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Señor Director

Extrañas democracias

La democracia, por definición, es una forma de gobierno del Estado donde el poder es ejercido por el pueblo, mediante mecanismos legítimos de participación en la toma de decisiones políticas. El mecanismo fundamental de participación de la ciudadanía es el sufragio universal, libre, igual, directo y secreto, a través del cual elige a sus dirigentes o representantes para un período determinado.

Es muy extraño que, en muchos países, se entienda que el gobierno actual o el anterior o el otro tienen representación real democrática cuando, en muchos casos, sólo el 40% del pueblo va a las urnas y, con el 21% del electorado, una persona puede ser elegida como presidente, demostrando así que la mayor parte de la ciudadanía tiene opiniones contrarias a quienes se presentan a elecciones (de otra manera irían a votar). Hoy, en Francia, el actual presidente gana con el 22% real de la masa de votantes. Lo mismo sucede en EEUU y todos los países donde el voto no es obligatorio; y donde sí lo es, cada vez más, son los que se excusan y no van a votar.

Tal vez, ha llegado la hora de pensar en otro sistema, o cambios en el actual, que convenzan a las poblaciones de participar. La decepción de los pueblos tiene que ver con el manejo del poder, los arreglos, la corrupción, y el hecho de que, en un momento dado, parece que los tres poderes que sustentan la democracia, como lo son el poder Judicial, Legislativo y Ejecutivo, se ponen de acuerdo en cuestiones que perjudican a los pueblos. Podemos citar a Menem, quien cada vez que le endilgaban algún tema de corrupción a él o sus funcionarios decía: “Creo en la Justicia, que la Justicia actúe...”...y la justicia siempre sobreseía a los denunciados (entre ellos, al actual presidente Macri y su padre en la causa de contrabando agravado; y, como estos ejemplos, cientos de todos los sectores).

El descreimiento de los pueblos tiene justificaciones que reflejan que: “el sistema democrático se ha convertido en un medio ‘legal’ para hacer lo que el funcionario quiere, y no lo que el pueblo necesita que se haga...”. Hoy los pueblos parecen estar vacunados contra la corrupción... Nada asombra, todo parece “normal” y, cuando se toma como normal o habitual que los mayores emblemas de una democracia, sus Presidentes, tengan que ver con actos de corrupción, es allí donde el pueblo tiene, entonces, la libertad de decir: No voto. Ese No Voto debería ser la alarma que se encienda cada vez que festejan un triunfo con un 20% de la ciudadanía haciéndolos ganar.

Creo que ningún gobierno debería acceder al poder sin el 51% de la masa real de votantes. Que cambien leyes, costumbres, penalizaciones, lo que quieran. Si no se cumple esta mínima premisa, seguiremos teniendo democracias legales, pero no legítimas.

Jorge L Fernández Avello
DNI: 12.862.056

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