Menu
denuncia-whp

EMOCIONES ENCONTRADAS

Viajes peligrosos - Por Edgardo Lanfré

La incipiente aldea de los años 40 se iba extendiendo a la orilla del lago y subiendo por la falda del cerro. Tiempos en que los carros tirados por caballos o bueyes iban dando paso a los vehículos de cuatro ruedas. Ya inundaban las calles el traqueteo de los motores.

El vecino había invitado a la muchachada del barrio a una excursión de pesca, para el lado del Limay, lo cual alteró la paz de la barra del barrio. Luego de los preparativos, finalmente, subieron a la vieja Ford T: un par adelante, junto al conductor y el resto en la caja, “calidad de bulto”.

A la salida del pueblo, al costado del camino, había un poblador de la zona ribereña, evidentemente esperando que alguien lo acercara “pa´las casas”. El conductor le ofreció llevarlo si no tenía inconvenientes de viajar en la caja. Aquellas eran huellas que estaban tratando de pasar a ser caminos: curvas, contra curvas, subidas y bajadas pronunciadas, y mucho ripio suelto que hacía estragos, no sólo en los neumáticos, sino en toda la carrocería del vehículo, lo que provocaba que casi saltaran del asiento sus ocupantes... Ni que hablar de los que iban en la caja. Se tenían que sujetar unos a otros.

A poco de retomar la marcha, encararon una pronunciada bajada, que allá abajo se enroscaba en una curva. Cuando llegaron allí, aparentemente la inercia producida al doblar hizo que se rompiera un extremo de dirección, por lo que se salió la rueda, el auto se inclinó y volcó, provocando que salgan despedidos todos los que iban en la caja. Cuando se disipó algo la polvareda producida por el revolcón, comenzaron a pasar lista y ver si había algún lastimado. Por allá, de entre unos neneos, apareció el gaucho sacudiéndose su ropas y dando gracias a Dios por no haberse lastimado.

Todos se preocuparon por él, por dos razones: una, que era una responsabilidad llevar a alguien desconocido; y otra, porque ya era un señor mayor y su estado general corría más riesgo que el de un muchacho. La osamenta ya no es la misma. Mientras se comentaba el suceso, el dueño y el chofer arreglaron el elemento mecánico: alambre y pinza nunca faltaba en los cajoncitos de herramientas. Por fin, se dio la orden de embarcar y continuó el viaje.

Aquellos vehículos tenían una primera lenta pero con una fuerza capaz de remolcar a un tren; luego de tomar envión, se pasaba a la directa, la cual alcanzaba una velocidad respetable para esos tiempos. Así iban, en directa y por una pampita. De pronto, el pronunciado serrucho del camino, hizo que la cola del vehículo se atravesara y amagaba ponerse a la par de la cabina, se trabó y se interrumpió el deslizamiento, por lo que nuevamente tumbó el vehículo. La escena era la misma de momentos anteriores: desparramos varios y el gaucho otra vez apareciendo de entre los neneos a la vera del camino. Pero esta vez, mientras se golpeaba la ropa con su sombrero, tratando de sacarse el polvo del revolcón, se acercó al conductor y con cierto tono de disculpa le dijo: “sabe que señor, voy a seguir de a pie mejor, si no voy a llegar muy estropeao...”.

volver arriba
Gif cordillerano V2 Invierno

Si Ud. siente que algún comentario, hecho por lectores, en este artículo o en alguna de nuestras redes sociales lo perjudica, denúncielo haciendo click aqui o telefónicamente al 0294-4431409. 

denuncia-whp

 

Datos de contacto

Diario El Cordillerano
Bariloche Argentina.
F.P.Moreno 975 S.C. de Bariloche
Tel: +54-294-4431409
Email: [email protected]