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EMOCIONES ENCONTRADAS

Milicos de pueblo - Por Edgardo Lanfré

En algún pueblo de la región, sucedieron estas dos contadas que involucran a los uniformados. Yo siempre digo, que en los pueblos chicos o parajes, al milico se lo suele elegir no tanto por su cultura general, sino más bien por su tamaño, ya que tiene que lidiar con gente fornida y cortita de carácter.

Cierta vez, en algún pueblo de la Línea Sur, pasó que, después de la actuación junto a otros cantores, nos invitó a comer a su casa el comisario. Llegados al lugar, al rato, vino quien oficiaba de asador y le dijo al comisario que el chivo ya estaba listo. Acto seguido, lo subió a la camioneta y se lo llevó. Cuando volvió, le preguntamos a dónde había ido: “lo fui a dejar a la comisaría…”. Era un gaucho que estaba preso, al cual le había pedido que le cocinara el asado.

Otra vez, un milico nuevo había cobrado su primer sueldo. Eran épocas en que los empleados públicos cobraban con cheques emitidos por la repartición a la que pertenecían, así que el amigo se dirigió y se “constituyó en el inmueble”-para utilizar un lenguaje acorde- donde funcionaba el banco y le alcanzó el cheque al cajero.

Este, luego de constatar los datos, le dijo al agente:

- Firme al dorso.

El uniformado tomó el cheque, lo metió al bolsillo y se fue para el lado de la puerta. Salió afuera, caminó un poco y, como a la media hora, encaró otra vez para la caja, pasándole el cheque al cajero. Este nuevamente le dijo:

- Sí, señor. Se lo pago, pero firme al dorso...-. Y al ver el desconcierto del agente, le explicó:

- Atrás señor, el dorso es atrás-. Entonces sí, agarró trote el amigo y firmó. Le pagaron y se retiró contento.

El domingo siguiente, en el pueblo, había carreras cuadreras. Se llaman así, ya que la distancia que corren es más o menos una cuadra, por la calle principal, donde se agolpan los vecinos para apostar o simplemente a curiosear.

Los competidores montados se van allá al fondo, comienzan a trotar y a una señal se vienen al galope. La gente se cierra sobre la calle, para no perderse detalle, de modo que la tarea de la policía es contener al público sobre la vereda, si la hubiera.

Entonces, ahí andaba nuestro amigo, el del cheque:

- Vamos, vamos, vamos; corriéndose. “Al dorso, al dorso”.

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