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Senador: hay que respetar al pueblo mapuche

“Todos los pueblos –escribió César Currulef- nacieron alguna vez. Aquel numeroso de Abraham, los caldeos y el reinado asirio de Senaquerib, los fenicios y el imperio romano, el gran Temuji Kan de la Mongolia, los moros invasores de la tierra castellana y los hunos genuflexos a las puertas de la Roma cristiana”.

“Y en la América fragante de Cristóbal Colón, antes, pero mucho antes, civilizaciones mayas y aztecas, en el cenit de su sabiduría la dejan esculpida para la posteridad”.

“Al norte del hemisferio, los pueblos piel roja y, bajando por las aguas del Pacífico, los incas, el reino de la araucanía y los pascuences, fundadores en la inmensidad de los confines, numerosos como las arenas del mar”.

“Pero el tiempo pasa como la dicha y allá, en el Sur, a la vera del Cullvulavquen hollaron sus faldeos conquistadores y frailes, poblando la tierra, ‘la ciudad de los césares’ en las barbas y ante el asombro del pueblo mapuche. Lo demás es historia conocida. Y entonces debo decir que yo también he venido al mundo y me asombré de ver tanta maravilla: lagos, basalto, cóndores y nieve, como también pequeños pájaros multicolores, que en invierno se guarecen a orillas del gran lago”.

“Allí compartí buena parte de mis vivencias que traigo a la memoria. Porque humildes y enteros me ofrecieron el fuego de sus braseros, el charque, recordándome las veranadas más allá de Anecón, por ‘Marquinchao’, Valcheta, el Caín, Pailemán, Tembrao… y así en ese “marí, marí peñí” dándome su techo o el jarro caliente de pulkú, esperanzados, sufrientes, generosos, sensibles, pasé largos años difíciles de olvidar”.

Los obispos reunidos en Puebla, hablando de los pueblos originarios, explican que “los derechos humanos se violan no sólo por el terrorismo, la represión, los asesinatos, sino también por la existencia de condiciones de extrema pobreza y de estructuras económicas injustas que originan grandes desigualdades”.

En consecuencia, –asumen –dicen los obispos- el compromiso de superar la mentalidad y praxis del desarrollo inducido desde fuera, a favor del autodesarrollo a fin de que estos pueblos sean artificies de su propio destino; contribuir eficazmente a frenar y erradicar las políticas tendientes a hacer desaparecer las culturas autóctonas como medios de forzada integración, o por el contrario, políticas que quieran mantener a los indígenas aislados y marginados de la realidad nacional, impulsar la plena vigencia de los derechos humanos de los indígenas incluyendo la legítima defensa de sus tierras, revisar a fondo nuestros sistemas educacionales para eliminar definitivamente todo aspecto discriminatorio en cuanto a métodos educativos, volumen e inversión de los recursos, hacer todo lo posible para que se garantice una educación adecuada a sus respectivas culturas, comenzando incluso con la alfabetización bilingüe”.

Es alarmante como se habla ligeramente de los “lugares sagrados” del pueblo mapuche-tehuelche, con un desconocimiento de su cosmovisión que alarma. No solamente son lugares que, desde lejanos tiempos, utilizan para sus prácticas ancestrales cuyas claves se pierden en la noche de los tiempos, sino que cada actor de la naturaleza reviste un sentido sagrado y de respeto: los árboles, los ríos y lagos, las montañas, los animales, el entorno en general.

Un Decreto Ley marco para todos los pueblos preexistentes de la nación es el refrendado por el entonces presidente Juan Perón, donde muestra una evidente preferencia por las comunidades indias del territorio nacional, y cuya raigambre indígena es notoria: Pues Juana Sosa, su madre, lo era.

Con respecto al voto de los paisanos –señala Currulef-, “queda en claro una situación delicadísima que va en desmedro de los grupos étnicos. Al saber que, al paisano, sólo se lo tiene en cuenta en épocas de elecciones. En estas ocasiones, los oportunistas de siempre, los que hacen de la política su agosto, son los que aparecen sin importarles mayormente la razón de la participación de la gente”. Doy asimismo fe de aquellos dirigentes capaces, claros y sensatos, que se definen a favor de los desposeídos y de los sin voz, aunque con voto”.

Desde los medios masivos de comunicación y desde los desatinos interesados de algunos políticos, se habla mucho para denigrar no sólo al pueblo mapuche, sino a todos los pueblos indios del país, ignorando o tergiversando la cultura y la forma de vida de estos pueblos. Convendría decirles que acá, en Patagonia, el silencio es salud. Y recordarles, por si acaso: “Hablar poco de lo que se sabe y nada de lo que no se sabe”.

(*) El autor de la columna es escritor.
Valcheta – Río Negro.

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