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Camino a la sartén

Entre otros hechos superlativos que se produjeron en su transcurso, 2016 podrá pasar a la historia porque marcará un nuevo récord en materia de temperatura. Aunque probablemente quede en el olvido el registro si en 2017 continúa la tendencia ascendente, ya que también en 2014 y en 2015 se habían registrado incrementos sin precedentes en la temperatura global promedio desde que comenzaron las mediciones en 1880.

 

Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA), la temperatura promedio de la Tierra, tanto a nivel marítimo como terrestre, se ubicó en 14,94 grados Celsius entre enero y noviembre. Quiere decir que el año que está por irse fue 0,06 grados más caliente que el precedente en el mismo período. Difícil que las cosas cambien cuando se sume la medición de diciembre.

Por su parte, la Organización Mundial de Meteorología (WMO) también avisó que 2016 será el año más caliente desde 1880, aunque sus guarismos difieren levemente de los que compartió la agencia estadounidense. Para sus expertos, la temperatura global promedio fue 14,88 grados, unas décimas menos que la medición norteamericana. Para la WMO, en relación a las marcas previas a la Revolución Industrial -mediados del siglo XIX-, el incremento representó 1,2 grados.

La entidad considera que la temperatura global promedio entre 1961 y 1990 fue de 14 grados. En el sitio del planeta donde más claramente se advierte el calentamiento global es el Ártico. Sus glaciares se derriten a pasos agigantados y según midió la misma NOAA, en 2015 la temperatura en la superficie de aquella región se incrementó en 2,8 grados. Bastante por encima de la media planetaria.

Confirmó la perspectiva el Centro Nacional de Nieve y Hielo de los Estados Unidos (US National Snow and Ice Center). Sus investigadores reportaron que en noviembre último, la superficie del Ártico se redujo a su expresión más mínima de los últimos 38 años, cuando comenzaron las mediciones satelitales. Su dimensión se limitó a 9,08 millones de metros cuadrados, es decir, aproximadamente 2 millones de metros cuadrados menos que el promedio para noviembre, según las mediciones que se practicaron entre 1981 y 2010.

Como la extensión de los glaciares tiende a disminuir, los rayos del Sol encuentran menos superficie para rebotar o reflejarse y calientan directamente el agua de los mares. En consecuencia, su temperatura sube drásticamente, conducta que hiciera que un vocero de la NOAA expresara: “los océanos se están volviendo locos”. Su comentario refería al Ártico y también al Mar de Bering, donde tuvieron lugar tormentas de proporciones desusadas.

El incremento en la temperatura de los océanos se relaciona con la formación de huracanes, entre ellos, el Matthew, que causó devastación en Haití y en el sudeste de Estados Unidos. Desde ya, el aumento de la temperatura global y su incidencia en los mares, obedece a la presencia creciente de dióxido de carbono en la atmósfera. Los niveles de CO2 durante la era preindustrial se limitaban a 280 partes por millón (ppm) mientras en 2015, la marca se ubicó en 400 ppm, es decir, 2,2 ppm que en 2014.

Con tales niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, los científicos predicen que la temperatura continuará en aumento durante las próximas décadas. La meta que se asignó a sí misma la comunidad internacional al momento de firmar el Acuerdo de París, es decir, un límite de 1,5 a 2 grados, no se alcanzará si las emanaciones de dióxido de carbono continúan al ritmo de la actualidad.

El consenso científico afirma que si el calentamiento global supera el umbral de 1,5 grados, las consecuencias serán más que dramáticas. El comportamiento del clima se tornará cada vez más extremo, los arrecifes de coral correrán peligros decisivos y el nivel del mar superará 1,5 metros en 2300. El Instituto Potsdam de Investigación Climática añadió que si el incremento se ubica en los 2 grados, los mares estarán 2 o 3 metros por encima de sus niveles actuales en aquel año. Como ejemplo, sumó que las islas y ciudades costeras de Groenlandia tenderán a desaparecer, al igual que el conjunto de formaciones glaciares en el hemisferio norte.

A la luz del pensamiento del futuro presidente estadounidense, quizá no esté de más recordar que las emisiones de dióxido de carbono resultan sobre todo de la combustión de carbón, petróleo y gas. Según los pronósticos más alarmistas, si persisten los niveles de emisión del presente, la Tierra se calentará hasta seis grados antes de que finalice el siglo en curso. Según el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), sólo se podrá detener el proceso si se renuncia a las energías fósiles. Ante situaciones drásticas, respuestas del mismo carácter.

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