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Sobre el Plan Castello

Antes de desarrollar algunos conceptos, convendría recordar que el plan en cuestión lleva el nombre del primer gobernador constitucional de nuestra provincia: el Dr. Edgardo Stéfano Nazario Castello. Político nacido en Viedma el 31 de diciembre de 1904, ocupó diversos cargos partidarios y supo ejercer de abogado. Su gestión fue muy importante dado que le tocó en suerte la gran responsabilidad de poner en funcionamiento toda la estructura institucional de la flamante provincia. Pero lo más destacable fue su desbordante acción en obras de envergadura.


La provincia de Río Negro tiene una oportunidad histórica de discutir sobre obras de desarrollo largamente esperadas y postergadas en el tiempo.

Entre las más importantes, debemos mencionar la construcción del gasoducto en la Región Sur y las plantas potabilizadoras en el Alto Valle, para terminar con el vertido de los efluentes crudos que diariamente son volcados al río generando una gran contaminación.

Es allí donde debe primar el sentido común y la búsqueda de consenso político, sin mezquindades de ninguna naturaleza, ni personales ni de política de facción o partidaria.

Se necesitan grandes acuerdos porque la hora así lo exige. Se trata, ni más ni menos, de pensar la provincia que queremos y de trabajar en forma mancomunada para el logro de esos objetivos tantas veces soñados y frustrados.

Una nueva realidad se avecina con la pavimentación total de la ruta nacional 23 y, en base a ello, se debe planificar y actuar en consecuencia.

Las comunicaciones y la energía serán fundamentales en los tiempos que se avecinan y hay que prepararse para estar a la altura de las circunstancias.

Por supuesto que, sobre el “Plan Castello”, debe haber un debate maduro de toda la dirigencia --en especial, de los señores legisladores, a los que les cabe una gran responsabilidad--, y escuchar la voz de los intendentes, que son quienes están en contacto permanente con las necesidades de cada región y llevan, de alguna forma, las inquietudes de los vecinos. Porque, en definitiva, esa es la verdad suprema de la acción política: la búsqueda del bien común.

En proyectos de alto impacto como este, debe primar una discusión serena que deje de lado los intereses sectoriales, y lograrse acuerdo en los temas fundamentales que las diferentes regiones provinciales exigen en forma imperiosa. Para eso, se necesita una visión de estadista que trabaje para las nuevas generaciones. Porque la aspiración fundamental debe ser un territorio integrado donde cada región esté en igualdad de condiciones y donde los diferentes perfiles provinciales se integren y se potencien entre sí en una sinergia virtuosa que permita un crecimiento sostenido para todos por igual.

También –en este mundo globalizado no hay hechos aislados- se debe considerar el préstamo en su respectivo contexto nacional e internacional. Hay una realidad instalada y ya se sabe: “la única verdad es la realidad”.

Es notorio: obras son amores. Lo cual no quiere decir que no se pueda modificar al proyecto para que todos queden satisfechos. Pero siempre dentro del diálogo y del estudio serio y desapasionado del mismo. En otras palabras, que sea fruto del consenso.

Una última reflexión, que puede ser más valiosa que mil palabras: la obra del gasoducto en la región sur es un acto de justicia. Y ver que los sufridos pobladores puedan acceder a su beneficio, sobre todo en los crudos inviernos que soportan, habrá colmado todas las intenciones.

Jorge Castañeda
Escritor – Valcheta

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