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La variables sociales quedaron en el tintero

En la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, el Poder Ejecutivo quiso demostrar que el país inició la senda de la recuperación económica y que el primer trimestre de 2017 marcará la finalización de la recesión. Durante el fin de semana largo se ultimó contra reloj la selección de datos positivos para que fuera el propio presidente quien saliera al cruce de un par de señales muy preocupantes para el oficialismo.

En la Casa Rosada tomaron nota del resultado que arrojó una encuesta oficial, según la cual el 51 por ciento de los argentinos prevé para 2017 un empeoramiento de la situación en relación con 2016. No es que la mitad restante pensara que el año en curso será para festejar: otro 25 por ciento evaluó que será igual al período pasado. Si se tiene en cuenta que 2016 se despidió con recesión y con una pérdida general del poder adquisitivo, podría redondearse que el 75 por ciento de la ciudadanía es lisa y llanamente, pesimista.

El asunto no se limita a los estados de ánimo. Como decíamos columnas atrás, en octubre habrá que concurrir a las urnas en las elecciones de “medio término”. En esa ocasión, se renovará la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Quizá suene un tanto apocalíptico proclamar que de no ganar, el gobierno no llegará al final de su mandato, como quieren algunos voceros del kirchnerismo. Pero hay que conceder que se las verá en figurillas si no lograra un resultado favorable.

Vocablos como confianza y optimismo circularon profusamente en los últimos días en el círculo presidencial. El presidente trató de insuflar esas sensaciones en la víspera y muy probablemente, esa sea su tesitura en cada aparición pública de ahora en más aunque claro, para que tengan efecto concreto sus exhortaciones, tendrán que tener un correlato en la práctica.

Macri tuvo a disposición un completo abanico de datos para convencernos de que el país ya retomó la senda del crecimiento, aviso que es rigurosamente cierto, como comentábamos un par de columnas atrás. Si bien aún resta contabilizar marzo, el gobierno da por sentado que el primer trimestre de 2017 cerrará con signo positivo, y como sucedió otro tanto durante el último de 2016, se encadenarán los dos períodos que técnicamente, se consideran necesarios para proclamar el fin de la recesión.

En el Palacio de Hacienda a partir de los testeos propios, calculan que a fines de marzo el crecimiento se habrá ubicado cerca del 2 por ciento. Con esa base, para el gobierno será muy posible que la Argentina crezca 3,5 por ciento en 2017, pauta que previó el Presupuesto. Inclusive, se especula con que la recuperación sea todavía mayor. La tendencia apuntala el discurso oficialista según el cual, “lo peor ya pasó”.

Durante el año en curso, para el gobierno nacional se producirá una recuperación del salario real. Su cuenta toma como base la proyección inflacionaria y la evolución salarial durante 2016, aunque todavía la Casa Rosada no reconoció que durante su primer año de gestión, los asalariados perdieron el 6 por ciento de su valor adquisitivo en promedio. Como calcula que la inflación se irá a ubicar en el 17 por ciento y que las recomposiciones después de las paritarias no deberían superar el 20 por ciento, obtendrían una recuperación del 3 por ciento.

Según los técnicos presidenciales, el alza será palpable cerca de fin de año. Por otro lado, el Ministerio de Hacienda tiene datos según los cuales se incrementó la demanda laboral desde fines del año pasado. Además, la cantidad de empleos que se crea supera a los despidos. La marcha de la recuperación salarial se relaciona íntimamente con el ritmo inflacionario, que para la Casa Rosada está bajo control desde el último trimestre de 2016.

Según evaluaciones preliminares, durante febrero la traslación de los incrementos en los servicios públicos y los combustibles a los precios no fue significativa, entonces la meta del 5 por ciento para el trimestre estaría cerca de alcanzarse. El gobierno espera que durante el resto del año, varios meses acusen un crecimiento menor al 1 por ciento. Indiscutiblemente ortodoxo, el presidente quiso dejar sentado que para cualquier economía seria, controlar la inflación es esencial.

Para intentar el contagio, Macri también observó una recuperación del consumo, a la que basó en un crecimiento del 28 por ciento en la recaudación del IVA en los dos primeros meses del año, es decir, superior a la inflación. ¿Índices de pobreza e indigencia? ¿Desocupación y subocupación? ¿Trabajo en negro y formal? ¿Disminución de la brecha entre los más ricos y los más pobres? No, todavía no entraron en la consideración oficialista.

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