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Reflexionar sobre la salud del agua

Al vivir en una región que tiene como rasgo distintivo los lagos es posible que perdamos de vista la gravedad que adquiere la escasez de agua a escala planetaria.

Entonces, situaciones como las que se vivieron y viven en varios barrios de Bariloche, donde se interrumpe el suministro por varias horas, puedan servir como excusa para la reflexión. De todas maneras, nos pareció superficial la recomendación de la empresa distribuidora, cuando en su momento consideró que “es importante recordar que el agua derrochada por una familia es agua que le falta a otra en su hogar, ya que el sistema de distribución es uno solo y el no cuidado del recurso afecta a familias que viven en sectores alejados o no tienen tanque de reserva en sus hogares”.

La escasez de agua a escala global no tiene que ver con comportamientos hogareños… Si bien la situación de América Latina es mejor que la de Europa, Estados Unidos, Asia y África, no hay que soslayar las carencias que exhibe la Argentina, sobre todo en torno a sus grandes ciudades. El debate de fondo se centra en dos concepciones antagónicas: ¿el agua es una mercancía o un derecho?

En su momento, el Centro de Militares por la Democracia desplegó una tarea de permanente esclarecimiento que procuró echar luz sobre aspectos poco conocidos de una de las problemática más acuciantes del siglo XXI. A simple vista se nos ocurre que el consumo de agua –al igual que todo consumo- sabe poco de equidad. Mientras en Estados Unidos cada habitante consume un promedio que oscila entre 250 y 300 litros por día –un auténtico despilfarro- un somalí tiene que sobrevivir con menos de 9 litros.

Ya dijimos varias veces aquí que sólo el 3 por ciento del agua del planeta es dulce y apenas la mitad potable. Supuestamente, ésta no debería contener materias orgánicas, gérmenes patógenos ni sustancias químicas. Pero en la Argentina el agua que se consume proviene en su mayoría de lugares donde son eliminados residuos cloacales e industriales. En consecuencia, supera con holgura los porcentajes de materiales pesados, bacterias, nitratos e hidrocarburos que son considerados peligrosos.

Los ríos de la Plata, Carcaraña, Paraná, Salado del Norte, Salado del Sur y Colorado (este transcurre en parte por Río Negro) se encuentran entre los más contaminados del mundo. El turístico lago San Roque, que abastece a la ciudad de Córdoba, tiene problemas de eutrofización, es decir, sus aguas son tan ricas en nutrientes que crecen plantas y otros organismos. Cuando éstos mueren se pudren y atentan contra la calidad del agua.

En la cuenca del Riachuelo-Matanza (conurbano bonaerense), sólo el 45 por ciento de los habitantes posee cloacas y sólo el 65 por ciento accede al agua potable. Para colmo, alrededor de 3.000 empresas vuelcan a diario sus residuos tóxicos, sólidos o líquidos en los cursos de agua.

Entre ellas, las industrias farmacéutica, química y petroquímica aportan el 30 por ciento de la contaminación.

Por su parte, las plantas fabriles de bebidas alcohólicas y curtiembres contribuyen con el 3 por ciento, contaminación a la que hay que sumar los efluentes cloacales. En definitiva, la cuenca recibe diariamente 368.000 metros cúbicos de residuos industriales, volumen que representa el doble del caudal mínimo promedio del río. Quizá no esté de más apuntar que allá lejos y hace tiempo, se trató de ríos no contaminados.

Los barros del Riachuelo poseen grandes concentraciones de cromo, cobre, mercurio, zinc y plomo, las mayores se registran en Avellaneda y Lanús. En la zona de Berisso y Ensenada, aguas y sedimentos están repletos de benceno, naftaleno, antraceno y tolueno, residuos que son descartados por las destilerías e industrias petroquímicas.

La Asociación Vecinos de La Boca sabe que “después de silencios cómplices y abandonos dolosos, las aguas del Riachuelo siguen bajando negras y macabramente contaminadas. Lo único que goza de buena salud es el olvido. Cualquier río es fuente de vida, pero el que nos ocupa es sinónimo de muerte, hoy induce silenciosamente el doble de fallecimientos en niños de los partidos de la cuenca en la provincia de Buenos Aires y en los barrios de La Boca. Barracas y Villa Lugano de Capital Federal, respecto del promedio de toda la Ciudad de Buenos Aires”.

Al interior de la zona la situación no es muy distinta. El acuífero Puelche se extiende desde la mitad de Santa Fe hacia el este de Córdoba, noreste de Buenos Aires y la bahía de Samborombón. Presenta diversos grados de contaminación con nitratos y bacterias coliformes, de hecho, las concentraciones de nitrato y tolueno que soporta es tres veces mayor a los límites que se permiten.

De nuevo en el conurbano bonaerense, se calcula que el 60 por ciento de la contaminación del río Reconquista se debe a las aguas que recibe del arroyo Morón, donde desaguan gran cantidad de industrias. Allí las aguas carecen de oxígeno y sufren exceso de materia orgánica, con altos niveles de cromo y nitrógeno. En realidad, ya no se trata de agua sino de una sustancia distinta.

En ciertos puntos del interior del país tampoco se goza de un ambiente acuático saludable. Por ejemplo, en Villaguay (Entre Ríos) sufren las consecuencias de la utilización de endolsulfan, una sustancia que es utilizada por grandes productores de soja genéticamente modificada para combatir insectos y reptiles. La Red de Acción en Plaguicidas ha denunciado que chicos que se bañaron en lagunas y arroyos de la zona, sufrieron daños en su piel. Además, se registró mortandad de peces.

Las cosas están como las describíamos en el conglomerado urbano más importante del país y no hay que olvidar que durante más de una década, el servicio de provisión de agua potable y saneamiento estuvo en manos privadas. El CEMIDA sostuvo que el consorcio que se adjudicó la privatización jamás cumplió con las inversiones que debía afrontar.

A otra escala –aquí no hay tantas industrias contaminantes- deberíamos bregar porque los espejos y cursos de agua de la región se mantengan sin alteraciones. Mientras no se invierta en pluviales y se los separe de la red cloacal en Bariloche, no estaremos ayudando al Nahuel Huapi.

Si como queda claro somos privilegiados, sepamos cuidar esa prerrogativa que nos brinda la naturaleza.

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