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La economía vuelve a crecer: ¿La distribución de la riqueza?

El 7 de marzo el gobierno enfrentará la primera demostración de fuerzas de la CGT, central obrera que después de muchas vacilaciones, convocó a una movilización. A pesar de los cuestionamientos gubernamentales, las huestes sindicales que allí confluyen son remisas a referirse a un paro general y más bien, aguardan que después de su marcha la Casa Rosada dé alguna señal que permita aligerar la tensión.


La adopción de esa medida sindical coincidirá en los hechos con noticias que permiten augurar el fin de la recesión. En efecto, según informó el INDEC en los últimos días de la semana anterior, en el último trimestre de 2016 el conjunto de la economía creció 0,9 por ciento. Claro que la medición no alcanza para disimular el cierre de fábricas y la multiplicación de conflictos que derivan de la apertura de importaciones.

Para el organismo público de las estadísticas oficiales, el final del año pasado marcó una diferencia en relación a los tres trimestres anteriores, que habían dado negativos. En consecuencia, los números del conjunto de 2016 fueron rojos: la caída del PBI fue finalmente del 2,3 por ciento, en coincidencia aproximada con la mayoría de las previsiones, inclusive con los augurios de los organismos internacionales de crédito.

Hay que leer en detalle antes de ponerse exultante: en diciembre aún la economía acusó una merma del 0,1 por ciento en comparación con el mismo mes de 2015, pero contra noviembre del año pasado, implicó un avance del 1,6 por ciento. El Palacio de Hacienda se apresuró a comentar que en consecuencia, el último trimestre de 2016 fue el primero de signo positivo después de cuatro en declive.

Técnicamente, suele considerarse que la economía de un país entra en recesión cuando durante dos trimestres consecutivos, el crecimiento del PBI da negativo en comparación con idéntico período del año anterior. Para proclamar que una situación restrictiva quedó atrás, hace falta otro tanto: dos trimestres consecutivos con signo positivo en comparación con período similar 365 días atrás.

Los funcionarios de Hacienda están en todo su derecho de celebrar la inversión del signo, pero para descorchar aún falta, inclusive con su lógica. Resta advertir el impacto en la recuperación del empleo -si es que existe-, la mejora del poder adquisitivo en los sectores asalariados y la caída en los índices de pobreza e indigencia, entre otros variables que tienen más que ver con la vida cotidiana de la gente que con los grandes números de la macroeconomía.

Por otro lado, la evolución permite describir cuál es la configuración de país a la que aspira la administración de Cambiemos. En la baja del 2,3 por ciento que afectó al PBI durante 2016, contribuyeron el retroceso de la actividad industrial, la construcción y el consumo. No pudieron revertir la caída general los mejores desempeños del sector agropecuario, los rendimientos del sector financiero y el repunte del comercio internacional.

Inclusive antes de que se dieran a conocer los datos, el ministro de Hacienda había apuntado que “estamos empezando a crecer”. Desde el universo de las consultoras se respalda las impresiones de Nicolás Dujovne, aunque con matices: los más optimistas auguran una suba del 5 por ciento y las más cautelosas, del 2,5 por ciento. Pero como decíamos, hay que ver qué sectores apuntalan esa recuperación.

Curiosamente, fue la propia vicepresidenta la que se anticipó a cualquier exceso de optimismo en declaraciones a la capitalina Radio Rivadavia: “un tema que no me deja conforme es que nos está faltando acelerar y hacer más dinámico este cambio de tendencia de las variables económicas. Veníamos con desempleo y ahora empezamos a tener creación de empleo”, señaló Gabriela Michetti.

La titular del Senado añadió que le “gustaría que fuera más rápido” el crecimiento y aunque no mencionó explícitamente a la coyuntura electoral que se avecina, concedió que “en estos meses el ojo va a estar muy puesto en que la producción y el trabajo crezcan más rápido”. En ese sentido presenta flancos débiles Cambiemos, porque los sectores de la economía que más apuntala con sus políticas, no son los que más capacidad de generación de empleo tienen.

Hay ejemplos: fue noticia la reconversión de la única empresa productora de llantas de la Argentina, que funcionaba en Rosario. La empresa continuará sus actividades, ahora en carácter de importadora, pero los 170 trabajadores con que contaba deberán dedicarse a otra cosa. En términos del PBI, el comercio exterior suma, aunque se trate de importaciones. Pero en materia de empleo, evidentemente no de la misma manera que la producción local. Es posible que el país retome la senda de la generación de riqueza, pero cómo se irá a distribuir es otro asunto.

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