Menu
denuncia-whp

El sueño que sigue vigente

Inclusive durante la presidencia del primer afroamericano, continuaron pisoteándose hasta la muerte los derechos humanos de sus pares en Estados Unidos. Sólo hasta agosto de 2016, la Policía de ese país había ultimado a 123 ciudadanos estadounidenses negros sobre un total de 509. Qué puede esperarse entonces, durante el mandato de un hombre que hace gala de su racismo…


Quizá por esa lamentable persistencia, tengan vigencia aquellas palabras de Martin Luther King: “Tengo un sueño: mis cuatro pequeños hijos vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter”. Aquella confesión del líder cívico todavía permanece en el plano de las utopías, no sólo en su país de origen sino en buena parte del planeta. Formuló sus pensamientos cuando transcurrían los 60.

En esos tiempos, en África y Asia se multiplicaban los movimientos que procuraban conquistar la independencia de sus respectivos países. En el Sudeste asiático, se desarrollaba una conflagración horrible que marcaría un antes y un después en la historia militar estadounidense. Justamente en el país norteamericano, ultimaban un presidente. En Checoslovaquia intentaban sacudirse la Cortina de Hierro y el Tercer Mundo buscaba un lugar equidistante entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Monedas corrientes en aquellos tiempos eran la intolerancia a nivel internacional, la falta de respeto a la autodeterminación de los pueblos y los daños que se producían al ambiente como consecuencia del industrialismo. Más o menos como ahora… Además, en la “democracia más grande del mundo” sobrevivía la discriminación racial. La población negra de Estados Unidos vivía en condiciones de ciudadanos de segunda.

Los afroamericanos representaban la cuarta parte de la población estadounidense. En determinados estados, la discriminación no sólo era un gesto social, sino un status normativo: los afro-estadounidenses no podían asistir a la misma escuela que sus compatriotas de tez blanca. Tampoco se les permitía concurrir a los mismos clubes deportivos o compartir iglesias. En los transportes públicos, los ciudadanos negros debían viajar de pie.

En ese contexto comenzó a soñar Martin Luther King. Entre 1955 y 1968, consagró su existencia a luchar pacíficamente por la igualdad racial. Venía del Sur, en particular de Atlanta. Era hijo de una maestra rural y de un pastor. A los 15 años ingresó a la universidad y fue electo como el primer representante estudiantil negro. En 1948 se recibió de sociólogo y en 1953 se casó con Coretta Scott, quien prosiguió con su lucha.

Su acción de protesta cívica comenzó en 1956, cuando organizó un boicot contra el servicio de transporte, que obligaban a los negros a ceder asientos a los blancos. Como la práctica fue removida legalmente, sus acciones comenzaron a conocerse en todo el territorio estadounidense. Cuando fue designado presidente de la Confederación de los Cristianos del Sur se mudó a Atlanta. Allí organizó multitudinarias manifestaciones pacíficas.

Varias veces resultó golpeado por la represión policíaca, junto a sus compañeros. También conoció el calabozo, pero con centenares de discursos y escritos, se creó un ambiente de presión social y política en todo el país, que trascendió a la población negra. El hecho histórico que marcaría el antes y el después tuvo lugar el 28 de agosto de 1963, cuando se concentraron más de 250 mil personas, no sólo negras, para coronar una marcha que había arrancado en Birmingham (Alabama) y confluyó en Washington.

Ese día fue cuando pronunció el discurso que pasó a la posteridad bajo el título “Yo tengo un sueño”. Su pensamiento central: un mundo donde el color de la piel no sea determinante, sino las ideas y sentimientos. Cabe recordar que no mucho tiempo atrás, el presidente Kennedy había muerto asesinado. Puede recrearse el convulsionado ambiente que respiraban por entonces los estadounidenses.

Como resultado, en 1964 el Congreso Norteamericano aprobó el Acta de los Derechos Civiles. En 1965, hizo lo propio con el Acta del Derecho al Voto en todos los estados de la Unión Americana. El reconocimiento a su lucha cobró relieve internacional cuando recibió el Premio Nobel de la Paz. King evidenció su solidaridad con las tragedias que se desarrollaban en todos los países pobres, no sólo de población negra. Entre ellas, la invasión que su propio país perpetraba contra Vietnam.

Un tal James Ray terminó con su vida el 4 de abril de 1968. Los medios de difusión y los organismos gubernamentales dieron por sentada la hipótesis del fanático racista de actuación individual. Pero el asesino huyó a Canadá con un pasaporte falso y después se fue a Europa. Demoraron dos meses en detenerlo y jamás se investigaron a fondo a los posibles autores intelectuales del homicidio. Casi 50 años después, aquella tarea está tan inconclusa como vigente el sueño.

volver arriba
puelo

Si Ud. siente que algún comentario, hecho por lectores, en este artículo o en alguna de nuestras redes sociales lo perjudica, denúncielo haciendo click aqui o telefónicamente al 0294-4431409. 

denuncia-whp