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Facundo Monasterio, el que “bailaba en la vida, en la montaña, en el cerro”

Facundo Monasterio. Facundo Monasterio.

- “SIEMPRE VUELVO” - 

El Primer Festival de Danza Contemporánea es una gran excusa para que el bailarín que creció en Bariloche, retorne a la ciudad que considera suya. Dará dos talleres y actuará el lunes desde las 20 en La Llave.

Por Adrián Moyano
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Con la concreción del Minifest – Primer Festival de Danza Contemporánea, Facundo Monasterio encontró la excusa perfecta para justificar otro retorno a la ciudad que considera suya. Partió hace 10 años hacia Buenos Aires y según sus compañeras de organización (Valentina Gallo y Brisa Krienke), en el presente está firmemente instalado en la primera línea de la danza contemporánea capitalina. Sin embargo y al igual que ellas, no descarta volver.

Su historia resultará familiar para cualquiera que haya visto “Billy Elliot”. Ocurre que Monasterio “bailaba desde siempre. Bailaba en la vida, en la montaña, en el cerro… Siempre fui muy movedizo, me llamaban la atención cuando era chico porque por ejemplo, jugaba al básquet y en el medio de los partidos me ponía a bailar. Hacía todo lo que hace alguien a quien le gusta moverse”. Sin embargo, inicialmente rumbeó en otras direcciones.

En efecto, “empecé a hacer teatro cuando estaba en el Secundario y de acá me fui a estudiar Teatro pero cuando empecé, me di cuenta de que lo que más me copaba era la parte corporal y ahí me enganché con la danza”, le dijo el bailarín a El Cordillerano. “Terminé en Buenos Aires estudiando en el taller del (Teatro) San Martín y hace varios años hago trabajo independiente de danza en la Ciudad de Buenos Aires”, resumió.

Antes de partir, apenas si se había asomado a universo tan fascinante. “Acá había hecho seminarios y ese tipo de cosas pero la mayor parte de mi formación fue afuera”. Finalmente, optó por “la danza contemporánea porque es un arte que mezcla un montón de artes, es escénica pero también tiene que ver con la narratividad. Para mí, es una de las artes más abierta a la exploración y más vivas. Están el arte plástico, la performance, el movimiento mismo y lo teatral, todo mezclado con la danza”, enseñó.

El acontecimiento comenzará a las 11 del viernes en La Llave, con el taller “Laboratorio físico”, que coordinará Eugenia Roces. Para Monasterio, “este festival es algo buenísimo, vienen un montón de personas muy capacitadas y muy valiosas del ámbito nacional. Vamos a compartir con la gente de la comunidad muchas actividades, no solamente para bailarines: están las clases y también funciones por la noche durante los días del festival para los que quieran acercarse a mirar. Son propuestas de calidad, creo que está buenísimo para Bariloche que esto pase acá”, resaltó.

Atenciones e intenciones

La primera de sus participaciones se concretará desde las 14 en el mismo sitio. “En mis talleres voy a dar elementos de eutonía porque yo trabajo con esa técnica. También de danza, explorando sobre la atención y la intención para la creación en cuanto al movimiento y la exploración física”, señaló el bailarín. El segundo de sus talleres se desarrollará el sábado (13 de enero) desde las 14, también en La Llave.

Pero Monasterio también estará sobre el escenario. “Voy a estar participando con una obra mía que se llama La reconstrucción del nonsense, un trabajo que empecé a hacer en 2012 con un grupo de bailarines y en ese momento, no lo pudimos terminar. Ahora lo estoy retomando, era una obra de cinco personas que ahora hago solo (risas). Hay que venir a verlo”, invitó. En este caso, la función tendrá lugar el lunes desde las 20, también en el reducto municipal de Onelli y Sobral.

Remiso inicialmente a la descripción, el joven creador apuntó que la obra “es un viaje hacia un momento de mi vida, donde se mezcla mucho el proceso de creación de la obra con la obra misma. Hay un montón de recursos puestos en juego para poder traer eso ahora”, definió. Antes del trabajo que se podrá ver en Bariloche, Monasterio había ideado y llevado a la escena “Agua en polvo”, “Cauce” e “Invierno”.

En tiempos normales, “mi vida está repartida entre dar clases, ensayar e ir a ver mucho teatro y mucha danza. Durante los fines de semana trabajo, porque tengo funciones. Es una actividad que no para nunca”, confió el bailarín. “En diciembre estuve haciendo algunas funciones en un proyecto de improvisación y música que se llama The meeting point. Lo organizan unas chicas de Buenos Aires, Lucía Fernández Mouján y Valeria Primost”, explicó.

La propuesta consiste en “un encuentro de músicos con bailarines improvisadores que no se conocen, ni entre los bailarines ni entre los músicos, y ven qué pasa ahí. A mí me divierte mucho porque esto de estar en escena y no saber bien qué es lo que va a pasar, pone en juego todo esto de la atención, que es lo que quiero trabajar en mi taller. Uno tiene que estar totalmente despierto para componer en vivo”, recomendó. Sugerencia válida no sólo para la danza contemporánea.

Sucede cuando la gente se encuentra

Con la organización del Minifest – Primer Festival de Danza Contemporánea, el equipo impulsor se propone replicar de alguna forma, la efervescencia con que bulle la escena de la disciplina en Buenos Aires. Para Facundo Monasterio, el objetivo se cumplirá “me parece que de esta manera, con este tipo de eventos: generar interés, brindar oportunidades y encontrarse… (La danza contemporánea) es algo que sucede cuando la gente se encuentra, es un arte del convivio (sic), un arte vivo”, definió.

Si bien lleva una década de residir en Buenos Aires, “siempre vuelvo. Me siento barilochense y vuelvo, doy clases, también trabajo con la gente de acá y muchas veces estuve colaborando con las personas que organizan los jam de contact, por ejemplo. Me gusta venir a Bariloche”, subrayó. Al partir, fue complejo “más que nada el cambio del estilo de vida. Uno no termina nunca de acostumbrarse al lugar y se siente un poco extranjero”, admitió.

A pesar de sus logros en el ámbito artístico, “es muy diferente la ciudad, por más que ya lleve 10 años allá. No es lo mismo, es muy fuerte la identidad del Sur. Siempre tengo excusas para volver y amigos, gente que tiene ganas… Siempre que vuelvo a Bariloche hay mucho interés por la danza, por las propuestas y eso también motiva a volver. Siempre tengo un pie acá, la verdad… Pero todavía no sé cuándo va a ser el momento (del retorno definitivo)”.

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