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Pan para hoy… hambre para mañana

Gira la rueda de la violencia y parece no tener fin. Es que, algunos por ceguera exacerbada por los medios de incomunicación, otros por repetir consignas arcaicas pero que se saben con cierto consenso en lo inmediato, en lo superficial, allí dónde opinamos lo que se supone queda bien y nos da cierto halo de humanidad inmaculada, otros por simple y sencilla intencionalidad ideológica, generan el discurso del miedo y la necesidad de venganza, represión, castigo y mano dura como solución mágica.


Por Dra. Cecilia Rotundo*

Es cierto que el delito, en todas sus formas, atenta y lastima la vida, la salud, el bienestar y la integridad de toda la comunidad. Es verdad que suceden atrocidades tales que son insoportables a la sensibilidad humana. Es verdad también que sólo tendremos chance como sociedad, humana y sensible, si nos damos cuenta de lo equivocados que estamos en nuestra sed de desquite, de represalia, de castigo. La justicia no es agua fresca que calma nuestra interminable sed de venganza. Por lo menos no debe serlo.

Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, reza nuestra Constitución Nacional. Y por lo bajo muchas veces deseamos que sean tan insanas y crueles que sirvan de castigo y vejación hacia quienes han ofendido nuestros más sagrados intereses y bienes.

A ello se suma la estigmatización de quienes delinquen, considerándolos, desde el inicio, irrecuperables, con lo cual todo intento de resocialización choca con ese muro de prejuicio, tornándose estéril. Y es cuando descartamos personas sin más.

No debe dejarse de lado una cuestión fundamental. Hay delitos y delitos. Hay índices de determinados delitos ligados a problemáticas sociales, económicas, sanitarias, educativas, que se alimentan desde la sociedad misma, indiferente a las necesidades insatisfechas que arrojan al vacío, la desesperanza, al vicio, como remedio a tanto dolor y como rebeldía impotente, ante tanto tiempo interminable con tan poco por hacer. Con nada por ganar y con mucho menos por perder.

La indiferencia y apatía profundiza estas problemáticas. La sed de venganza justifica crueldades que mortifican más allá de la pena misma y, como consecuencia lógica produce, no resocialización, sino más violencia. Y esa violencia golpea cada vez con más fuerza, multiplicada. Es devuelta.

Cuánto más beneficio se generaría para la comunidad toda si las metas de rehabilitación real, de resocialización y de prevención, desde la ejecución de políticas sociales cada vez más profundas e inclusivas, de acceso a la educación, a la atención de la salud, de generación de condiciones equitativas y de igualdad real de oportunidades para todos, fueran acogidas por la sociedad toda, en el entendimiento pleno de que no se trata de “beneficiar al reo” o de “alimentar al vago”, sino de sanar las heridas de la comunidad en su conjunto.

Recogeríamos los frutos dulces de la solidaridad, del amor, del compromiso, de la conciencia ciudadana de que el cambio y el progreso dependen de cada uno, y del respeto por los derechos humanos. No un mundo color rosa, no. Pero sí uno más justo, más humano, más igualitario y más seguro.

Quizás no sea buena comparación… no lo sé… pero me vino a la mente… “Esto es pan para hoy y hambre para mañana”… Así pues… “La venganza de hoy es violencia multiplicada para mañana”.

*Nuevo Encuentro Patagones

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