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Graciela Pino reeditó dos trabajos necesarios

Sonrisas y pasado. Sonrisas y pasado.

- “EL PICADERO” Y “BOLETO A 1965” -

Sus páginas transcurren con calidez por contornos barilochenses que ya no existen. Recuerdos e imágenes que se tornan imprescindibles mientras el “progreso” se lleva por delante los pocos retazos de la aldea que subsisten.

Por Adrián Moyano
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Los libros de Graciela Pino refieren a una fisonomía barilochense que difícilmente pueda rastrearse detrás de las toneladas de hormigón y cemento que se desplomaron sobre la ciudad en los últimos 15 años. Se trata de reediciones que la autora afrontó de manera individual porque, casi a gritos, sus recuerdos e imágenes pidieron estar de nuevo a disposición de los lectores. Parecen decir que la urbanidad barilochense no siempre fue el bodrio hacia el cual nos encaminamos.

Con voz pausada y más bien baja, la autora compartió con El Cordillerano la novedad de la reedición de estos dos libros. “La gente siempre me preguntaba dónde podía conseguirlos y, bueno, yo le tenía que decir que estaban agotados. Pasó un tiempo bastante largo hasta que los pude reeditar pero acá están”, festejó, mientras desplegaba las publicaciones en la mesa de redacción de este diario.

Por orden de aparición, hay que mencionar a “El Picadero, que habla de personas y lugares, en los años 1950 y 1960. Son recuerdos míos, siempre digo que no soy historiadora, hice un recuento de lo que yo me acordaba. ¿Ves? Por ejemplo, esta casa está tal cual así, acá a la vuelta en el Paredón (de la Mitre)”, señaló Pino. “A la gente, le encantó porque son todos recuerdos de los que tenemos 60 y pico, y un poco menos”, concedió.

Donde se encontraba aquel predio, en estos días, se levanta otro emprendimiento hotelero de dimensiones considerables. “El Picadero era un campito que ahora está ocupado por el Bariloche Center. Era todo un campito que nosotros atravesábamos por el medio. También se hacían partidos de fútbol, exhibiciones de gimnasia… Era una cosa nuestra y ahora lo ves… Encima le están agregando otro más”, lamentó la vecina.

Al primer libro, “lo escribí en 2003 pero el Center ya estaba desde los 60, de la época de los milicos… Qué sé yo, (el libro) es como demasiado abarcador. Quise incluir todos los recuerdos que tenía. Y, bueno, después pensé en hacer algo más puntual y de otra zona, porque después de vivir acá, me fui a Península San Pedro”. La dirección de este diario es Moreno 975, así que hay que interpretar el acá de manera literal porque Graciela Pino supo domiciliarse mucho tiempo en la intersección de esta calle Onelli.

Familias en el colectivo

Su segundo libro tiene que ver con un traslado. “Cuando fui a vivir a la Escuela 48 porque mi mamá era directora ahí… Se me ocurrió hace otro: Boleto a 1965. Es como un recorrido del colectivo cuando veníamos todas las mañanas los mismos pasajeros. En esa época, nos conocíamos todos. El recorrido empezaba en Llao Llao y terminaba acá en el centro. Entonces en el libro, en cada parada, va subiendo la familia tal y está especificado. Esta es una cosa que me hizo Chingolo Casalla (le muestra al cronista), porque sus hijas subían en Llao Llao y, entonces, yo le dije: ‘¿por qué no me hace una historietita de ustedes?’. Y la hizo. Están él mismo y sus hijos e inventó un argumento”. La segunda publicación “es de 2004”.

Al momento de salir a la calle, “fueron recibidos muy bien, si se agotaron enseguida. Después fui a la Feria del Libro en Buenos Aires, los dos años: en 2004 y en 2005, y me fue muy bien, con buena repercusión… Lo que pasa es que si yo reedito y no aviso, la gente no se entera. Por eso, se me ocurrió venir a El Cordillerano, que tiene mucha llegada”, celebró Pino, que se quedó pensando cuando el cronista sugirió que debía re-presentarlos.

De todas maneras, ya piensa en una tercera obra. “Cuando yo hice esto, ya era una antigüedad. Ahora es directamente la prehistoria (risas), porque todo creció tanto y voltearon tantos edificios… Este, por ejemplo (vuelve a mostrar), estaba acá, donde ahora está el supermercado, en Onelli y Moreno. Era una casa vieja, antigua, de madera. Ahora ya casi no existe nada de esto. Tengo ganas de hacer un tercer libro, que sea un poco más actual porque si no, la gente ya no reconoce nada”, supuso.

No es su caso. “A mí no me cuesta reconocer Bariloche pero, por ejemplo, una persona de 30 o 40 años, ve estos libros y capaz pregunta: ¿y esto qué es? A veces, ya no existe ni el recuerdo. Entonces, ahora habría que hacer algo un poco más moderno, por ejemplo, de la época de mis hijas, que ahora tienen 40 años. Desde entonces, también cambió muchísimo: ellas iban a la escuela tranquilas por la calle y eso no existe más”. Salvo en las páginas de sus entrañables libros.

Nostalgia y dolor

Ante la incesante e impiadosa transformación que experimenta la ciudad, Graciela Pino siente “una cuota de nostalgia y de dolor también. Había esquinas muy emblemáticas que tiraron abajo, por ejemplo, en Belgrano y 20 de Febrero. Ahora hay un centro médico muy grande. Ahí había una casa que podrían haber dejado en la esquina… La gente que viene a Bariloche de otro lado, también quiere ver cómo era la ciudad pero ahora tiran todo. No hay una política de protección a las cosas de antes. Y si a alguna casita vieja de madera, linda, la declaran patrimonio, por ahí, casualmente se incendia y después hacen un edificio… Y sí, me da dolor, la verdad que sí. Con todos los barilochenses viejos con los que uno habla, eso nos duele”.

“Los sabios y los magos”, el tercer libro que Pino puso a consideración de El Cordillerano, es distinto. “Siempre soy muy anotadora de todo, anoto todo. Entonces, cuando mis hijas comenzaron a decir cosas graciosas, las anotaba en un cuadernito. Así durante 40 años, entonces tengo esos cuadernos con cosas graciosas o que te dejan pensando, porque a veces los chicos te interpelan de una manera que no sabés para dónde disparar”.

De tanto recopilar, “se me ocurrió que era algo lindo. Me gustaba que se supieran porque son (frases o anécdotas) muy divertidas, entonces Los sabios y los magos son ellos, los chicos. Después, por otro lado, tenían otros relatos y los agregué. Algunas son historias verídicas; otras no. Pero así fui engrosando un poquito el libro. Lo presenté el 23 de abril en El Brote”, recordó Pino. Hay que insistir en que se vuelva a dar a conocer “El Picadero” y “Boleto a 1965”.

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