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El agua un recurso estratégico

Desde 1993 se conformó a nivel mundial la necesidad de otorgar prioridad especial de cuidado al agua y la importancia que el vital fluido tiene para la humanidad. En efecto, en coincidencia con el primer sábado de octubre de cada año se trata de resaltar el beneficio de la protección de los recursos naturales potables. 


A nadie escapa que durante el siglo XXI, el agua potable se transformó en un recurso estratégico. Si bien desde siempre el control de las fuentes de agua originó tensiones, todo indica que de ahora en más éstas se profundizarán. La Carta Mundial de la Naturaleza advertía ya en 1982 que “la competencia por acaparar recursos escasos es causa de conflictos” y precisamente, la potable es un bien escaso: sólo el 2,5 por ciento del total del planeta.

El 97,5 por ciento restante está en los mares y océanos y la tecnología necesaria para la desalinización todavía es cara y además, requiere de muchísima energía. Por otro lado, todavía no se avanza con la disposición final de los productos químicos que deberían utilizarse en el proceso y tampoco con otros desechos resultantes. Por otro lado y a diferencia del petróleo, el agua no tiene posibilidades de sustitución.

Cuando una fuente de agua se agota, se pierde para siempre. Otro tanto sucede si se contamina y no hay posibilidades de descontaminación. Por día, dos mil millones de toneladas de residuos se arrojan a cuerpos receptores de agua, entre ellos, desechos industriales y químicos, vertidos de origen humano y derivados de la actividad agrícola, entre ellos, fertilizantes y pesticidas.

La producción global de aguas residuales se calcula en 1.500 kilómetros cúbicos y según las estimaciones que circulan, cada litro de agua residual contamina ocho de agua dulce. Como siempre que se habla en términos mundiales, conviene recordar que más del 80 por ciento de los desechos peligrosos se producen en Estados Unidos y otros países industrializados. En tanto, hay que decir que en los países que están eternamente en vías de desarrollo, el 70 por ciento de los desechos industriales se vierten al agua sin tratamientos adecuados.

Urge que países como la Argentina avancen hacia una política hídrica que contemple en primera instancia los intereses de su gente, porque los países más poderosos del planeta tienen a sus recursos hídricos en vías de agotamiento por sobreexplotación, en particular los subterráneos. Una proporción importante de las cuencas sufre contaminación a causa de desarrollos industriales y agrícolas que no tuvieron en cuenta el cuidado del medio ambiente. Como depredaron sus recursos, hace años que comenzaron a rapiñarlos en los sitios donde todavía se preservan.

En el presente, dejan de existir 5.500 niños por día a raíz de enfermedades que derivan de la falta de agua potable y de servicios de saneamiento. Ni siquiera Europa está exenta de ese flagelo, que sobre todo se registra en los países del Este.

El panorama que traemos a colación no es un secreto para nadie: a comienzos de 2004 el Pentágono elevó un informe al Congreso y al gobierno, en el que avisaba los efectos devastadores que ya por entonces, producía el calentamiento global sobre los recursos hídricos del planeta. El informe preveía un agravamiento de la situación entre los años 2020 y 2030, con sequías más intensas y seguidas, hambrunas y escasez de agua potable.

A ojos de los países del Sur -entre ellos los argentinos- aquel pronunciamiento del Pentágono debería preocupar porque recomendaba el despliegue de las fuerzas armadas estadounidenses en cualquier parte del planeta que albergara recursos hídricos. Más cerca en el tiempo, otro informe castrense añadió que el cambio climático determinará los intereses estratégicos de Estados Unidos a escala global.

Con tono dramático, los altos jefes estadounidenses, tanto del Ejército como de la Marina, avisaron que la escasez de los recursos naturales podrá provocar el colapso de determinadas sociedades, con un incremento en los conflictos bélicos cuya raíz estará en la búsqueda de controlar los recursos, sobre todo alimentos y agua. Además, profetizaba que las presiones migratorias desembocarían en conflictos políticos y que los factores críticos del siglo en curso serán el agua potable y la energía.

Quizás esté de más recordar que en Sudamérica, el agua dulce abunda. Para los barilochenses, esa abundancia está a la vista a pesar de los cambios en los regímenes de las lluvias a los que asistimos. Resulta impostergable pensar esas riquezas con sentido estratégico desde las diversas jurisdicciones del Estado, porque ya nos consta que su presencia despierta apetencias en capitales muy lejanas.

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