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Los contratos inteligentes, ¿el fin de los problemas?

La noticia de que IBM está invirtiendo en blockchains nos lleva a pensar que los contratos inteligentes tienen un futuro cierto.

Antes de avanzar, debo aclarar que blockchain funciona como un libro de registros, abierto y descentralizado donde se registran las transacciones realizadas. Estas cadenas de bloques (o registros) son los que le dan valor y credibilidad a las monedas digitales. Pero esas cadenas de bloques no solo registran monedas sino que se le pueden dar otras funciones como por ejemplo, celebrar contratos programados y autoejecutables.

Contrato inteligente se llama a los contratos automatizados, cuya ejecución es hecha por un software, pero siguiendo las condiciones pactadas por las partes. Es decir, el software sigue los comandos que le programó el usuario.

En estos casos los usuarios son los contratantes. El ejemplo más simple de un contrato inteligente es el de las máquinas expendedoras de bebidas. Cuando el software registra el pago correcto, entrega la mercadería elegida.

La idea de los contratos inteligentes es anterior al Bitcoin y el concepto fue desarrollado por Nick Szabo en su paper de 1997 “Formalizing and Securing Relationships on Public Networks”.

Si bien el concepto está en fase de desarrollo los usos que se le podrán dar a estos contratos será inmenso. Si le sumamos a esta idea, la internet de las cosas (IoT) podremos observar en un futuro no muy lejano que los autos se abastecerán solos en las estaciones de servicio, y se debitará el pago de las cuentas de sus dueños. O que una heladera enviará el pedido de los alimentos faltantes directamente al supermercado.

Esta tecnología modificará el concepto de contrato, que actualmente es el acuerdo de voluntades de personas con capacidad legal para contratar. En los contratos inteligentes no necesariamente un de las partes será persona.

La idea que nos moviliza de los contratos inteligentes es la seguridad y la garantía de cumplimiento que traen consigo. Pero, ¿puede deshumanizarse la naturaleza de la contratación? En ese sentido, los contratos inteligentes podrán acercarse más a los contratos de adhesión, que a la idea del acuerdo libre de voluntades.

De la mano de las cerraduras inteligentes los inquilinos morosos en el pago de los alquileres no podrán ingresar más a la vivienda. Se podrían pactar de antemano cuotas alimentarias para los hijos, que ante la situación de divorcio cargan el débito directamente en el sueldo del obligado al pago. Se podrán automatizar herencias o donaciones.

Estos ejemplos son solo algunos usos que se les podrán dar a los contratos inteligentes, de modo tal que los terceros y mismo la justicia tendrá escasa participación en el mundo de las relaciones jurídicas.

Ahora bien, la deshumanización de la contratación puede llevar la línea de la equidad al límite de la injusticia.

Sebastián A. Gamen
Profesor - Abogado especialista en Derecho informático y Nuevas tecnologías.

Contacto: www.sebastiangamen.com [email protected]

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