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La herida que se abrió un 2 de enero

Cuando el personal español se retiró de las Malvinas después de los sucesos de 1810, quedó abierto un período durante el cual sólo barcos balleneros de diversas nacionalidades atracaron en el archipiélago. Recién en 1820, las Provincias Unidas del Río de La Plata hicieron una demostración de soberanía, al enviar una fragata y tomar posesión de las islas. Curiosamente, le tocó a un coronel de origen estadounidense, Daniel Jewett, formalizar el hecho.


La toma de posesión se informó en España y en Estados Unidos en agosto de 1821 y en aquella ocasión, no se recibió objeción alguna por parte de Gran Bretaña. Es más, cuatro años después, Londres firmó el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con las Provincias Unidas y a la vez reconoció su independencia. En ninguno de los instrumentos jurídicos hizo referencia alguna a la ocupación de las islas.

Los archivos dicen que el primer gobernador de las Malvinas fue Pablo Areguati pero le tocó a Luis Vernet establecer un emprendimiento ganadero y pesquero hacia 1826. El 10 de junio de 1829, fue nombrado primer comandante político y militar de las islas. El texto del decreto es importante porque expone los presupuestos que justificaban la posesión del archipiélago por parte de las Provincias Unidas: “cuando por la gloriosa revolución del 25 de mayo de 1810 se separaron estas provincias de la dominación de la metrópoli, la España tenía una posesión material en las islas Malvinas y de todas las demás que rodean al Cabo de Hornos, incluso la que se conoce bajo la denominación de Tierra del Fuego, hallándose justificada aquella posesión por el derecho del primer ocupante, por el consentimiento de las principales potencias marítimas de Europa y por la cercanía de estas islas al Continente que formaba el Virreinato de Buenos Aires, de cuyo gobierno dependían. Por esta razón, habiendo entrado el gobierno de la República en la sucesión de todos los derechos que tenía sobre estas provincias la antigua metrópoli y de que gozaban sus virreyes, ha seguido ejerciendo actos de dominio en dichas islas, sus puertos y costas a pesar de que las circunstancias no han permitido hasta ahora dar a aquella parte del territorio de la República, la atención y cuidados que su importancia exige...”

Las autoridades de entonces fundamentaban el derecho nacional en cuatro puntos: que España poseía las islas previamente, que esta posesión había quedado justificada por el derecho de ocupación, que las principales potencias marítimas así lo habían reconocido y finalmente, que las islas en cuestión se hallaban próximas al territorio del antiguo virreinato.

Fue ante el nombramiento de Vernet que Londres reaccionó: le ordenó al tristemente célebre Woodbine Parish, cónsul general británico, protestar ante el gobierno de Buenos Aires y envió cuidadosas instrucciones. La protesta decía que las acciones del gobierno de Buenos Aires habían sido “cumplidas sin referencia a la validez de las pretensiones que Su Majestad constantemente afirmó a la soberanía de las islas”.

En esa época, la actividad de los pesqueros y balleneros extranjeros era notable y depredadora. Como además de violar la soberanía nacional afectaban sus intereses, Vernet capturó tres pesqueros estadounidenses, hecho que culminó con la usurpación británica que perdura hasta hoy. Estados Unidos consideró a la captura un acto de piratería y reivindicó la libertad de acción de sus naves pesqueras.

El cónsul estadounidense en Buenos Aires hizo lo posible para que la relación entre ambos gobiernos se deteriorara. No cabía en su cabeza que buques de su país fueran apresados por un gobierno que no le inspiraba el menor respeto y tomó contacto con el representante británico. Como éste le dijera que Gran Bretaña consideraba suyas esas islas, una corbeta estadounidense enfiló hacia Malvinas y a fines de diciembre de 1831, destruyó el asentamiento argentino. Antes de abandonar las islas con los argentinos prisioneros a bordo, el jefe estadounidense declaró a las islas “libres de todo gobierno”.

Después de cometida la tropelía, el representante de aquel país le comunicó al británico que “estaba dispuesto a reconocer la soberanía británica” a cambio del reconocimiento de derechos de libre pesca. Por su parte, Buenos Aires nombró a un nuevo gobernador e intentó establecer una colonia penal. Pero Londres ya había tomado su decisión: el 2 de enero de 1833, una corbeta inglesa ancló frente a Puerto Soledad. El comandante le informó a su par argentino que tenía la misión de ejercer los derechos de soberanía sobre las islas en nombre de Su Majestad Británica. Al día siguiente, arriaron la bandera de Belgrano e izaron la suya. Dos días después, el contingente argentino se retiraba de Malvinas. Así comenzó la usurpación que todavía no termina.

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