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La ortodoxia saluda a Dujovne

El año que acaba de iniciarse es electoral y la alianza gobernante deberá renovar 41 de las 87 bancas que posee en Diputados, circunstancia que si no es condicionante, al menos debería incidir en el accionar del nuevo ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Su margen de maniobra no sólo tiene ese límite, el más importante se relaciona con la compleja situación fiscal de la Argentina, que durante el primer año de Cambiemos se agravó. 

En una rueda de prensa que mantuvo el lunes con medios gráficos, el jefe del Palacio de Hacienda, deslizó algunas precisiones importantes, entre ellas, una revisión a la baja de los impuestos al trabajo. También anunció que examinará gravámenes a los que calificó de poco “productivos”, entre ellos, el IVA. A partir de sus decisiones pueden preverse novedades cercanas en relación al impuesto al cheque y a los ingresos brutos.

Según Dujovne, los trabajadores que revisten en negro perciben la mitad de los ingresos de los que están en la economía formal, con el agravante de que los primeros están sujetos a despidos arbitrarios y además, carecen de obra social. Chocolate por la noticia, dirá usted… Pero ocurre que para enfrentar ese mal crónico de la economía argentina, el gobierno piensa en una reforma tributaria que incorpore más trabajadores a la formalidad y aumente la base de recaudación.

La perspectiva no es halagüeña para los asalariados porque el ministro piensa que los aportes patronales que percibe el Estado por cada trabajador son elevados en relación a los niveles que se observan en el resto del mundo. Para Dujovne, esa situación es la que explica que el trabajo en negro ronde el 35 por ciento, núcleo duro que ningún gobierno pudo perforar en los últimos 30 años.

La reducción de las “cargas sociales” es una demanda de los sectores más concentrados de la economía y el gobierno se apresta a concederla. Si bien el sindicalismo de la actualidad no se caracteriza por su combatividad, puede darse por descontado que la intención de Hacienda encontrará oposición gremial. Aunque en sus anuncios del lunes no hizo referencia al asunto, hay que recordar que el presidente avisó sobre fines de 2016, que también había que revisar los convenios colectivos de trabajo.

El programa de Dujovne incluye además revisiones a los ingresos brutos. El gravamen es de particular importancia para las provincias y pondrá en nuestro caso, a la suerte de las cuentas rionegrinas en el centro de la escena. Cualquiera que siguiera de cerca las declaraciones del ahora ministro desde que trascendió su nombramiento, habrá advertido que en su esquema, las administraciones del interior del país tienen mucha responsabilidad en el rojo general de las cuentas públicas.

Para los analistas, se viene una pulseada importante con los gobernadores porque para la mirada neoliberal de la economía, el actual esquema complica la competitividad de cada región. Según se interpretó, discutir con los gobiernos provinciales una reforma al Impuesto a los Ingresos Brutos, implicará en los hechos una nueva Ley de Coparticipación Federal de Impuestos.

Advierten los entendidos que la modificación es necesaria porque la norma en vigencia data de los tiempos de Raúl Alfonsín, cuando hay que admitir, la realidad productiva del país era otra. Desde entonces, sólo se situaron parches que operaron sobre el reparto de fondos. Para quienes se dejaron entusiasmar por las palabras de Dujovne, si el actual gobierno acierta con una iniciativa adecuada, podría superarse el desequilibrio fiscal crónico que caracteriza a la Argentina.

Por otro lado, el ministro no descontó la posibilidad de una baja en el IVA. En su mirada, el gravamen funciona con una productividad muy baja porque con una alícuota del 21 por ciento, su recaudación implica menos del 10 por ciento del PBI. El nuevo equipo de Hacienda dice que es una de las relaciones más bajas del planeta y la explica porque al ser tan elevada la alícuota, induce evasión.

Dujovne también interpreta la supervivencia del impuesto al cheque como “un enorme incentivo a la informalidad”, de manera que serán previsibles novedades en ese frente. En definitiva, después de la rueda de prensa que concedió el ministro, sus conceptos fueron bien recibidos por los amigos de la ortodoxia económica, ya que en síntesis, avizoran bajas en impuestos y controles en el gasto.

Claro que el nuevo titular de Hacienda sólo se refirió de manera indirecta a la desocupación, a la creación de empleo y a la salida de la recesión. El recurso de la reactivación de la obra pública será importante pero quizá no adquiera la velocidad que necesitan todos aquellos y aquellas que la pasan mal. Y en el segundo semestre habrá que votar.

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