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LA JUSTICIA TARDÍA NO ES JUSTICIA

 

Se dice que aproximadamente el 70% de los argentinos no creemos en la justicia, sin embargo cuando se detiene a una persona es común escucharlo decir “yo confío en la justicia”.

El 26 de diciembre, a días de iniciarse la feria judicial, la Corte de Justicia de la Nación resolvió un recurso presentado por dos ciudadanos en el cual planteaban fundamentalmente que la sentencia de la Cámara Federal de Casación Penal y el proceso todo, se había desarrollado a lo largo de años,  fuera de los plazos razonables, violando así sus derechos protegidos constitucionalmente. Alegaban que ni siquiera se había considerado que ante la Cámara ya se había planteado esa misma defensa y que el tribunal no los había atendido.

En este juicio se le reclamaba a esos y otros condenados, el haber perpetrado un fraude contra la administración pública, hecho que habría ocurrido a fines de la década de los ’90 y principios de los 2000. La investigación se inició en el 2003, la elevación a juicio fue en el año 2006 y la citación al mismo en el 2008, para que recién en el 2014 se dictara sentencia, a días de la prescripción. Fallo que fue confirmado en el 2016, diecisiete años después de los hechos que habrían dada lugar al proceso.

Es de resaltar que la Cámara Federal de Casación trató de justificar esta demora en arribar al dictamen final en que la causa revestía una complejidad singular, que se había dado lugar a innumerables recursos y peticiones. Este expediente peregrinó por tribunales de San Carlos de Bariloche, Gral. Roca y Buenos Aires, en esta última por dos instancias y tribunales diferentes.

Ante un nuevo recurso de apelación, la causa llegó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Esta sostuvo que la demora en arribar a una sentencia definitiva no podía ser imputada a los procesados y menos afectar sus derechos y garantías amparados por los artículos 14 y 18 de la Constitución Nacional y, citando su propia jurisprudencia determinó que la sentencia recaída hacía un par de años era arbitraria porque se habían violado aquellos derechos.  Dicho esto, se dispuso la inmediata libertad de los mismos sin que se pueda volver a juzgarlos, la acción ha prescripto. Nunca sabremos si estos señores son inocentes o no, y la verdad es que esto resulta irrelevante. O no.

Es irrelevante que un fallo de la Corte Suprema de Justicia haya dispuesto la libertad de cuatro personas a las cuales se les imputaba un hecho grave porque la misma justicia es inoperante? Para mi no lo es.

Hace poco, ante la inminente liberación de varios represores, se instaló en la sociedad un profundo debate sobre la llamada ley “dos por uno” que tiene más de veinte años. En ellas se dispone que a partir de los dos años de detención sin que medie sentencia, los días en prisión serán considerados dobles a los efectos de una posterior sentencia. Como decía, fue tan fuerte la discusión y el rechazo tan generalizado que el Congreso mediante la ley 27.362 dispuso que este sistema no se aplicaría a los procesos en los cuales se imputara delitos de lesa humanidad. Ahora, esto para ese tipo de delincuentes pero que pasa con el resto?

Si la justicia se expidiese rápido y en forma, el dos por uno no se aplicaría jamás. No tendría razón de ser.

Casi el sesenta por ciento de los privados de la libertad que se encuentran en establecimientos penales federales o provinciales no tienen sentencia. Son procesados sin condena. La población carcelaria ha aumentado en 40% en los últimos años.

Esto lleva a resultados no queridos: la puerta giratoria y los jueces garantistas. Es común escuchar hablar de estos de dos fenómenos. En el primero de los casos los detenidos “salen” de las comisarias antes que las víctimas o denunciantes, en el segundo, ante la más mínima duda y en muchos casos sin una profunda investigación se dispone la libertad del imputado. Recordamos a un reciente ministro de la Corte Suprema de Justicia que se enrolaba en este grupo de sentenciantes.

Ni que hablar de los casos de violadores y homicidas que, en vez de estar cumpliendo sus condenas están en la calle delinquiendo y cobrándose vidas. El lector puede hurgar noticias recientes y verá varios casos.

Ahora, no es sólo la Justicia Penal la morosa, la que posibilita que con su parsimonia la sentencias se conviertan en injustas por tardías. Basta recorrer tribunales locales y federales (la excepción es la Cámara del Trabajo de Bariloche) para constatar que la mayoría de los juicios demandan años y en muchos casos décadas. Reclamos patrimoniales como desalojos, usurpaciones, juicios por daños en accidentes de tránsito entre otros. Con un agravante, en estos últimos (los reclamos por responsabilidad civil) puede darse que al momento de la sentencia el condenado o su compañía aseguradora ya no existan y entonces el reclamante se convierte en dos veces víctima: cuando sufrió el accidente y cuando debe afrontar los gastos de un juicio que ganó pero donde debe pagar honorarios y algunas costas.

Una vez me alguien me dijo que la Justicia Argentina es la madre de todos los males. No sé si es tan así, pero estoy seguro que muy lejos no anda la verdad. Podemos tener el mejor Ejecutivo, el mejor Congreso, pero si la Justicia que debe aplicar la ley que aquellos sancionaron y promulgaron no es eficiente, de nada sirve decir que vivimos en una República.

En los últimos meses vemos que un par de decenas de ex funcionarios nacionales han sido detenidos con prisión preventiva por diversos casos de corrupción. Decenas con preventiva y sólo uno o dos con sentencia.

Cómo hacemos para no caer en la sospecha que estos casos pueden terminar igual que proceso que detallamos al principio de la nota? Sería lamentable, para los imputados si son inocentes y para la sociedad toda si ve que Su Justicia vuelve a cometer los mismos errores.

Estoy escribiendo estas líneas al tiempo que los tribunales ya están en Feria. Mientras en resto de los organismos e instituciones públicas trabajan ocho o más horas diarias, los tribunales atienden seis y su personal tiene cuarenta y cinco días de vacaciones, a los cuales se les puede agregar licencias especiales por estudio, que implican otras semanas más de ausencia.

En Río Negro se ha advertido este problema y para tratar de solucionarlo se ha dispuesto una reforma esencial al proceso penal dándole más protagonismo a los Fiscales. En todos los fueros las notificaciones, casi en su totalidad, han pasado a ser electrónicas y la mediación o conciliación prejudicial ha logrado disminuir sustancialmente el índice de litigiosidad.

Aún así falta mucho por hacer. Los expedientes de papel siguen cosiéndose como hace cien o más años, las audiencias son interminables, los oficios (estos son pedidos de informes por escrito) y tantas otras cosas deben desaparecer, por respeto a los ciudadanos y por supuesto a los trabajadores de la Justicia.

Un párrafo para mis colegas abogados. Los hay leales y los que no, entre estos se encuentran quienes recurren a chicanas, tiran la pelota afuera, para que el curso de tiempo y no la justicia de fondo les favorezca.  Estos también deben ser mirados singularmente porque son auxiliares de Justicia que no están cumpliendo su juramento.

Hace muchas décadas Franz Kafka escribió una obra maestra que lleva por título El Proceso. En este libro nos damos cuenta que nosotros no inventamos nada, que estos males ya existen desde antaño y en todo el mundo. Lo que no es justificación para no hacer nada o lo que es peor, valernos de estos artilugios para obtener un beneficio.  Cambiar, Será Justicia.-

Sergio Capozzi

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