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Su apodo no fue casual

“Y me envejezco cantando…” (Martín Fierro-José Hernández) - 

Lo conocí a Chingolo en el año 1977 cuando me instalé definitivamente en Bariloche. Exhibía humildemente sus cuadros en la calle céntrica, como si Carlos “Chingolo” Casalla no fuera el padre de grandes personajes de historietas que vivían en nuestro imaginario gracias a su creación artística. Sus dibujos, sus pinturas, sus héroes relucían junto a su misma personalidad, porque su sonrisa siempre franca y predispuesta al diálogo, lograba en forma inmediata establecer empatía, ya que poseía esa capacidad innata tan difícil hoy en día, de ponerse en el lugar del otro. Y en esa calle lo conocimos y conocimos sus obras. Mis hijos adoran “sus caballos”. En nuestro hogar, asemejándose a un establo, muchos de esos cuadros descansaron siempre en las paredes de la casa.


Recuerdo un día en que encontré a Chingolo saliendo de una farmacia. Fuimos a tomar un café y nos pusimos a conversar. Faltaban dos años para el milenio. En ese año de 1998 la ciudad, casi carente de turistas, parecía agonizar. Risueñamente y no tanto se conversaba sobre la posibilidad de que Bariloche se convirtiera en una ciudad fantasma. Chingolo me comentó sobre un proyecto que navegaba en sus deseos: editar el Martín Fierro con sus ilustraciones. Me voló la cabeza. En ese entonces yo era director de la revista de la Comunidad Asumir y se me ocurrió comentarle la idea a “Pancho” Lima Quintana quien tenía y tiene a cargo la comunidad. “Pancho” es un hombre que no le esquiva el cuerpo a nada y creyó que el proyecto de Chingolo podría ser parte de la revista. Lo conversamos entre todos y pusimos manos a la obra. El problema, como siempre, era la financiación. Acudimos a la vieja editorial Columba, a dos diarios, uno de Buenos Aires, empresas y hasta el más importante supermercado patagónico. Las respuestas fueron sólo frases alentadoras como “que buen proyecto”. Fue entonces que Chingolo y Asumir acordaron por contrato editar el Martín Fierro ilustrado en fascículos de la revista y publicar el libro como corolario de los cuadernillos. Eran tiempo en que la revista de Asumir se vendía en las calles de las localidades donde la comunidad realizaba sus campañas contra las adicciones.

La participación de Chingolo con sus magníficas ilustraciones logró el milagro. Editados los fascículos, Asumir publicó la primera edición del Martín Fierro ilustrado por Carlos “Chingolo” Casalla en marzo del año 2000. La tirada de dos mil ejemplares se vendieron en el circuito no comercial (bibliotecas, colegios, empresas, la calle). La edición fue declarada de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Nación, la Legislatura de la provincia de Río Negro y la Municipalidad de Bariloche. Tiempo después, Chingolo editó nuevamente el libro en el circuito comercial.

Innumerables adolescentes y adultos soñaron al ritmo de la imaginación de Chingolo. En él siempre se destacó la felicidad por el arte. La música completó su obra y su vitalidad lo acompañó hasta el final. El chingolo no sólo es un pájaro libre, sino también el último en dejar de cantar por los atardeceres de los campos y las ciudades.

Su apodo no fue casual.

Roberto Santiago De Brito

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