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Bastante más que el oso polar aislado

La imagen de un oso polar a la deriva sobre un pedazo de hielo ya perdió novedad, a tal punto que no sólo esos mamíferos resultan víctimas del calentamiento de los océanos. Aproximadamente el 90 por ciento del aumento global de la temperatura se acumula en los mares, de ahí que el seguimiento de la tendencia sea clave. Malas noticias: las aguas marinas se calientan 13 por ciento más rápido de las previsiones iniciales y el fenómeno tiende aún a profundizarse.


Los estudios se hacen a través de un sistema que se basa en una multitud de boyas automatizadas. Existen unas 3.500 que se distribuyen en todos los océanos, son capaces de hundirse a 2.000 metros de profundidad y de nuevo en la superficie, remiten vía satélite los datos que recogieron. Las conclusiones más recientes, dieron como resultado la aceleración del calentamiento de los mares.

A grandes rasgos, el estudio evidencia que en el último medio siglo, los océanos absorbieron más calor del que hasta el momento suponía la comunidad científica. Quiere decir que la sensibilidad de las aguas marinas ante el dióxido de carbono presente en la atmósfera es todavía mayor. Para la comprensión general del fenómeno su comportamiento es esencial, ya que se considera que los océanos contienen la memoria del cambio climático.

Las altas temperaturas que se registran en la superficie obedecen al calor que se acumuló en las aguas más profundas. Entre otras razones, el proceso contribuyó a que 2016 fuera el año más caluroso desde que se llevan registros, dejando atrás a 2015 que a su turno, había batido el récord. En realidad, 16 de los últimos 17 años fueron progresivamente los más calurosos. Nadie debería sorprenderse si cada vez se producen más huracanes, más olas de calor, más sequías e incendios forestales.

Que aumenten las temperaturas oceánicas no es de exclusivo interés para la vida marina. El fenómeno no se limita a martirizar osos polares o a ultimar formaciones de colar. Al registrarse altas temperaturas en las superficies, se produce más vapor de agua, suerte de materia prima de los eventos climáticos más extremos. Por otro lado, semanas atrás se advirtió que tanto los hielos del Ártico como de la Antártida alcanzaron sus mínimos históricos.

El invierno boreal toca a su fin y arrojará datos igualmente preocupantes. Durante algunas semanas, la temperatura se ubicó 15 grados por encima de la media histórica. La anomalía afectó de manera sustantiva la cobertura de hielo en los mares de Barents y de Kara, al norte de Escandinavia y Rusia. En el archipiélago de Svalbard -se encuentra entre Noruega y el Polo Norte- la nieve se derritió porque las temperaturas superaron los 0 grados.

La pérdida de hielo es un fenómeno que se retroalimenta: a menor superficie congelada, menos se refleja la luz del Sol y la energía pasa directamente al agua en estado líquido que tomó su lugar. A pesar de sus diferencias, fenómenos similares se registran en el Sur. En el océano Ártico, el hielo flota. En cambio, la Antártida es un continente que está rodeado por las aguas y entonces, el hielo presenta mayores matices. Por ejemplo, puede crecer a raíz del deshielo de los glaciares que están en la superficie terrestre. Pero también alcanzaron los mínimos históricos, sobre todo en el Mar de Amundsen.

Las malas noticias comenzaron a llegar a mediados de 2016, cuando la NASA analizó las últimas imágenes satelitales tomadas sobre Groenlandia. Los científicos advirtieron que en unos pocos días, el 97 por ciento de la superficie de hielo estaba en proceso de derretimiento. En principio, se supuso que se trataba de un error pero los investigadores de otras reparticiones corroboraron la apreciación con imágenes que provinieron de otros dos satélites.

El asunto es muy serio porque en cada verano del Norte, el 50 por ciento de la superficie de hielo del Ártico se derrite. Pero en 2016, el derretimiento implicó el 97 por ciento. Los datos que refieren a Groenlandia comenzaron a tomarse 150 años atrás y nunca se había advertido tamaña magnitud. Su capa de hielo tiene 3 kilómetros de profundidad y una extensión que equivale cuatro veces a la superficie de España, para que nos demos una idea.

El asunto es que el hielo de Groenlandia supera en 10 veces al agua que contienen todos los lagos de la Tierra en su conjunto. El peligro más inmediato ante tanto deshielo, tiene que ver con el posible cambio en los recorridos de las corrientes marinas, al mezclarse el agua dulce con la del mar. Fenómenos como El Niño o La Niña se relacionan íntimamente con el comportamiento de las corrientes. ¿Puede adivinarse la conclusión?

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