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Decálogo del buen político

1º) El buen político debe ser humilde. Ya se sabe, la soberbia es mala consejera. El gran escritor Leopoldo Marechal en “Didáctica sobre la Patria” escribió que los políticos “deben olvidar los relumbrones de toda investidura”. Porque –agrega- “conoció a personajes que se creían águilas, temidos y solemnes en su pluma oficial, y que al ser desnudados exhibieron risibles alones de gallinas”.

2º) El buen político nunca debe tentarse con los dineros fáciles del erario público porque -otra vez Marechal- “los cargos o funciones con mucha jerarquía con el oro fiscal siempre indefenso”. Y advierte: “No pongas mano en los dineros que a tu virtud laudable se confíen. El robo, soslayada forma de la violencia, es el tercer pecado de nuestros compatriotas”.

3º) El buen político debe saber que ejerce un poder delegado y pasajero. “Si acaso gobernaras a tu Pueblo, no has de olvidar que todo poder viene de Arriba, y que lo ejerces por delegación, como instrumento simple de la bondad primera. El gobernante que lo ignora o lo olvida se parece a un ladrón en sacrilegio que se va con el oro de una iglesia”.

4º) El buen político debe descender a sus inferiores con amor como lo hace el Padre Celeste con sus criaturas. “El gobernante que no asuma el gesto de la paternidad es ya un tirano de sus inferiores, aunque regale sus fotografías y firme muy dulces autógrafos”.

5º) El buen político no debe olvidar nunca que debe conducir con amor, usando al decir de Marechal las dos manos como “el Padre de arriba gobierna con las dos: con la mano de hiel de su rigor y la mano de azúcar de su misericordia. Si asumes el poder, usa la dos, ya la dura o la blanda, según tu inteligencia. El que gobierna con una mano sola tiene la imperfección de un padre manco”. Conducir como decía Juan Perón, “no es mandar, sino persuadir”.

6º) El buen político debe evitar la exposición excesiva ante su pueblo. “Ni te muestres al pueblo demasiado, ni en el poder te agites como un hombre de circo. Imita, si gobiernas, a ese Motor Primero que hace girar al cosmos y es invisible y a la vez inmóvil”.

7º) El buen político debe ser mesurado en sus palabras y medido en sus declaraciones. Eso se llama prudencia. El político locuaz es siempre sospechoso. El que mucho bate la lengua, poco piensa.

8º) El buen político jamás se debe expresar con términos violentos, ni denigra al adversario ocasional, para sacar rédito propio. “El que siembra tormentas recoge tempestades”.

9º) El buen político debe trabajar denodadamente en la función que se le ha encomendado. El ocio en la política aparte de ser un robo a los dineros públicos, es un pecado capital.

10º) El buen político debe saber que los cargos públicos no son para perpetuarse en el poder indefinidamente. Que como todos los seres humanos es pasajero en esta vida. Que las pitanzas oficiales pasan como la hierba. Ya lo dijo Marechal: “Yo conozco a viajeros que se cargan con maletas ociosas que por cuidar y mover sus pesados baúles ni observan el paisaje ni leen la escritura de este mundo sabroso”.

Jorge Castañeda
Escritor – Valcheta

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