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Postura de la UnTER Río Negro sobre el nivel secundario

Acceder y egresar de la escuela secundaria, implica un cambio simbólico y social especialmente para jóvenes provenientes de sectores económica y culturalmente postergados. Vivimos tiempos vertiginosos que resultan difíciles de asimilar y adaptar en las instituciones educativas; por eso, desde UnTER consideramos que urge impulsar modificaciones en el nivel, para garantizar a miles de chicos y chicas, la posibilidad de desempeñarse con todas sus potencialidades en la vida social, universitaria y laboral. 


Que sea una necesidad, no significa que se pueda aceptar cualquier cosa, mucho menos el avance del mayor fraude pedagógico planificado en Río Negro, que el gobierno llama Nueva Escuela Secundaria. Con un discurso casi progresista, el secretario de Educación Juan Uriarte, definió a este proyecto como un nuevo paradigma de enseñanza que piensan aplicar en el ciclo 2017.

En un reportaje publicado por un medio provincial, el representante del ministerio, confirmó el destierro de la repitencia “Los estudiantes continuarán sus trayectorias siempre, las mesas examinadoras serán optativas, teniendo mesa de exámenes en el último año (si desean terminar su escuela secundaria)”. 

Estas decisiones políticas transformarán a 70 mil estudiantes y sus familias en partícipes involuntarios de un ensayo aplicado de modo unilateral por quienes deben velar por sus derechos. Decir no a la repitencia, sin garantías presupuestarias y pedagógicas imprescindibles para brindarles el acompañamiento necesario, es invisibilizar a los/as estudiantes, despojándolos de la posibilidad de aprender. 

La ministra Mónica Silva, explicó que ya no existirán los años sino trayectorias educativas. Para quien educa, esta no es una novedad, se entiende que es parte del proceso educativo de cada estudiante. El problema es cómo está planteada desde la patronal, un experimento más parecido a un transitar por el nivel que una herramienta para facilitar la apropiación de nuevos conocimientos.

Para ser más claros, haremos docencia para explicar esta propuesta ministerial: Cuatro estudiantes ingresan a primer año en el mismo curso, tres aprueban satisfactoriamente el primer cuatrimestre, uno necesita un tiempo más. En los sucesivos cuatrimestres algunos aprobarán todo, otros un poco o nada. Así, hasta terminar quinto año, los cuatro seguirán juntos pero ninguno con todo aprobado, aún cuando pasaron por sucesivas trayectorias, les falta el último paso y si quieren o pueden rendirán lo que necesiten. Cómo darán ese examen es una incógnita ¿Rendirán las sucesión de trayectorias que les prepararon cada año? ¿Tal vez, una trayectoria que englobe los cinco años? Todo en un mismo momento es impensable, entonces aparece el “recorte”, los conocimientos mínimos para aprobar. Si no queda claro, remarcamos sinónimos de la palabra recortar: cortar, cercenar, amputar, seccionar, podar, talar, rebajar conocimientos. En definitiva, nuestros cuatro estudiantes tendrán su título, pero no los aprendizajes ni la acreditación necesaria para continuar en otros ámbitos. 

Las y los docentes preguntamos cuáles fueron los estudios longitudinales que se tomaron como unidad de análisis para redefinir estas trayectorias; con qué estudios prospectivos sobre cohortes teóricas de los/as estudiantes, con qué seguimientos apoyados en historias de vida, en subjetividades que se presentan en cada región, si se tuvieron en cuenta los problemas de transición entre educación primaria y secundaria. Cuáles fueron los criterios que permitieron armar un diseño curricular ignorado por la mayoría de los/as docentes, des-construido desde la soledad de un escritorio del Ministerio de Educación y Derechos Humanos, o en espacios alejados de las escuelas, sin consultas profundas a todos los actores del sistema, desconociendo los lineamientos de la Ley Orgánica de Educación que garantiza la participación de las familias, docentes y estudiantes, en el diseño, planificación y evaluación de la política educativa. 

