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Señor Director

La gran ironía de tu vida, Francisco... El único y exclusivo culpable de que no puedas volver a tu patria... ¡sos vos!

El día que te eligieron... lloré de felicidad, como tantos otros argentinos, y... recuerdo, con tu viaje a Brasil, no podíamos parar de llorar de emoción, tanto amor despertaba tu actitud de santo redentor que había venido a salvar el mundo, ¡¡¡el elegido!!! Eras nuestro máximo y único orgullo nacional. El jefe espiritual del planeta...

Pero... poco después, no pudiste disimular el placer que sentías al recibir a la máxima responsable de la destrucción del país. Condenás la corrupción, estableciéndola como otro pecado más, y sin embargo, a la gran culpable, la protegiste todo el tiempo de... ¿nosotros? ¿De quién? Porque según sus propias palabras, si le llegaba a pasar algo, teníamos que mirar al Norte (aludiendo a los EE.UU.) por eso nos pedías que ¿"la cuidásemos"? Ella nos humillaba y con sus colaboradores estaban perjudicando al país, pero había que ¿protegerla?

¿Por qué nunca le pediste a ella que nos protegiera, que no siguiera destruyendo la República?

¿Por qué no pedís ahora que protejamos a María Eugenia Vidal, una frágil mujer, enfrentándose sola a las bandas de narcotraficantes internacionales más peligrosas? Ella está terminando con la mafia de la policía corrupta, encubridora de trata de blancas, juego y narcotráfico. Está enfrentándose en soledad con lo peor de todo tipo de delincuencia... pero vos... ¿no lo sabes cierto? Por eso no nos pedís que la protejamos... pero no te preocupes, nosotros vamos a protegerla por lo que significa en si, no necesitamos tu pedido.

¿Y a Macri, tampoco tenemos que protegerlo, cierto? ¿No lo merece acaso? Él está tratando de reconstruir un país devastado por tus protegidos, querido Francisco, ¿tanto te cuesta reconocerlo?

A los delincuentes les dedicaste todo tu afecto, mientras vimos que las hijas de Nisman no merecieron ni una sola de tus palabras. Como tampoco los presos políticos de Cuba... ni hablar de los pobres venezolanos, molidos a palos por Maduro, tu amigo populista, cada vez que intentan alzar la voz por sus derechos.

Recibiste con tanta ternura a Hebe... a Milagro Sala, le enviaste tu cálido abrazo en el rosario bendecido…

Moreno, el caballo Suárez, y tantos otros, así como los sindicalistas más korruptos, todos ellos corrieron a recibir tu bendición liberadora de pecados y tranquilizadora de conciencias...

Y así fue como... la mitad de los argentinos vimos que no había espacio para nosotros en tu corazón y comenzamos a mirarte con resentimiento... ¡nos olvidaste, Francisco!

Los que votamos por el fin del gobierno anterior nos sentimos defraudados en lo más íntimo, en la creencia de que finalmente, alguien pudiera traer paz a nuestros espíritus y al alma argentina, tan dañada...Hiciste todo lo contrario, abriste aun más la grieta.

Pero Francisco, todo se paga... y es Dios el encargado de hacerlo. Ahora... no podés volver, porque tu presencia solo genera rencor en muchos de nosotros... ¡Nos olvidaste! Y ahora Dios te lo recuerda... el líder de la paz mundial, el embajador del Amor Divino, viajás por todo el mundo con pasaporte argentino. ¡Pero no podés volver a tu amada Patria!

Qué gran ironía Francisco...

Alicia Giavedoni 

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