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Las variables que crecen suman preocupación

Dos variables de la economía crecieron durante los primeros 11 meses de la gestión nacional: la fuga de capitales y el endeudamiento público. Ambas tendencias generan preocupación en los círculos especializados porque como contrapartida, la inflación baja más lentamente de lo que preveían las expectativas gubernamentales y la reactivación recién se comenzará a apreciar durante 2017.

Se describe a la fuga de capitales como el fenómeno por el cual activos o bien dinero, salen rápidamente de un país a raíz de determinados sucesos de índole económica o política. Suelen registrarse cuando se grava al capital o bien, ante una posible situación de impago cuando el sector público de que se trate, se demuestra incapaz de cumplir con sus compromisos externos. Situaciones ambas que inciden en la conducta de los inversores y empresarios.

Entre fines de 2015 y la actualidad, la fuga de capitales durante la gestión de Cambiemos creció 118 por ciento: pasó de 6.734 millones de dólares a 14.662 millones. El incremento obedeció a la formación de activos en el exterior y al giro de utilidades y dividendos que se realizó entre enero y noviembre del corriente año. El primer rubro comprende inversiones en el exterior tanto de personas físicas y jurídicas, entre otros conceptos.

El promedio mensual creció 84 por ciento, al pasar de 590 millones de dólares a 1.088 millones. Inclusive para analistas ortodoxos que podrían a priori simpatizar con el gobierno, la cifra es alarmante. La fuente de la información es el Balance Cambiario del Banco Central de la República Argentina (BCRA), que analiza la formación de activos externos y el giro de utilidades y dividendos del Sector Privado No Financiero.

En los primeros 11 meses del año, la formación de activos en el exterior también creció 84 por ciento, desde 6.495 millones a 11.966 millones. Desde enero de 2016, un nivel de liquidez considerado alto, se canalizó hacia el aumento de las “inversiones directas de residentes en el exterior” y “otras inversiones”, que se relacionan con acciones y títulos públicos. Nótese que se trata de erogaciones que en lugar de echar a funcionar la economía real, encuentran más atractivas las ofertas del mercado financiero.

Por otro lado, la salida de divisas a través del giro al exterior de utilidades y dividendos representó 2.696 millones de dólares, contra los 239 millones que se habían girado en 2015. En este caso, el crecimiento interanual fue de 1.028 por ciento. Hay que conceder que si para el gobierno actual es clave la llegada de inversiones extranjeras, sería incoherente poner obstáculos al envío de remesas.

Durante el último año K, el giro de utilidades nunca había superado los 41 millones de dólares mensuales, magnitud que le dio pasto a las fieras partidarias del aperturismo. El récord de Cambiemos se alcanzó en abril último, cuando traspasaron las fronteras argentinas 492 millones de dólares. Si se considera la combinación de las dos variantes, es decir, formación de activos en el exterior más giro de utilidades y dividendos, acumularon una suma de 14.662 millones de dólares hasta noviembre pasado.

Esa friolera representa aproximadamente el 40 por ciento de las reservas internacionales del país y marca un incremento del 118 por ciento en relación al mismo período de 2015. Por entonces, la fuga de capitales no fue más allá de 6.734 millones de dólares, es decir, menos de la mitad que en la actualidad (46 por ciento). Más allá de sus preocupaciones por cuestiones de imagen, el gobierno debería tomar nota del ritmo que alcanzó la salida de divisas.

Sobre todo porque durante su mandato, la deuda de la Nación -tanto externa como interna- trepó a 264.622 millones de dólares. En este caso, las cuentas refieren al 30 de septiembre último. La proporción implica el 53 por ciento del PBI, según las cifras oficiales que dio a conocer el Ministerio de Hacienda y Finanzas. Desde que Mauricio Macri se sentó en el Sillón de Rivadavia, el endeudamiento público se elevó en 10.633 millones de dólares. El mayor incremento se produjo en el tercer trimestre, que aportó 6.500 millones de dólares a la peligrosa cuenta.

Se impone aclarar que el monto incluye a los bonos cuya evolución se relaciona con el PBI y también, a 8.775 millones de dólares que se adeudan a bonistas que no ingresaron a los canjes de deuda de 2005 y 2010. Como contrapartida, la cuenta no incluye la deuda de las provincias.

Tampoco la del Banco Central y sus LEBAC, que ronda otros 45 mil millones de dólares. Con estas cifras, el pago de intereses ya alcanza al 8,9 por ciento de los recursos tributarios, contra el 4,9 por ciento que representaban hace tres años. Para fruncir el ceño.

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