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CRIMEN DE NATALIA BÁEZ: Fiscalía y querella reclamaron una pena de veinte años de prisión para Alejandro David Ramírez

Alejandro David Ramírez durante la audiencia de hoy. Alejandro David Ramírez durante la audiencia de hoy.

- LA DEFENSA RECLAMO LA ABSOLUCION -

El fiscal jefe Martín Lozada y el abogado representante de la querella, Raúl Ochoa, reclamaron una pena de veinte años de prisión para Alejandro David Ramírez, considerado autor del terrible homicidio de Natalia Báez, ocurrido en marzo de 2016. La defensora oficial Romina Martini, cuestionó aspectos técnicos procesales que ya había criticado durante el proceso y el inicio del juicio. En función de ello, pidió la absolución de su asistido. No obstante, pidió a los jueces que consideren especialmente una serie de atenuantes para aplicar una pena menor a la requerida por los acusadores, si es que no hacían lugar a su petición inicial.


Por Mariano Colombo
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En un extenso alegato, el fiscal jefe Martín Lozada realizó un meticuloso detalle de los movimientos que los investigadores lograron reconstruir en función de testimonios y cámaras de seguridad del municipio y establecimientos privados de la zona céntrica de la ciudad.

En función de ello, reveló que, tras pasar la noche en locales nocturnos del centro de la ciudad, la víctima se encontró con el acusado y sus acompañantes mientras caminaba por calle Moreno en dirección a la parada de transporte público de pasajeros ubicada en esa arteria entre Palacios y Rolando.

Llegaron todos juntos al lugar, y abordaron un colectivo de la empresa Las Grutas, del que descendieron en la esquina de Vernet y Wiederhold, en donde siguieron todos juntos hasta el barrio 60 Viviendas en el que residía Ramírez junto a su padre.

En el lugar, tomaron varias cervezas hasta que uno a uno fueron quedándose dormidos. El primero en hacerlo fue el padre del imputado, David Nelson Ramírez, miembro de la Brigada de Investigaciones de la Policía de Río Negro, con funciones en la Comisaría 55 de Playa Serena. Luego Ricardo Correa y finalmente Ezequiel Parracone, los dos jóvenes que habían compartido la velada con el acusado.

En la vivienda sólo quedaron despiertos Ramírez y Natalia Báez. La fiscalía sostuvo que mantuvieron relaciones sexuales consentidas y luego, mediante un mecanismo perverso, innecesario y brutal, le ocasionó la muerte, la cargó en el auto y la trasladó hasta el viejo camino abandonado de acceso al aeropuerto local, en donde arrojó el cuerpo y procuró desechar su teléfono celular.

Mientras todo ello ocurría en la vivienda en la que habían quedado el padre del acusado y sus dos compañeros de salida, habían despertado y comenzaban a buscarlo. Arribó hasta ese domicilio la novia del acusado y todos realizaron varias llamadas telefónicas para saber dónde estaba. Cuando lograron comunicarse, atendió llorando y diciendo que “me mandé una cagada y maté a un chico”.

En las horas posteriores Ramírez fue hasta el domicilio de Rolando Chávez, se cambió de ropa, quemó la que vestía y que estaba toda ensangrentada y lavó meticulosamente el Volkswagen Senda de su padre, en el que había trasladado el cadáver. Más adelante y al saber por su padre que la policía investigaba en su barrio, compró un pasaje con un nombre falso, armó un bolso y se fue a Viedma, procurando su impunidad.

La investigación logró identificarlo a partir de las filmaciones de diversas cámaras de seguridad, al igual que a sus acompañantes y la Justicia ordenó las detenciones y los allanamientos en los domicilios de los tres sospechosos. Ramírez, Parracone y Correa fueron acusados inicialmente, aunque con el avance del proceso los últimos dos fueron sobreseídos y la acusación continuó sólo en contra de Ramírez. Los otros dos declararon como testigos durante el juicio y complicaron al acusado.

