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Mientras Trump habla, China avanza

Los hechos antes que las palabras… Mientras Donald Trump termina de conformar su futuro gabinete y coquetea con Taiwan, China responde con expansión económica a sus diatribas. En efecto, a través de la empresa estatal China National Offshore Oil Corporation (CNOOC), la potencia asiática ingresó en el mercado petrolero mexicano. Las licencias de explotación que adquirió están al norte del Golfo de México, a pocos kilómetros de la frontera marítima entre aztecas y estadounidenses.

 

 

El ingreso chino es posible después de la reforma energética que instrumentó tres años atrás el gobierno mexicano. La modificación generó controversias y fuertes críticas fronteras adentro, porque puso fin al monopolio de la estatal Petróleos Mexicanos (PEMEX), situación que ostentaba desde 1938. Las nuevas reglas permiten las inversiones extranjeras en el sector energético.

Ni lerda ni perezosa, la CNOOC se mostró muy activa en la cuarta ronda de ofertas por campos petroleros mexicanos a comienzos del mes en curso y se quedó con dos de los ocho que se licitaban. La ganadora es una empresa que se fundó en 1982 y tiene al sector público chino como principal accionista. Para obtener los derechos de explotación sedujo al gobierno de México con una participación en las ganancias que superó en 10 por ciento a las propuestas de los competidores.

En un punto, no hay por qué sorprenderse. El ingreso de la CNOOC a México va en línea con la fuerte ofensiva comercial que desarrolla China en América Latina. Recordemos que a fines de noviembre el presidente Xi Jinping anduvo por Ecuador, Perú y Chile. Después de esa visita, Beijing difundió un documento de carácter estratégico en el cual explicita su vocación por encarrillar hacia una “nueva era” a las relaciones entre ambas partes.

Llamó la atención que China diera a conocer sus planes de inversión en estas latitudes cuando resta poco más de un mes para que se produzca la asunción de Trump, quien según sus declaraciones, conducirá a su país a un renovado proteccionismo. Recordemos que en sus anuncios de campaña, el presidente electo prometió deportar a millones de inmigrantes latinoamericanos indocumentados, sacar a Estados Unidos del acuerdo de libre comercio con Canadá y precisamente México, además de no avanzar con el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP), del que participan entre otros, Chile, México y Perú.

Queda claro que para Beijing, la era Trump se presenta como una coyuntura favorable a la extensión de su influencia en la región. Aquel documento cuenta con apenas 11 páginas y si bien no formula mayores precisiones, establece con claridad que habrá que esperar una mayor presencia china en América Latina. Se prevén 39 planes de cooperación en ocho sectores: política, economía, comercio, sociedad, cultura, cooperación internacional, paz y seguridad.

Los especialistas recuerdan que en 2008, China hizo público un documento similar que auguró sus posteriores estrategias. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en la actualidad los asiáticos fungen como el segundo socio comercial de América Latina, con una participación del 13,7 por ciento del comercio exterior de la región, datos de 2015. Los flujos más importantes fueron y vinieron a Brasil, Chile, Colombia y Perú.

Según admitió la publicación oficial “China Policy Review”, el objetivo chino en los próximos 15 años es sustituir a Estados Unidos como primer socio comercial de la región. Hay que creerle a Beijing porque las metas que se autoimpuso en su documento de 2008, en gran medida se cumplieron. La vocación china tendrá consecuencias en el desarrollo de la región y según analistas, la cooperación que plantea se basa una relación de ganar-ganar.

El desafío para América Latina consiste en modificar su tradicional rol de proveedor de materias primas, si consigue privilegiar intereses de largo plazo con su socio comercial. En Brasil, son destacables las inversiones asiáticas en los sectores de la energía y la infraestructura. Además y más allá de los avatares políticos del país limítrofe con la Argentina, existen negociaciones por un fondo de inversión bilateral, al que China aportaría 15 mil millones de dólares.

Más al norte, son chinas las empresas que lideran los planes de construir un nuevo canal interoceánico en suelo nicaragüense y en Cuba, las ampliaciones del puerto de Santiago se llevan a cabo con capital chino. Y por aquí sabemos de sus inversiones en una línea férrea que cruce de Argentina a Chile, entre otros desembolsos y propuestas que trascienden los signos partidarios de los gobiernos nacionales.

Como siempre decimos ante el evidente avance chino, no se trata de cambiar de collar… Resta ver cómo se traduce efectivamente el “ganar-ganar” y cómo se distribuye en el conjunto del pueblo argentino. Pero como afirma la sabiduría popular, a río revuelto… Sepan pescar los gobernantes argentinos.

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