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Justicia, más allá de las visiones sesgadas

El ex comandante en jefe del Ejército está en prisión desde el viernes último a raíz de una orden judicial. César Milani fue imputado por su presunta responsabilidad en los secuestros y torturas de Pedro Olivera y su hijo Ramón (1977) y de Verónica Matta (1976). Es sólo una de las causas en las que se investiga su posible autoría de crímenes de lesa humanidad. Asumió la determinación el juez federal Daniel Herrera Piedrabuena.


Inicialmente, el acusado se había negado a declarar, había presentado un escrito donde negaba las acusaciones. Cuando tuvieron lugar los acontecimientos, el militar tenía el grado de teniente. Su arresto se produjo donde tuvo lugar el crimen que se investiga: La Rioja. Ramón Olivera sostuvo varias veces en su acusación que el militar trasladó “a muchos presos” en marzo de 1977.

Según su narración, el ex comandante fue responsable de un allanamiento que tuvo lugar el 12 de ese mes, durante el cual su padre fue secuestrado y luego torturado en el Batallón de Ingenieros 141. Olivera hizo una primera denuncia ante la Comisión Riojana de Derechos Humanos en 1984 y la ratificó en 2013 ante el Poder Judicial. La designación de Milani fue objeto de críticas pero la ex presidenta las soslayó.

En los tiempos que corren, la política está sumamente judicializada. Según la lógica que imponen los grandes medios de comunicación, si un funcionario del gobierno anterior concurre a Tribunales, el hecho se traduce en oxígeno para la gestión actual. De hecho, en tiempos electorales, la apertura de causas judiciales se intensifica de manera considerable.

Denunciar de manera penal a futuros contendientes, constituye una manera habitual de desprestigiar.

En los próximos meses la táctica irá a profundizarse porque cuando concurra a las urnas, el gobierno nacional no tendrá mucho que mostrar en materia económica y social. Más bien, en febrero de 2017 una buena proporción de los argentinos vive peor que un año atrás. Qué decir de dos años atrás… Pero Milani no está preso por sospechas de corrupción, sino por crímenes de lesa humanidad.

Entonces, el efecto que describíamos párrafos arriba se potencia, porque los tres gobiernos del Frente para la Victoria hicieron de la defensa de los derechos humanos una de sus banderas. No podemos cuantificarlos, pero fueron muchos los adherentes que se dejaron seducir por las derogaciones de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, con la consecuente seguidilla de procesamientos y sentencias en desmedro de quienes cometieron delitos de lesa humanidad.

Que la detención del ex comandante K se produzca mientras el gobierno actual se veía en figurillas por el escándalo que desató la intención de condonar las deudas por el Correo Argentino, despertó suspicacias. Que tuviera lugar pocos días después del intento de ajustar las jubilaciones por recomendación del FMI, también le vino muy bien al oficialismo porque una noticia tapa la otra.

Si el ritmo vertiginoso que caracteriza al ejercicio periodístico de la contemporaneidad tiene algún efecto, éste es la ausencia de reflexión o su limitación. Que la decisión del juez riojano favorezca indirectamente a la alianza Cambiemos, no disculpa de ninguna manera a la presidenta que nombró y sostuvo contra viento y marea al acusado de cometer delitos contra la humanidad durante la última dictadura cívico militar.

Tampoco deja bien parado al sector de Madres de Plaza de Mayo que se hizo partidario irreflexivo del kirchnerismo: hay fotos en las que Hebe de Bonafini sonríe al lado del ex comandante. Por su parte, la titular de Abuelas se apuró a proclamar que su sector nunca lo había apoyado pero concederá Estela de Carlotto que tampoco se ofuscó demasiado con la designación, al menos públicamente.

Cabe recordar que el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) se pronunció varias veces contra la permanencia de Milani en el cargo, si bien el organismo acompañó en general las políticas de los gobiernos anteriores. Ahora, el único respaldo explícito por parte del kirchnerismo provino de Guillermo Moreno: “Milani es inocente, no tengo ninguna duda. Es mi socio, mi compañero y mi amigo", dijo en un programa de televisión. "Eso con nosotros no va, ni torturar ni matar por la espalda. Si mató en combate es otra discusión. Él me dijo que no”. Olivera tiene otra versión.

La demanda de Memoria, Verdad y Justicia no tiene que ver con las divisas partidarias, aunque algunos simpatizantes del Frente para la Victoria así lo entendieran. A los actos de justicia hay que celebrarlos, aunque pongan en tela de juicio las hipotéticas vocaciones “nacionales y populares”. Y por otro lado, se impone hacer un esfuerzo para poder reflexionar, por encima de los torrentes noticiosos que necesitan para vivir los grandes medios.

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