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Principios para vivir en plenitud

Así como una escalera o un balcón tienen una baranda para que la gente no se caiga, la mente debe tener límites para controlar los impulsos. Si queremos disfrutar de vida plenas, necesitamos aprender a manejar nuestros impulsos. La impulsividad consiste en actuar sin pensar, algo que es moneda corriente hoy en día.

Siempre que hay un estímulo, hay una respuesta y, entre el estímulo y la respuesta, hay un pensamiento. En algunas personas el pensamiento es muy breve y saltan del estímulo a la respuesta. Otros, en cambio, tienen un pensamiento más amplio. Siempre que uno actúa bajo impulso comete errores; pero cuando uno aprende a dominar sus impulsos, a ponerle límites a su mente, termina entrando en la plenitud.

Algunas señales de impulsividad en nuestra vida a tener en cuenta:

* Sentirse inquieto en lugares de reunión.
* Dificultad para prestar atención.
* Dificultad para concentrarse.
* Comprar cosas y después arrepentirse.
* Decidir rápidamente.
* Enojarse por tonterías.
* Gritar de manera habitual.

Cuando una persona no sabe manejar una situación, siempre va a reaccionar mal. La gente inmadura es impulsiva. Durante los primeros seis meses de vida, aprendemos a manejar los impulsos y a esperar, es decir a ponerle límites a nuestra mente. Esto es fundamental para convertirnos en adultos capaces de edificar sus vidas sobre una base firme, pase lo que pase en el camino.

Actualmente somos testigos de muchos jóvenes, y también adultos, que tiene dificultad para poner límites a sí mismos y a los demás. Comparto tres actitudes que pueden ayudarnos a tal fin:

* Poner pausas de 24 hs: Cuantas más ganas sintamos de reaccionar, más pausa de 24 hs tenemos que hacer. ¿Por qué? Porque todo se ve distinto después de ese tiempo. Pero cuando uno está enojado, actúa bajo esa emoción y se equivoca por actuar rápido. Cuando el enojo baja, podemos pensar (y responder) con calma.
* Tener en claro qué quiero lograr: Si yo voy a comprar una docena de facturas y la empleada me grita y yo le grito, seguramente me involucraré en una pelea. Lo que tengo que hacer es pensar cuál es mi objetivo: en este caso llevarme las facturas. Cuando perdemos el objetivo de lo que queremos lograr, del lugar donde queremos llegar, nos desenfocamos y no podemos actuar estratégicamente.
* Aprender a editar: Nunca deberíamos decir todo lo que nos viene a la cabeza. “Yo soy frontal y digo la verdad”, explican algunos. En realidad, esa actitud es de impulsividad. Necesitamos aprender a editar todo lo que hablamos porque esto nos tiene que ayudar a lograr nuestros objetivos.

Hay gente que escribe o habla y los demás quieren alejarse. Aprendamos a editar, es decir, a pensar bien cada palabra en función de lo que deseamos lograr.

En este tiempo en el que solemos hacer resoluciones de año nuevo, propongámonos como meta aprender a ponerle límites a nuestra mente. Se trata nada más y nada menos que de “tener dominio propio”, lo cual siempre nos conduce al éxito y a una vida plena y satisfactoria.

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