En el cuerpo de la víctima se encontraron elementos de relevancia. En las partes íntimas del cuerpo hallaron semen cuyo ADN resultó compatible con el del acusado, mientras que debajo de sus uñas, también hallaron restos genéticos del acusado y de otro individuo desconocido para la investigación. El cadáver tenía el rostro absolutamente desfigurado y con severo aplastamiento. Había recibido al menos siete heridas de arma blanca en la cara y tenía otras lesiones y golpes en otras partes del cuerpo. La autopsia determinó que fue arrastrado apenas se produjo el deceso y en el automóvil perteneciente al padre del acusado, hallaron sangre de la víctima.


Los planteos de las partes

Al momento de evaluar la pena a imponer, la fiscalía consideró a favor del imputado su escasa edad y la ausencia de antecedentes penales, mientras que como agravantes tomó en cuenta la extraordinaria violencia y brutalidad desplegada, la asimetría corporal entre víctima y victimario, el empeño puesto de manifiesto a la hora de destruir vestigios del crimen, la desfiguración del rostro de la joven y la conmoción social que causó el hecho, junto a otros que ocurrieron en esa fecha. La fiscalía consideró correcto aplicar una pena de veinte años de prisión.

El representante de la querella, Raúl Ochoa, adhirió plenamente al alegato fiscal y enfatizó que el comportamiento desplegado por Ramírez durante la comisión del hecho y luego del mismo, evidenciaba una ausencia absoluta de arrepentimiento, ocultando pruebas y huyendo de la ciudad, sumado al desprecio por la vida de Natalia y la forma incomprensible en la que fue ultimada.

En tanto la defensora oficial Romina Martini, volvió a cuestionar la “supresión” de una porción de la acusación que se realizó para subsanar un grotesco error de la fiscalía. Se refirió puntualmente a que el hecho fue atribuido inicialmente a Ramírez, Correa y Parracone en calidad de coautores. “No es lo mismo sentarse en el juicio como coautor y a mitad de camino ser autor. No es lo mismo mató que mataron” señaló y advirtió que con ello se afectaba el principio de congruencia que establece que una persona debe ser indagada, enjuiciada y condenada por el mismo hecho.

“Ramírez fue indagado como coautor y esa es una razón procesal que obliga a dictar la absolución”, fustigó y añadió que también veía afectado el derecho a la defensa en juicio.

Paralelamente, para el caso de que el tribunal rechace sus planteos –cuestión que ya había sucedido al inicio de la audiencia del día martes-, sugirió que se evalúen otros aspectos para atenuar la pena a su pupilo. En ese sentido destacó el escaso nivel de instrucción formal al decir que “apenas terminó la primaria” y se valió de un informe sobre la salud mental del acusado en el que se manifiesta una situación de consumo problemático de sustancias desde muy temprana edad.

Los últimos testimonio

Antes de los alegatos hubo tiempo para la incorporación de los últimos testimonios del juicio. Efectivos policiales de la Brigada de Investigaciones aportaron los detalles de la profunda pesquisa que permitió identificar al autor del hecho y a las personas que lo acompañaban, mientras que también se produjo el testimonio de Rubén Báez, hermano de la víctima y último familiar que habló con Natalia. 

Contó los detalles de esa última conversación, en la que la joven le pedía que la busque en el centro porque se había quedado sin dinero y su respuesta fue que se tome un taxi hasta su casa, que pagaría él allí. La comunicación se cortó y al devolver el llamado atendió un hombre que contestó, “quedate tranquilo que acá hay un taxi en la esquina, yo la acompaño hasta que se suba”. La desesperación fue en aumento al notar que no había llegado. Ante la pregunta del fiscal sobre qué esperaba del juicio, advirtió que el acusado lo miraba: “Ya que me estás mirando, que nunca te pase algo así, como lo que viví yo”. Con la voz entrecortada y sin poder contener el llanto finalizó “Hay uno arriba que está mirando todo. Andá a dormir calentito a la cárcel”.

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