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Nadie debe vivir con miedo a morir

A unos días del recuerdo de Malvinas, no está de más resaltar que las minas y los restos explosivos de guerra constituyen una grave amenaza para la seguridad, la salud y la vida de las poblaciones locales en general. También un obstáculo para el desarrollo social y económico. Por ese motivo, la Asamblea General de la ONU decidió en 2005 que todos los años se observara el Día Internacional de Información sobre el Peligro de las Minas, en coincidencia con el 4 de abril.

El objetivo apunta a las actividades que hacen falta para atenuar los peligros que supone el minado e incluye llamar la atención sobre un hecho: la destrucción de estos materiales sólo es una parte de la labor que la ONU despliega en relación a la amenaza. “La paz sin la lucha contra las minas es una paz incompleta. Insto a todos los Estados Miembros a mantener esta cuestión como prioridad de la agenda internacional en las negociaciones de paz”, declaró a propósito el flamante secretario general de la ONU, António Guterres.

Las minas terrestres no son los únicos explosivos que representan un peligro para los civiles que viven en zonas de conflicto o post conflicto. Las bombas que no detonaron, las granadas, las armas y las municiones sin dispositivos de seguridad, junto con los artefactos explosivos improvisados, también pueden matar, herir e impedir el acceso a la atención médica, a la educación y al desarrollo.

El caso más emblemático es Afganistán, donde la cifra de muertes que provocan los artefactos en cuestión, es 10 veces superior a las víctimas que derivan de las minas terrestres propiamente dichas. Por otro lado, según la ONU la naturaleza de los conflictos cambió en los últimos años.

El creciente protagonismo de los actores no gubernamentales y la menor frecuencia de acuerdos de paz estables crearon un entorno más complejo y peligroso para los trabajadores humanitarios.

En las últimas dos décadas, la labor del Servicio de las Naciones Unidas de Actividades Relativas a las Minas (UNMAS) se centró en las necesidades de las personas que resultaron y resultan afectadas. Las tareas se dirigieron a enfrentar los peligros que causan los artefactos explosivos a los que están expuestos civiles, el personal de mantenimiento de la paz y los trabajadores humanitarios.

Los objetivos del UNMAS son salvar vidas, facilitar el despliegue de las misiones de las Naciones Unidas y la distribución de asistencia humanitaria, proteger a los civiles, apoyar el retorno voluntario de los desplazados internos y los refugiados, posibilitar que se lleven a cabo tareas humanitarias y de recuperación. También defender el derecho internacional humanitario además de los derechos humanos.

Guterres advirtió que “en el mundo de hoy, los conflictos se multiplican y son cada vez más interdependientes. Un hecho especialmente preocupante es que muchas partes beligerantes atacan sin escrúpulos a población civil y demuestran un desprecio flagrante por el derecho internacional humanitario”. Como consecuencia, “todos los años, los artefactos explosivos improvisados causan la muerte y heridas a miles de civiles”.

El asunto se torna cada vez más grave porque “estos artefactos perniciosos se ocultan en hogares y escuelas, y siembran el terror entre las poblaciones locales. En los últimos 20 años, las Naciones Unidas y sus asociados han eliminado minas terrestres y restos explosivos de guerra de extensas superficies. Se han devuelto a los ciudadanos tierras que en el pasado fueron peligrosas e improductivas, lo cual les ha permitido reconstruir sus comunidades”.

En el mismo orden, “la remoción de minas terrestres de carreteras y pistas de aterrizaje ha facilitado el acceso humanitario a las personas en situación de necesidad”. El personal especializado de la entidad internacional prestó “asistencia médica a las víctimas” e instruyó “a millones de personas sobre cómo vivir en condiciones de seguridad durante los conflictos o inmediatamente después de ellos”.

La ONU también capacitó y brindó empleo “a miles de hombres y mujeres en actividades relativas a las minas que sirven para apoyar y mantener la paz”. En su mensaje alusivo, el secretario general agradeció “a los hombres y mujeres valientes” que con su trabajo en relación a las minas “contribuyen a salvar vidas” y felicitó al UNMAS, entre otros organismos especializados.

Definió el diplomático portugués que “la paz sin la lucha contra las minas es una paz incompleta”, de ahí la exhortación a los gobiernos que mencionábamos más arriba. Consideró también que “las actividades relativas a las minas sientan las bases para la recuperación y el desarrollo duraderos” y por último, proclamó que “nadie debería vivir con miedo a morir incluso después de la finalización de los combates”. Difícil no estar de acuerdo con esa sentencia.

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