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Nuestras creencias

Todos los seres humanos albergamos alguna creencia. Si voy a comer a un restaurante y, después de haber pedido mi plato, pasa un tiempo largo y el mozo no aparece, seguramente me enojaré y le reclamaré a quien me atendió. Ahora, si el mozo me explica que un cliente aparentemente tuvo un infarto y tuvieron que llamar a emergencias, inmediatamente el enojo desaparecerá. 

Por Doctor Bernardo Stamateas - 

¿Por qué ocurre eso? Porque los pensamientos generan emociones. Entonces cuando cambiamos lo que pensamos, automáticamente nuestro mundo emocional se transforma. Ya sea que nos demos cuenta o no, gran parte de la infelicidad que experimentamos es el resultado de las mentiras que nos decimos a nosotros mismos. Muchas veces, lo que creemos que es un problema causado por terceros es algo que nació en nuestro interior. 

Por eso, mis circunstancias (aun cuando no sean ideales) no determinan mi calidad de vida, sino lo que yo “elijo” creer sobre esas circunstancias. Si buscamos cambios verdaderos, positivos y duraderos, de nada sirve modificar las circunstancias. Lo que hay que modificar es el propio sistema de creencias, ya que: Una creencia equivocada solo acarrea sufrimiento.

Es una creencia muy común el hecho de que las emociones se acumulan hasta que llega un momento en el que explotan. Esto no siempre es así porque, como se ha descubierto en el campo de la psicología, si cambiamos los pensamientos, cambia la manera en que nos sentimos, vemos la vida y actuamos.

¿Qué es una creencia?

Como mencionamos, todos tenemos “creencias” que nos han transmitido desde chicos a través de la familia y la sociedad. Son ideas o conceptos que consideramos verdaderos y rigen nuestra vida. En algunos casos, son más rígidos y difíciles de modificar que en otros (porque la persona cree que tiene razón y el otro está equivocado). Para cambiar una creencia, hay que comenzar por realizar una mirada introspectiva que nos permita descubrir cuáles son los pensamientos erróneos que tenemos en la mente, lo que se conoce como “sistema de creencias” y nos puede conducir a sufrir innecesariamente.

Si yo tengo un vaso con agua y, con un gotero, le echo una gota de tinta negra, esa gota va a contaminar el agua. Si luego, le echo otra gota y otra y otra, de a poco toda el agua irá tomando color oscuro. ¿Qué pasará si bebo esa agua? Exactamente así es mi diálogo interno: cada cosa negativa que creo primero y luego me digo a mí mismo contamina mi mundo interior.

Aunque no seamos conscientes de ello, nuestro diálogo interno siempre está activo y puede ser positivo o negativo. Yo puedo hablarme a mí mismo y automotivarme o puedo hablarme a mí mismo y desmotivarme o deprimirme. ¿Dónde nacen los pensamientos negativos? Así como aprendemos mal algunas cosas prácticas, también aprendemos a “pensar mal”. Pero como todo lo demás, es posible desaprender este hábito (el diálogo interno negativo) y reemplazarlo por su contrario (el diálogo interno positivo).

Lo que nos decimos a nosotros mismos (en voz alta o baja) impacta directamente sobre nuestras emociones y acciones.

Con el tiempo, los pensamientos se vuelven automáticos. Simplemente “surgen”. Por eso, nos cuesta tanto reconocerlos y cambiarlos. “Pensar bien” implica gastar nueva energía y prestar atención. ¿Dónde empezar? Deteniéndose a examinar qué pensamientos ya no sirven, para luego proceder a cambiarlos por aquellos que sí funcionen. 

Recordá: muchos de los pensamientos (ideas) que todos creemos como verdaderos son mentiras. Y los pensamientos “siempre” provocan conductas. ¿Qué conductas te parece que provocarán los siguientes pensamientos?:

-El mundo es un lugar peligroso.
-Estoy solo y nadie me ayuda.
-Esto es muy difícil.
-Nunca nadie lo hizo antes.
-No sirve para nada.
-Nunca se acuerdan de mí.
-¿Qué voy a hacer sin él/ella?
-No me siento querido.
-¡Qué salga como salga!

Y la lista podría continuar… necesitamos revisar ciertas creencias porque éstas tienen su lugar y su tiempo. Quizás lo que fue bueno creer ayer puede haberse transformado en lo malo de hoy. Te animo a confeccionar un inventario de todo lo que creés y a cambiar “todo” lo que no sirve.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a [email protected]

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