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La ciudad, el campo y la volatilidad urbana

Menos de una década atrás, la humanidad comenzó a vivir una circunstancia inédita: la población urbana superó a la rural. Otro dato merece resaltarse: la abrumadora mayoría de esos habitantes urbanos no reside en espacios que podrían responder al concepto tradicional de ciudad, sino más bien en inmensos suburbios que rara vez cuentan con infraestructuras y servicios. 

Esa realidad es una constatación del presente que puede proyectarse. Hay un debate en torno a la tendencia que inclusive, implica la acuñación de nuevos términos. Por ahora, el objeto de estudio se sitúa en el sur de China, Indonesia y el sudeste de Asia, donde la frontera entre el campo y la ciudad se desdibuja en forma permanente y surgen nuevos suburbios en la misma periferia, alrededor de ciudades que son inmensas. Se registra así una suerte de híbrido poblacional que dispara la inquietud de los investigadores: ¿se trata de una situación pasajera o de una nueva estructura geográfica que permanecerá en el tiempo?

El fenómeno ofrece una mezcla muy compleja de suburbios pobres que se matizan con pequeños enclaves de clase media, que se caracterizan por la presencia de nuevas construcciones y recintos cerrados. A este paisaje le llaman periurbano y fíjese el lector qué tanto coincide la descripción con la realidad de Buenos Aires y su conurbano, pero también con la multiplicación reciente de nuevos barrios en Bariloche. De la fisonomía también forman parte trabajadores rurales que venden su fuerza de trabajo en actividades de baja remuneración.

La volatilidad de las poblaciones periurbanas preocupa al mismísimo Pentágono. En la inteligencia de sus estrategas, la existencia de estas indescifrables periferias se erige como un desafío para las tecnologías bélicas, sobre todo para aquellas que están puestas al servicio de la dominación. Es que como está a la vista, las fuerzas armadas de Estados Unidos desarrollaron una gran capacidad para destruir a las urbanizaciones clásicas pero no tuvieron éxito con las nuevas realidades periurbanas. En este sentido, se afirma que el caso que brindó la ciudad iraquí de Faluya (2004) fue ejemplar. Los agresores la destrozaron con máquinas retroexcavadoras y con bombas de racimo, pero apenas finalizó la ofensiva “occidental”, los mismos insurgentes que motivaron el ataque, la recuperaron sin mayores inconvenientes.

Otro detalle a tener en cuenta: la abrumadora mayoría de los soldados estadounidenses que cometieron todo tipo de tropelías en Irak, Afganistán, Irán, Somalia y demás sitios de interés según la agenda estratégica del Pentágono, eran ellos mismos habitantes de suburbios. En este sentido, el neocolonialismo se parece en mucho a su antecesor, es decir, las metrópolis generan tanta violencia y concentran tanta pobreza que producen excelentes guerreros a la hora de emprender campañas militares.

Como rasgo, no es nuevo. No falta el estudioso que sostiene que la superioridad militar británica durante los siglos XVIII y XIX no tenía que ver con el dominio de la tecnología sino con la habilidad que tenían los soldados ingleses en la lucha cuerpo a cuerpo, con bayoneta calada. La vida cotidiana en los barrios bajos de las ciudades de la Revolución Industrial era la mejor manera de entrenarlos.

El asunto de las peri-urbes no tiene que ver con la superpoblación. En este caso, la cuestión fundamental no es si la población aumentó demasiado o no, sino cómo extender los beneficios de la justicia social y cómo garantizar un nivel de vida decente, en el marco de una necesaria preservación del medioambiente. No es que haya mucha gente en el planeta, el problema es que se practica un consumo excesivo, irracional e insostenible de los recursos no renovables.

El tema ya se había vislumbrado en los años 50, cuando proliferaron los suburbios en Estados Unidos. Por entonces, se decía que el fenómeno suburbano se caracterizaba por varios aspectos negativos, entre ellos, la ocupación caótica del territorio, el incremento del tiempo que se invierte en los traslados desde el hogar hasta el trabajo, la cantidad de recursos que hay que aplicar para concretar esos desplazamientos, el deterioro del aire y también del agua, entre otras falencias.

Para algunos de los observadores, la solución a los dilemas que plantea la peri-urbanización está en la noción misma de ciudad. Sobre todo, en poner el énfasis en el mantenimiento de las zonas verdes y las reservas ambientales, sin las cuales es imposible que las ciudades sean razonablemente habitables para los humanos. Pero lamentablemente, la tendencia que se registra en todo el mundo indica que los más pobres buscan acomodarse donde pueden, a veces en coincidencia con zonas húmedas que son vitales para el desenvolvimiento de la ciudad. El mero crecimiento económico no resuelve los problemas de la humanidad. Es más, en determinadas condiciones tiende a agravarlos.

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