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Aníbal Chávez Aguilar admitió haber matado a Garnica e intentó despegar a los otros acusados

Un testigo da su testimonio durante la audiencia de este miércoles. Un testigo da su testimonio durante la audiencia de este miércoles.

- DOS PERSONAS YA FUERON JUZGADAS -

Aníbal Chávez Aguilar intentó despegar a su madre, Teresa Aguilar Leuquen, y a Maximiliano Bascur del hecho, al aceptar que ultimó a Miguel Garnica en soledad. Su versión resulta contraria al resultado que tuvo el caso contra otros dos involucrados, que en juicios abreviados aceptaron sus culpas y ya fueron condenados. Testigos con temor, policías que no pueden olvidar los procedimientos y un acusado nervioso.

Por Mariano Colombo
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El tribunal integrado especialmente por Rubén Marigo, Romina Martini y Jorge Serra, comenzó este miércoles a juzgar a Aníbal Chávez Aguilar, su madre Teresa Aguilar Leuquen y Maximiliano Bascur, por el homicidio doblemente agravado de Miguel Garnica, ocurrido a fines de enero de 2015 en el barrio Eva Perón.

El siniestro episodio tuvo lugar en el domicilio de la familia Chávez Aguilar, cuando mediante un engaño convocaron a Garnica, para luego ingresarlo por la fuerza a la casa, golpearlo con saña, ultimarlo con tres disparos de arma de fuego y después de atar su cuerpo con cables y envolverlo con bolsas de consorcio, enterrarlo en una letrina que cubrieron con cemento, tierra y hierros.

Al inicio del juicio las defensas reeditaron planteos respecto de la conformación del tribunal, que ya habían sido rechazados en una etapa previa. Luego, el tribunal dio paso a la declaración indagatoria de los tres acusados.

Aníbal Chávez Aguilar se adjudicó la responsabilidad del hecho e indicó que había actuado solo y en defensa propia. Señaló que cruzó a Garnica cuando éste caminaba por delante de su vivienda e intentó comprarle drogas, pero que aquél había reaccionado mal ante el requerimiento, extrayendo un arma de fuego de la cintura. “Me le tiré encima y lo maté, yo hice todo solo”, aseguró y continuó: “Estoy muy arrepentido porque es una muerte y no se la deseo a nadie y por esto involucré a mi viejita y a Bascur también”.

Su versión resulta diametralmente opuesta con la resolución que adoptó parcialmente el caso contra otros dos involucrados que previamente, en sendos juicios abreviados, aceptaron su porción de responsabilidad. Paul Chávez Aguilar se declaró culpable tiempo atrás y fue condenado a diez años de prisión, en un desprendimiento de la misma causa. Mientras que en idéntico procedimiento, un menor de edad fue declarado responsable como partícipe secundario, ya que ese día se encargó de comprar las bolsas con las que cubrieron el cuerpo.

Tras la declaración de Aníbal Chávez Aguilar, declaró Bascur, insistiendo en su inocencia y negando tener relación tanto con Garnica como con los Chávez Aguilar, más allá de que los conocía. Teresa Aguilar Leuquen, por su parte, intentó justificarse al indicar que una madre hace cualquier cosa por sus hijos.

Luego de las indagatorias el tribunal dio paso a las declaraciones testimoniales. Expusieron en primera instancia varios miembros de la Policía de Río Negro que intervinieron en los distintos procedimientos desplegados hasta que pudieron dar con el cuerpo. De esos relatos se desprendió lo grave y brutal del crimen, señalando uno de los uniformados que en toda su carrera no le había tocado intervenir en otro crimen tan siniestro.

También declararon miembros de la familia de la víctima, relatando los momentos previos a la desaparición de Miguel y cómo en las horas posteriores comenzaron a recibir información por diversas vías, que anunciaban el trágico desenlace del muchacho.

Los testimonios que siguieron fueron de algunos vecinos del lugar en que ocurrieron los hechos investigados. Notablemente temerosos, pudieron narrar una secuencia de hechos que comprometieron seriamente a los acusados y volvieron a poner sobre el tapete lo sórdido del crimen y la indefensión de la víctima ante el numeroso grupo agresor.

Una mujer que vio todo desde la ventana de su vivienda dijo que observó cómo Aníbal y Paul Chávez Aguilar tomaban de un brazo cada uno a Garnica y lo introducían por la fuerza a una casilla de madera desde la que inmediatamente después salían ruidos de golpes y quejidos. También narró que Bascur observaba por una ventana permanentemente hacia afuera y que Teresa Aguilar Leuquen, iba y venía, pedía que se apuren y hablaba por teléfono. Mientras las horas corrían y la testigo podía imaginar que algo malo ocurría, oscureció y se escucharon disparos de arma de fuego. Instantes después vio a Aníbal Chávez Aguilar con un arma en su mano derecha. Poco más tarde observó que en la vivienda se encendió una fogata.

Temprano a la mañana siguiente, vio como el mismo sujeto y su madre, Teresa Leuquen Aguilar, tiraban abajo la letrina, mientras la hija y hermana de los acusados, arrojaba una importante cantidad de agua, “baldeando hasta el piso de tierra”.

La audiencia continuará este jueves con la incorporación de más testimonios y podría extenderse por un par de jornadas más hasta agotar la producción de la prueba.

No escuchó advertencias y lo sacaron de la sala

Maximiliano Bascur entró a la sala de audiencias esposado y fuertemente custodiado y casi al mismo tiempo comenzó a quejarse por su situación, vociferando su inocencia y cuestionando a varios de los presentes. En primera instancia centró sus reproches en el juez Marigo, pero también cuestionó luego a Martini, quien ahora es jueza pero en algún momento del caso ejerció una esporádica defensa.

Se quejó por el tiempo que lleva detenido y porque ninguno de sus planteos es receptado por la justicia, señalando que lo involucraron en la causa por portación de nombre y que todo estaba armado para condenarlo.

Pese a los insistentes llamados de atención del presidente del tribunal, Bascur continuó con su actitud crítica hacia el accionar judicial y cuestionó también la labor de un reportero gráfico que le había sacado fotografías.

Aunque por minutos guardó la compostura, volvió a alterarse con el correr de los testimonios, por lo que el juez Marigo ordenó que sea retirado de la sala. Más calmado, algunos minutos después volvió a ingresar.

Un momento de distensión

Más allá de la gravedad del caso investigado y de la congoja lógica de los familiares de la víctima, hubo un momento en que ninguno de los presentes pudo contener la risa. Una vecina contaba cómo había visto a una integrante de la familia Chávez Aguilar baldeando toda la casa y arrojar bastante agua, cuando todavía era de madrugada. ¿A usted le pareció normal eso? Le preguntó la fiscal Betiana Cendón. “No, que va a ser normal si nunca antes la había visto limpiar la casa” soltó la testigo provocando risas y un pequeño momento de distensión.

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