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Viajó a sus 15 años, escribió un libro y regresó al presente

El escritor en diálogo con El Cordillerano. El escritor en diálogo con El Cordillerano.

- MARIANO DI GENOVA Y EL JUEGO DE LA ORUGA - 

En la vida de un escritor reencontrarse con sus ex compañeros de secundaria, no es un hecho que pase inadvertido, mucho menos si en ese momento, además de ver a su primer amor, se volvió a ver a sí mismo cuando era jovencito. El de antes y quien es ahora se tomaron un café y decidieron juntos escribir un libro, El Juego de la oruga.


Por Susana Alegría
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Mariano Di Génova reside en nuestra ciudad desde el año 2001, actualmente está felizmente casado, es padre de dos niños y de algunos libros. En diálogo con El Cordillerano mostró algunos matices que tuvo en cuenta, al momento de plasmar en palabras, tantos sentimientos de su adolescencia.

Desde muy chico le gustó leer y en la época del “Corralito”, donde se vio damnificado, tomó forma su primer libro, La moneda de barro. “Contaba en ese escrito, la relación entre un preso octogenario que contaba cuentos y un periodista que se hizo su amigo”.

Luego le siguió Noche y día, nuevamente noche, dos muchachos de una villa en Buenos Aires, uno era físicamente muy grande y el otro chiquito pero muy ágil con las manos; a partir de que devuelve algo que encontró, consiguió trabajo de chofer y nunca más volvió al barrio. Al otro, le dieron un puesto de guardaespaldas, el libro es la vida paralela de los dos.

Hay escritos que nunca llegaron a ser libros, como Recreos, que espera dentro de una carpeta hasta que sea el momento, o no, de salir a la luz. Cada una de las ediciones fue hecha a pulmón.

El pasado

Cierto día recibió un llamado de ex compañeros de la secundaria y amigos de la adolescencia, para reunirse en Buenos Aires y aceptó. “Ahí estaba mi primer amor, un noviazgo que fue el disparador para este libro, El juego de la oruga” dijo.

“Por cuestiones trágicas no volvimos a vernos, fue una ruptura bastante fea y ese reencuentro fue muy movilizador, nos vimos en una esquina de Barrancas de Belgrano y nos fundimos en un abrazo”, rememoró.

En esa ruptura Mariano tuvo un accidente, un auto que estaba haciendo picadas lo atropelló, le quedó destrozada la cara, perdió parte de su dentadura y la voz, quedando hemipléjico por mucho tiempo, tuvo que aprender a hablar y caminar nuevamente. Supo por terceros que ella estuvo internada en una clínica de rehabilitación por adicciones.

Siempre quedó en el tintero ese recuerdo de cuando tenía 16 años y ese reencuentro fue 24 años después. “Fue un café de tres horas que sentimos eterno, algo hermoso pero sabiendo que cada uno había formado una familia y elegido una vida junto a otras personas”.

Horas después se sentó a escribir y así nacieron los dos primeros capítulos de El juego de la oruga.

Definiciones

Al momento de definir en palabras lo que significa este nuevo libro, Di Génova lo describe como un collage de emociones, deseos, problemas y vivencias de los adolescentes. “Es la vida de dos personas adultas, de aproximadamente cuarenta años, que sin buscarse se encontraron, ellos no se habían vuelto a ver desde la adolescencia”. Continuó diciendo “Se reunieron y al cristalizarse en un punto las dos personas, revivieron la inseguridad de la adolescencia, la contención del grupo, luego, cómo vivieron las relaciones sociales y el amor a esa edad”.

Pasaron por la curiosidad de lo prohibido y la amistad, la confrontación con los mayores, el descubrimiento sexual y la sensación de inmortalidad.

Querer morir

Mariano confiesa que luego del accidente, en varias oportunidades prefirió haber muerto, por las limitaciones físicas que estaba padeciendo. “Yo idealizaba mi vida hasta ese momento, pero en realidad, no era ese mundo perfecto que recordaba, hasta que me fui reconciliando con mi verdadero ser”. Cuando estuvo en el instituto de rehabilitación de lisiados entendió que había gente que estaba mucho peor que él y volvieron las ganas de vivir.

Recuerdos o sensaciones

Muchas veces uno recuerda años de su adolescencia pero ya no logra volver a tener algunas sensaciones, “el reencuentro me sirvió para finalmente dejarla ir, para comprender que todo forma parte de la vida y nada más que eso, mi vida es mi familia de hoy, mi gran compañera y mis hijos”, dijo el escritor. Queda flotando en el aire la frase “el pasado ya no se puede tocar” y es así, porque hay que comprender que no sólo la muerte nos separa de seres queridos, también la vida lo hace.

Un mano a mano con su juventud

“El libro está escrito desde mi juventud, tuve que transportarme a mi adolescencia para reencontrarme con aquellas emociones”, explicó. Fue un reflotar de cosas para luego darles un cierre, viajó a sus 15 años, escribió el libro y regresó al presente.

El juego de la oruga está siendo leído por jóvenes de escuelas secundarias, además lo está presentando en otras instituciones y es muy bien recibido, quizás viéndose reflejados en su contenido. “Habla de la vida de un adolescente como ellos, con sus problemas, con sus incomprensiones y reclamos, las ganas de hacerse notar y decir aquí estoy”, señaló.

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