De esto hablamos cuando denunciamos el vaciamiento de la escuela pública, porque la ESRN no será obligatoria en las escuelas privadas, que podrán seguir con sus propuestas, entregando los mismos títulos que ahora, sin que los tomen como inválidos en otras jurisdicciones. En nombre de la inclusión, la no repitencia, el desgranamiento cero; se promueven relaciones de baja intensidad, acotadas para seguir, un “como si”. Las y los estudiantes sumarán tiempo dentro del sistema pero no futuro. Mediante estas políticas educativas no se generarán conocimientos institucionales, pedagógicos, ni didácticos. Eso sí, el ministerio hará los deberes que le indicarán los organismos internacionales de crédito como el BID y el Banco Mundial. Esto define un claro posicionamiento ideológico neoliberal aplicado a la educación pública. 

El pasado 15 de diciembre, en el marco de la reunión con el gobernador Alberto Weretilneck y autoridades ministeriales, la representación de UnTER reafirmó el mandato del Congreso de Valcheta que definió la no aplicación de la reforma unilateral en el 2017 y exigió la derogación de todas las resoluciones inconsultas. 

En ese encuentro, se detallaron al gobernador las razones institucionales, pedagógicas, laborales y presupuestarias por las que trabajadores y trabajadoras de la educación se oponen a esta transformación. Se presentaron pruebas concretas de los errores cometidos al diseñar las plantas funcionales de las escuelas, la situación que afecta a las instituciones en la Línea Sur, se enumeraron todas las objeciones que surgieron durante las jornadas de análisis y debate. Silva, Uriarte y demás funcionarios no tuvieron la capacidad de revertir las afirmaciones de la representación sindical, al punto que Weretilneck aceptó que en estas condiciones no es aplicable en los 93 Centros de Educación Media diurnos y propuso que se comenzara en algunos. Frente a esto, UnTER reafirmó el mandato del Congreso.

El 22 de diciembre se publicó, a partir de las declaraciones de la ministra Silva, que la reforma del secundario se implementaría por etapas, empezando en “una o dos ciudades”. Una semana después, los vocales gubernamentales aprobaron en sesión del CPE la realización de las asambleas en todos los establecimientos de Río Negro para llevar adelante la nueva escuela. La representante sindical votó por la negativa. Queda claro quién mantuvo la coherencia y quién no.

En el plano laboral, en el reportaje mencionado al inicio, el funcionario Uriarte calificó como mentirosa nuestra afirmación de que el 30% de los/as docentes se quedaría sin trabajo, afirmó que “una persona que no es docente (idóneo) no puede continuar dentro del sistema”. Parece mentira que este mismo funcionario se haya desempeñado, hace menos que poco, como director de un colegio secundario y militara en nuestro sindicato. 

Nobleza obliga, hay que refrescarle la memoria a Uriarte, es verdad que la falta de títulos docentes, es una falencia del sistema público, pero también del privado. Ni siquiera todos los vocales gubernamentales lo poseen, pero integran el cuerpo colegiado y deciden los destinos del sistema. También es cierto que de existir la cantidad de cargos necesarios para el correcto funcionamiento de las instituciones, la carencia sería mayor.

Lo que no se puede negar, es que muchos de estos compañeros y compañeras fueron quienes, históricamente, sostuvieron a la escuela pública. Por ello nuestro sindicato, justamente defiende al conjunto sin distinción, porque todos/as son trabajadoras y trabajadores. Con el objetivo de la equidad de oportunidades, UnTER impulsó y logró que desde el Estado se implementaran programas de formación pedagógica para quienes ejercen la docencia sin la titulación correspondiente, pero con el compromiso y la vocación que tanto se reclama y poco se valora en estos tiempos. 

Reclamo que el sindicato reiteró a esta gestión de gobierno y que no aún no tiene respuesta. No asumen que no pudieron revertir esta falencia, entonces se sacan de encima el problema. Igual como piensan hacer con los y las estudiantes, la diferencia es que a estos les permitirán mantenerse dentro de las instituciones los años necesarios y luego los dejarán partir a la deriva, con un título de cartón pintado y sin herramientas para enfrentar la vida. Si esto no es exclusión, habrá que comenzar a buscarle un sinónimo que suene más progresista.

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