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Verónica Merli presentó “Los manzanos y el frío”

La poeta en su lectura. La poeta en su lectura.

- EN LA FERIA DEL LIBRO DE COMODORO - 

Es una nueva publicación de la Editora Municipal Bariloche (EMB) que por caprichos de calendario, se dio a conocer por primera vez fuera de la jurisdicción local. Había obtenido en 2016 una mención especial con recomendaciones de publicación por parte del jurado.


Por Adrián Moyano
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El recinto que lleva como nombre CEPTur está frente el mar pero aquí no hay playas. La costa se conforma por una llanura escabrosa de pedazos de hormigón, testimonio de la historia más productiva que armoniosa de Comodoro Rivadavia. Un gran caño se introduce en el mar que a pesar de tanta agresión, luce hermoso. No hay viento, vuelan gaviotas, la marea está alta y un par de jóvenes pasan con cañas de pescar en la mano.

Escritoras y escritores suelen experimentar un tipo de adrenalina que difícilmente conozcan quienes no sepan de lidiar con imprentas y editores. Algunas y algunos osan fijar fecha para la presentación de sus libros cuando aún las cosas están en la imprenta. Verónica Merli pasó días atrás por esa experiencia: partió el jueves último para la ciudad chubutense, donde debía presentar su obra más reciente el sábado. Recibió los primeros cincuenta ejemplares de “Los manzanos y el frío” el día anterior a la partida, con el consiguiente alivio.

Tres son las razones para esbozar sonrisas. La nueva publicación conforma el catálogo de la Editora Municipal Bariloche (EMB), el sello público barilochense que persevera a pesar de las dificultades de orden general. Tocó en suerte entonces por los caprichos del calendario, que la primera presentación de la nueva obra tuviera lugar fuera de la jurisdicción barilochense. La autora adeuda ahora idéntica faena entre nosotros.

La segunda razón: al igual que otros tres barilochenses, Merli recibió la invitación por parte de la Feria del Libro de Comodoro Rivadavia, una serie de hechos culturales de proporciones inusitadas para las dimensiones a las que estamos acostumbrados en la Patagonia. Se extendió desde el 27 de julio hasta el domingo pasado y según le confiaron escritores de esa ciudad a este cronista, es “el” acontecimiento cultural del año. Su masividad quedó fuera de duda para el autor de esta crónica, cuya presencia coincidió prácticamente con el último fin de semana. Concurridísimo.

La tercera, la obra en sí misma. Antes de comenzar con sus lecturas en la tarde del sábado, precisamente en el CEPTur, la poeta resaltó “el encuentro con los amigos poetas” porque al acompañarse recíprocamente en cada presentación, “una se siente en casa, esté donde esté”. La barilochense se mostró “sorprendida” por “la seriedad” de la convocatoria, “por el cuidado” de los organizadores y “la visibilización” que evidentemente buscaron, al convocar a tantos autores y autores de la Patagonia.

Libro despojado

Luego recordó que “Los manzanos y el frío” no había ganado el certamen correspondiente -2016- de la EMB pero que los jurados le habían otorgado una mención especial con recomendaciones de publicación, cometido que Eliana Navarro –artífice del sello municipal- concretó entonces hace menos de una semana. “No tiene prólogo y tampoco lo dediqué. Es un libro despojado”, bromeó Merli.

El libro tiene una primera parte, poemas que se agrupan bajo el nombre “Patriada”, en relación implícita a ese rincón paradisíaco del lago Epuyén. El conjunto denota aspectos muy barilochenses, como las nevadas que sugieren caídas del cielo y los consiguientes silencios, aunque los versos de la poeta lejos están de limitarse a describir paisajes. Periódicamente, las páginas lanzan estocadas del tipo: “dejar de creer es también una decisión”.

En la segunda parte, la escritora invoca al Urubamba, ese río rugiente que aprieta la cintura de Machu Pichu, Perú profundo, al que la poeta quiso entregarse como si se tratara de una energía masculina. Letras descarnadas, al igual que en “Receta para mudar de piel”. Merli es una de esas escritoras cuya lectura en público ensalza la palabra escrita: acentúa los silencios, sube el volumen de su voz, luego lo baja… Gana en vehemencia y después deja paso a susurros. Recomienza, bromea… Hecho literario in crescendo. Al finalizar tu tarea, recibió los bravos de la cofradía… Es que entre el público se encontraba un puñado de colegas, ruidoso y conmovido por la contundencia de la poesía, por la magia que aflora entre “Los manzanos y el frío”.

Después de la barilochense tuvo su momento Carina Rita Medina, una joven e intensa poeta neuquina que editorialmente, corrió la suerte opuesta de su colega. Su libro “No andarse con chiquitas” no alcanzó a llegar para su presentación en Comodoro. Después de escucharla, de constatar su atrevimiento, desenfado, erotismo y humor, no guardamos el mejor recuerdo de su editor... Según Medina, el libro debería estar en sus manos en la semana que transcurre y habrá que estar atentos.

Además de Merli, estuvieron en los últimos días de la Feria de Comodoro, Liliana Campazzo y Ana María Grandoso, escritoras de Viedma. La segunda dio a conocer “Vamos al baile y verás”, una novela. La primera, compartió con la gente “Poemas del aire”, flamante publicación del sello “Vela al viento”. En definitiva, una notable movilización artística y cultural que alguna vez, -alguna vez- quisiéramos ser capaces de replicar.

Sello de Bernasconi

Si bien la Feria del Libro de Comodoro Rivadavia convocó a numerosas figuras de relieve nacional, el sesgo barilochense se hizo sentir desde el vamos, a tal punto que la imagen que identificó al notable acontecimiento llevó la firma de Pablo Bernasconi. Habrá que admitir sin embargo, que nuestro vecino superó hace rato ese límite un tanto odioso pero operativo que separa a los artistas “regionales” de aquellos que disfrutan de reconocimiento en toda la Argentina.

La feria de la ciudad petrolera se consagró a la mujer, como tema preponderante. En consecuencia, el autor de “Mentiras y moretones” ideó una especie de montaña de letras, hecha a partir de viejas teclas, aquellas que golpeteaban el papel y el carbónico cuando las antiguas “dientudas” semejaban instrumentos de percusión. Del cúmulo surgía la silueta de una mujer de gran cabellera, mientras que más o menos del centro de la elevación, se escapaba una banderita de taxi también añeja, que señalaba: Libre. Sello inconfundible y mensaje claro.

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