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Humedales sanos para reducir desastres

Para el Día Mundial de los Humedales 2017 -se conmemora hoy- se eligió la consigna: Humedales para la reducción del riesgo de desastres. Con la intención de aportar precisión terminológica, la Convención Ramsar definió que si bien habitualmente pensamos en las inundaciones, sequías, tsunamis, ciclones o huracanes, terremotos y otros fenómenos extremos como desastres, en realidad se trata de peligros naturales. En cambio, un desastre es la perturbación grave que sufre determinada localidad, región o país en términos humanos, materiales, económicos o ambientales.


Ocurre que la frecuencia de los segundos se duplicó en sólo 35 años, gracias al impulso de los peligros que tienen que ver con el clima y la meteorología, tales como inundaciones, ciclones tropicales y sequías. ONU-Agua calcula que el 90 por ciento de todos los peligros naturales se relacionan con el agua y el Grupo Internacional de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) prevé que en el futuro se producirán más fenómenos extremos.

El costo humano del incremento es trágico: 1.350.000 personas murieron como consecuencia de los desastres entre 1996 y 2015. El 90 por ciento de las muertes se produjo en países de ingresos bajos y medios. En términos materiales, los desastres que tuvieron que ver con la meteorología causaron daños por un valor de 3,3 billones de dólares entre 1980 y 2014. Demasiado como para hacer la vista gorda.

Se define a los humedales como a las áreas terrestres que están inundadas de agua de manera estacional o permanente. En las zonas de litoral actúan como una barrera protectora natural. En 2012, por ejemplo, contribuyeron a evitar daños por parte del huracán Sandy en Estados Unidos, cuyo valor habría superado los 625 millones de dólares. En las áreas del interior, los humedales funcionan como esponjas naturales, ya que absorben y almacenan el exceso de agua que procede de las precipitaciones. Así, reducen las inundaciones.

Como contrapartida, durante la estación seca liberan el agua que almacenaron, retrasan el inicio de las sequías y reducen la escasez de agua. Si se gestionan adecuadamente, los humedales pueden hacer que las poblaciones adquieran la suficiente resiliencia para prepararse para los desastres, afrontarlos y recuperarse.

Son centrales la preparación y la prevención. Para minimizar los impactos antes del desastre, se recomienda designar las zonas propensas a inundaciones o tormentas como humedales bajo protección, con el objeto de reforzar el carácter protector que brinda la naturaleza. Por ejemplo, la UICN trabaja con comunidades locales de Senegal para restaurar los humedales que se degradaron, mientras a la vez fomenta la agricultura y pesca sostenibles.

Hay que saber que cuando se produce un fenómeno extremo, los humedales saludables pueden absorber parte de su impacto y así, reducen los daños. En una localidad de Sri Lanka donde los arrecifes de coral que se encuentran a cierta distancia del litoral forman parte de un parque marino bajo protección, los daños que provocó el tsunami de 2004 sólo llegaron 50 metros tierra adentro. En otro poblado cercano, donde la extracción de coral había degradado los arrecifes, los daños llegaron a 1,5 km.

Por otro lado, los humedales también pueden acelerar la recuperación después de un desastre, porque actúan como filtros naturales y restauran nutrientes. Después del ciclón que en 1999 azotó zonas del oriente de India, los arrozales que estaban protegidos por manglares volvieron a producir alimentos más rápido que las otras tierras de cultivo. Mantener los humedales saludables y restaurar los que resultaron degradados es una gran inversión.

Por el contrario, su gestión inadecuada puede empeorar el impacto de los desastres. Por ejemplo, canalizar ríos y limitar su drenaje reduce el efecto natural de esponja de las llanuras y aumenta la fuerza de las crecidas. En el mismo sentido, eliminar manglares para establecer acuiculturas elimina la protección natural del litoral y reduce el almacenamiento de carbono. En tanto, la extracción de coral puede hacer que el litoral quede expuesto a un oleaje más fuerte de lo normal, mientras que el drenaje o relleno de humedales para la agricultura y la construcción elimina su función de esponja frente a inundaciones.

Para tornar efectiva la consigna de la jornada, hay que analizar y comprender el uso o abuso que se realice en los humedales de la zona. Se impone adoptar normas locales que garanticen la sostenibilidad a largo plazo de los humedales para todos y todas. Las medidas pueden abarcar el control del relleno y los vertidos ilegales, prohibiciones o límites de capturas o la regulación del tipo de actividades que se pueden realizar en cada época. También se contribuye al eliminar la basura de los humedales y extraer las obstrucciones que puedan presentar arroyos y ríos.

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