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Cómo enfrentar la enfermedad

¿Has estado enfermo alguna vez? ¿Tenés algún ser querido enfermo? Todos nos enfermamos, o nos vamos a enfermar, porque es parte de la vida. Quiero hablarte aquí de lo que podemos hacer frente a esta realidad. 


Hay dos tipos de enfermedades: las enfermedades agudas que vienen y se van, como un resfrío; y las enfermedades crónicas como el asma, la diabetes, el cáncer o una discapacidad física. La palabra crónica viene de kronos que significa “duración en el tiempo”. Cuando uno se enferma lo que sucede es que sufre una pérdida de algún tipo: la belleza, la movilidad, la autonomía, etc. Entonces se activan dos grandes miedos: si nos vamos a morir o no y si vamos a quedar discapacitados o no. Hay tres cosas que no deberíamos hacer cuando nos enfermamos:

1. Pararnos en el lugar de víctima

El enfermo que se siente víctima manipula con su enfermedad. Si yo tengo un hijo y, cada vez que se enferma le doy un juguete, un regalo, un abrazo o un mimo, el nene dirá: “Me tratan mejor que cuando estoy sano, así que me conviene enfermarme”. Y de grande probablemente también use la enfermedad para manipular. Por eso, hay gente que no se cura porque la enfermedad le sirve para pararse en víctima y manipular.

2. Pararnos en el lugar de impotencia

Cuando yo me enfermo y dejo de hacer las cosas que habitualmente hacía, me paro en el lugar de impotencia. Si me enfermo, tengo que seguir con mi vida exactamente igual que antes (en la medida de mis posibilidades). Hay gente que se enferma y deja de trabajar, o de encontrarse con sus amigos, o de practicar su pasatiempo favorito. También enfermarse y empezar a revisar las relaciones para atrás es pararse en un lugar de impotencia. Conocí a una mujer que se enfermó de gravedad y le decía al marido: “Me enfermé porque vos me trataste mal”. Cuando yo me enfermo, no tengo que revisar para atrás porque eso ya pasó y voy a perder tiempo revisando algo que ya no existe. El pasado no lo puedo cambiar, entonces lo mejor es cambiar para adelante. La enfermedad no es para mejorar mis relaciones con los demás, sino la relación conmigo mismo.

3. Sentirnos culpables

“Esto es un castigo de Dios… este es mi karma… esto es herencia de mi abuela… esto es por no haberme cuidado”, dicen muchos cuando se enferman. Cuando yo me paro en la culpa, me enfermo aún más porque estoy enviando un mensaje a mi sistema defensivo inmunológico de que estoy vencido. Hay gente a la que el médico le da un diagnóstico y lo toma como una condena de muerte.

Ahora, ¿qué cosas no deberíamos hacer los que estamos afuera para ayudar a alguien que atraviesa una enfermedad?

No explicar

Si una persona se enferma de gravedad y yo la voy a ver y le digo: “Esto te pasó por tal o cual motivo”, dicha explicación que doy en realidad es para calmar mi angustia. Si yo le explico a alguien: “Esto te pasa porque trataste mal a tu padre”, ¿eso significa que el que trata bien a su padre, no se va a enfermar? No, es un engaño para calmar lo negativo que yo siento. Ante la enfermedad ajena, no hay que explicar nada.

No trasmitir nuestro dolor

Cuando un ser querido se enferma, debemos soportar el dolor con la mayor entereza posible y no trasmitírselo al enfermo. Si a quien enfrenta la situación difícil le trasmito mi angustia, no estoy pensando en él o en ella sino en mí mismo. Hay gente que comenta: “Yo no entiendo por qué Dios permitió eso. ¡Qué dolor! Estoy muy mal”. De ninguna manera están pensando en el otro. Yo me puedo angustiar y estar triste por lo que pasa pero tengo que encerrarme en mi habitación y a solas descargar lo que siento. Cuando voy delante del que sufre es fundamental transmitirle fe y mostrarle que tiene todo mi apoyo.
Procuremos enriquecer nuestra vida y esforcémonos cada día para tener buena salud, tanto a nivel físico como emocional y espiritual. Se trata de tomar un rol activo y darle batalla a la enfermedad aún antes de que aparezca.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a [email protected]

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