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Estoy a favor de la radicación de la planta nuclear, la única diferencia es que respeto a los que están en contra de la misma

Río Negro tendrá una central nuclear, que comenzará a construirse en 2020 y una vez en funcionamiento permitirá generar 1150 Mw de potencia. A pesar que los números que se mencionan son impresionantes (como una inversión de U$A 8000 millones), se escuchan algunas voces opositoras. Bienintencionadas algunas, políticamente tendenciosas la mayoría, todas esgrimen verdades a medias, sin fundamento científico.


Temer lo desconocido es válido. Informarse para alejar dudas es obligatorio. Exponer falsedades es un error peligroso.

Los datos concretos señalan que la central planeada implica una inversión en la provincia de U$S 8.000 millones. Durante la construcción se generarán más de 4.000 puestos de trabajo directos y luego, durante la operación, la central deberá contar por 60 años con un plantel estable para su operación de más de 800 personas. Durante la construcción se requerirán servicios locales anexos, algunos de alta calificación, que promoverán una gran cantidad de empleos indirectos.

En el lugar que resulte electo para la instalación, indefectiblemente nacerán nuevas poblaciones para alojar a los trabajadores. Esto significa crear en la provincia un nuevo polo de desarrollo, no muy distinto en magnitud a lo que significan el Centro Atómico Bariloche o INVAP.

Los opositores no dicen nada de esto. “No es no” es el lema, mientras olvidan que Río Negro es una provincia nuclear por experiencia y excelencia. Basta recordar nombres como el de Balseiro para entender que siempre hubo aquí un importante impulso al desarrollo atómico.

Los que se oponen a la construcción de la central nuclear desde sus convicciones ambientalistas, merecen el máximo respeto a sus ideas. Los que se ocultan tras dudosas razones políticas, apetencias personales y equívocas defensas económicas territoriales, deben sincerarse.

Las voces más fuertes opositoras se escuchan desde el Alto Valle. Y esto es algo sugerente. Allí residen quienes han acumulado poder, político y familiar y hoy se enfrentan a cambios de escenarios que amenazan su hegemonía.

Río Negro tiene zonas económicas claramente delimitadas. La cordillera y el Alto Valle son, históricamente, donde se realizaron las mayores inversiones en desmedro de la Línea Sur, el Valle Inferior o el extremo Sureste provincial. Impulsar la construcción de la central nuclear con sus 8.000 millones de dólares y 4.000 puestos de trabajo significa valorizar una región que crecerá, indefectiblemente, con radicación de industrias, relocalización poblacional y nuevos paradigmas sociales que hoy no tienen otras regiones.

Se puede ser coherente con las convicciones personales. Se puede ser consecuente con las ideas políticas. Lo que no se puede es ser miserable con el bienestar general y con todo aquello que signifique cambiar positivamente la economía de miles de rionegrinos. La central nuclear planificada propone esto y ni siquiera los resquemores sobre asuntos de seguridad son válidos a la hora del análisis.

Sería un ejercicio ocioso preguntarse qué pasaría si la central estuviera planificada para construirse en el Alto Valle (en Bariloche ya hay reactores nucleares). ¿La postura política de Soria y compañía sería la misma, o abrazarían el proyecto para capitalizarlo a nivel personal? La respuesta parece obvia.

Roberto Jorge Vargas
Legislador rionegrino

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