Cívico. Ahí se empezó a fomentar el crecimiento hacia el Oeste y el Sudeste, que es el nombre del barrio: Ensanche Belgrano Sudeste… Era una zona de chacras. En los cuarenta, este barrio empezó a crecer como zona de chacras. Si se ve la historia de la ciudad desde ese lugar, era un espacio de abastecimiento para el Mercado Central, que estaba en Moreno y Villegas, donde ahora está el SCUM. Incluso había un tambo muy grande con una cantidad importante de vacas, con sus propios camiones repartidores”.

En su repaso, enseñó la joven historiadora que “un poco más arriba, donde estaba el Potrero de Mange, había un lugar de cría de caballos para excursiones… Un espacio que se podía considerar rural a tres cuadras del centro de Bariloche. La postal era muy distinta. Uno de los vecinos era arreador de animales, verificaba que, en los espacios verdes de la ciudad, no estuvieran animales pastando. Iba reuniendo en el camión a las vacas o caballos que aparecieran en los espacios verdes: el papá de Dimas Sandoval”, precisó.

En términos personales, María Morales confió que “a las dos nos gustó mucho la producción del libro. Adentrarnos en la historia del barrio desde los más antiguos es una propuesta muy interesante. Pero hay que contar con el marco para poder hacerlo, no es solamente por gusto. Tiene que haber una finalidad o propósito y responder a las necesidades de los vecinos, como fue este caso. Eso es lo más importante, más allá del gusto propio. Así como este barrio, hay un montón. Creo que trabajos así son propuestas interesantes y se podrían reproducir en otros”. Ojalá.

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