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El octavo brazo del Nahuelhuapi (1)

En este texto, el marino mercante, apasionado, riguroso investigador y escritor Carlos Ariel Solari, autor del libro “Las Modestas del Nahuelhuapi” (Editorial Caleuche 2011), comparte el misterio del octavo brazo de nuestro lago: ignorado en casi toda la documentación y cartografía histórica, y recuperado para su próximo bautismo.

Cuando entro a un lugar que en alguna de sus paredes tiene colgada una carta náutica, me provoca una sensación muy agradable; más aún si ésta tiene cierta antigüedad. Claro que esto puede ser demasiado obvio pues soy marino mercante. Pero esta emoción no es exclusiva de los navegantes.

En el comedor diario de nuestra casa hay unas paredes que están empapeladas con reproducciones de cartas de Patagonia y del lago Nahuelhuapi, “El Decano de los Lagos” como lo nombraba F. P. Moreno, y es sorprendente observar el efecto que causa en cada nueva visita: casi instantáneamente comienzan a navegar por las paredes.

El bienestar que otorga navegar estas andinas aguas es aún más asombroso.

Una de las virtuales maneras en que disfruto navegarlo, durante las borrascosas singladuras que impiden su navegación, es indagar en su historia cartográfica y geológica.

El escritor español Pérez Reverte cita una frase de un navegante que grafica de maravillas este pasatiempo: “una carta náutica es mucho más que un instrumento indispensable para ir de un sitio a otro; es un grabado, una página de historia, a veces una novela de aventuras” (Jacques Dupuet).

Algunos investigadores sostienen que los mapas precedieron a la escritura.

Son una forma de lenguaje gráfico y producto de una construcción cultural dominante. Cargados con mano sutil, de desventuras en forma de silencios, como sustenta el geógrafo, cartógrafo e historiador John Brian Harley, considerado el padre de la cartografía crítica.

Fue altamente didáctico y fascinante este largo recorrido cartográfico, desde la primera aparición del topónimo Nahuelhuapi en 1705, sobre el plano del jesuita de origen francés Jean A. X. Nyel, en el que no aparece el lago representado; hasta las cartas actuales.

Me fue útil explorar además en los informes de los geólogos y naturalistas que a principios del siglo XX dedicaron parte de sus investigaciones al Nahuelhuapi, que revelan como factor común, la singularidad de la cuenca del lago en muchos sentidos.

Por ejemplo, el geólogo italiano Gaetano Rovereto, quien llama la atención sobre la forma “extraordinariamente ramificada” que había dado origen a los numerosos fiordos o brazos de nuestro lago.

Desde los primeros relatos y planos de los viajes en busca de la fabulosa “Ciudad de los Césares”, se iban insinuando estas “irregularidades” o brazos, como en los planos de los jesuitas, a las cartas posteriores que tuvieron un fin mayormente Topo-hidrográfico, como la carta de la Comisión del Museo de la Plata -1896-, que obtiene el primer plano exacto del lago.

Se debe poner en contexto las técnicas cartográficas de cada época, durante ese extenso período de casi dos siglos.

En cada exploración, iban apareciendo de alguna manera delineados estos brazos, que en ocasiones conjuntamente fueron bautizados.

Una vez reunida gran parte de la cartografía, crónicas e informes; me llamó la atención el número de brazos determinados.

El primer reconocimiento exhaustivo y con un resultado científico fue el realizado por la Comisión Exploradora de la Oficina Central de Hidrografía de la Armada Argentina; desde dic.1883 a feb.1884, a cargo del teniente de Marina Eduardo O’Connor. Este trabajo marcó un antes y un después, por primera vez sus brazos aparecen cartográficamente completos.

A fines del siglo XIX comienzan a trabajar las comisiones de límites de Chile y Argentina y, el ingeniero Carlos E. Martínez realizó la mensura de la Colonia Pastoril Nahuel Huapi, por encargo de la Dirección de Tierras y Colonias. El avance en la cartografía es notable.

Pero hay tres trabajos del siglo XX que terminan de graficar y bautizar a su tiempo los brazos del Nahuelhuapi.

Las tres cartas en orden cronológico son: la de la Comisión de Estudios Hidrológicos dirigida por Bailey Willis, en 1914; la de los ingenieros H. Anasagasti y E. Frey, en 1926, y la de la Comisión de Estudios Limnológicos, a cargo del ingeniero L. Deletang, luego relevado por su par I. R. Cordini, quien publicó el mapa en 1939. Este último mapa es el más completo en los hidrónimos de los brazos.

Cuando se enumeran los hidrónimos en estos informes y en las cartas siempre resultan siete brazos.

En 1972 apareció el Derrotero del Lago Nahuel Huapi, del Servicio de Hidrografía Naval, que también estableció siete brazos. En 2003, el trabajo del Departamento Provincial de Aguas de Río Negro y la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas sobre calidad de las aguas reafirmó: “El lago

Nahuel Huapi presenta un cuerpo principal y siete áreas bien definidas denominadas “brazos” de las cuales dos fueron relevadas en este trabajo”.

¿Y el octavo?

Curiosamente, todos omitieron el octavo brazo, salvo el informe de Bailey Willis; que lo describe con el nombre de “Brazo Manzano”. Es el que está al oriente de la península de Quetrihue, y que hoy el uso y costumbre de los navegantes del Norte del lago llaman “Brazo Angostura”.

Existió también una Guía de la Dirección de Parques Nacionales en 1938, que en su plano Nº 6 mantenía este hidrónimo de “Brazo Manzano”.

Aliento a los navegantes del norte del lago, a iniciar las gestiones ante las autoridades de Aplicación, para oficializar el hidrónimo “Brazo Angostura” en la cartografía. Y de este modo evitar la instalación de bautismos inadecuados, como lo hizo Google Maps llamándolo “Bahía San Patricio”.
Al octavo brazo ¡Salud!

(1) Elijo el nombre de Nahuelhuapi, en un solo vocablo, por considerarlo más correcto desde el punto de vista fonético. Así suena en los dialectos mapudungun y también así se escribió en la grafía española original.

Existen altas posibilidades que el modo de escribirlo en dos vocablos, haya sido iniciado por la pésima traducción del libro de Thomas Falkner: A Description of Patagonia and the adjoining parts of South America, de 1774, que realizó inmediatamente el español Manuel Machón.

Esta traducción se transcribió por primera vez en el Tomo 1º de la “Colección de Obras y Documentos de las Provincias del Río de la Plata” editada y publicada en 1836 en Buenos Aires, por la Imprenta del Estado a cargo de Pedro de Angelis.

Es el inglés Woodbine Parish, diplomático en Buenos Aires, además de comerciante, científico y cabildero británico, quien lo popularizó separado por un guión y conservando la letra hache de huapi en minúscula, en su libro de 1839, y reforzado por la edición castellana de 1852 en Buenos Aires.

En 1863, fue el chileno de origen inglés Guillermo Eloy Cox, (admirador de Sir Parish a cargo de la vicepresidencia de la Real Sociedad Geográfica de Londres), quien mantuvo el guión, pero hace mayúscula la letra H. Décadas más tarde desapareció el guión.

Deseo agradecer la colaboración de M. Cristina Spadafora y Daniel Lorenzo en la revisión y corrección del texto.

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