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Ex Presidente Illia: la honradez personificada y un legado ético y moral

(*) Por el contador Enrique Carlos Mogensen

 

Hace 35 años, el 14 de abril de 1982, despedíamos en el aeropuerto local al presidente más honesto de la historia argentina, Don Arturo Humberto Illia. El entonces ex presidente nos había visitado por 15 días aceptando una invitación del Comité Radical de Bariloche para apoyar las acciones tendientes a fortalecer la recuperación de la democracia.

Su presencia venía a afirmar el lanzamiento de campaña bajo el mensaje “un gobierno de manos limpias” que, más tarde, el 30 de octubre de 1983, permitiera el triunfo en la urnas del Dr. Osvaldo Álvarez Guerrero como gobernador de la provincia de Río Negro y que el radicalismo de Bariloche obtuviera la mejor elección del país con el 82 % de los votos, lo que le posibilitó ingresar a 8 de los 11 concejales que compondrían el cuerpo deliberante local.

Don Arturo visitó la Universidad, el Hospital Regional, establecimientos escolares, el Centro Atómico y el Instituto Balseiro, muchas ONG, y resultaba estimulante que en esos encuentros y en las calles, hasta los adversarios políticos quisieran retratarse, obtener un autógrafo o simplemente formularle preguntas, conversar y transmitirle sus respetos, cariño y admiración a quien fuera derrocado por los militares para imponer la dictadura del general Onganía en 1966.

La historia reconoció más tarde que el gobierno de Illia fue quizá el mejor que tuvo el país por el crecimiento de la economía, por el respeto a los derechos humanos, porque fue el que más porcentaje del PBI adjudicó a educación (casi el 25 %), por la defensa de la soberanía nacional a través de la anulación de los contratos petroleros y la ley de medicamentos, entre otros logros.

Fueron muchos los consejos y las recomendaciones que Illia nos transmitiera en esos inolvidables días compartidos pero, en especial, me quedó grabado el que de forma personal me dijera: si algún día llegaras a alcanzar la máxima responsabilidad del país, practícala con la mayor humildad y honestidad; recuerda que sólo estás para servir al pueblo y no tienes que programar una plataforma o guía del accionar de tu gestión ya que todo eso ya está escrito en un libro que se llama: Constitución Nacional.

Don Arturo enseñaba con el ejemplo. Es por todos conocido que se fue del gobierno más pobre de cuando asumió: en el transcurso debió vender su automóvil particular para pagar una operación para su señora esposa, ya que no utilizaba fondos públicos para temas personales.

También sabemos que donó a la asistencia social las remuneraciones jubilatorias que le correspondían como ex presidente, por lo que terminó su vida trabajando en una panadería y bajo un techo facilitado por sus amigos.

A don Arturo, se lo conoce como el presidente de la Constitución y su persona ya no es sólo patrimonio de la Unión Cívica Radical sino de todos los argentinos que con trabajo y decencia luchan por un porvenir venturoso para las nuevas generaciones. Su honroso ejemplo constituye hoy la base de partida necesaria para la transformación definitiva de una sociedad que ha perdido su rumbo.

Hoy que el país ha soportado la corrupción más estrepitosa de su historia, que dio lugar a que nuestra sociedad rechace en forma general a la clase política, y a 35 años de la visita del ex mandatario, se hace imprescindible recordar la ejemplar honradez del político radical e incorporar su legado ético y moral para los nuevos tiempos de la reconstrucción republicana y democrática que necesita nuestro país.

(*) Presidente Comité UCR Bariloche (1983/85).
Presidente UCR Línea Bariloche.

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