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Mueren sirios, tiembla el planeta

Al momento de producirse el ataque estadounidense contra una base de la fuerza área siria, existían razonables dudas sobre la autoría del hecho que, en la inteligencia de los atacantes, justificó la ofensiva. Según los voceros norteamericanos, el actual ocupante de la Casa Blanca cambió su perspectiva en relación al país del Medio Oriente a raíz de la utilización de gas letal a mediados de la semana, que había provocado la muerte de 80 personas.


Es lícito seguir la lógica policial que se pone en juego al investigar cualquier crimen: ¿quién ganaba con los sucesos de Jan Shijún? Günter Meyer es director del Centro de Investigaciones del Mundo Árabe, institución que funciona en Alemania. Para el experto, no había dudas: “de semejante ataque con gas letal sólo pueden beneficiarse los grupos opositores armados”. En palabras que compartió con el medio público de su país (Deutsche Welle), Meyer sumó que tales núcleos “están acorralados y de facto, no tienen posibilidades de defenderse militarmente del régimen. Además, como lo muestran las últimas reacciones del presidente estadounidense, Donald Trump, tales acciones les permiten volver a recibir respaldo de los detractores de Assad”. Cabe aclarar que las reflexiones del especialista se dieron a conocer antes de la inesperada reacción estadounidense.

Desde 2014, se sabe que los grupos armados que se enfrentan al gobierno sirio están en condiciones de llevar a cabo ataques con armas químicas. Según se publicó entonces en el London Review of Books con fuente en una de las múltiples agencias de seguridad estadounidense, el Frente Al Nusra tenía a su disposición gas sarín. La organización en cuestión era la filial en Siria de Al Qaeda.

La reciente utilización de armas químicas no es la primera, como recordará el lector atento. En agosto de 2013, ocurrió otro tanto en Ghouta y, al igual que en la actualidad, la “comunidad internacional” -es decir, Estados Unidos y sus más recalcitrantes aliados- culparon rápidamente al régimen de Bashar al Asad. En aquella ocasión, oficiaba como director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos James Clapper, quien convenció a Obama de que el gas sarín que se utilizó, no equivalía en su composición al que tenía en su arsenal el ejército sirio. La prueba la había realizado el gobierno británico.

El ataque contra Ghouta coincidió con la presencia de inspectores de armas químicas de la ONU. Habían llegado a solicitud de Assad para que contribuyeran a establecer la responsabilidad de la utilización de otros gases en marzo del mismo año, al norte de Alepo. En esa ocasión, habían dejado de existir varios efectivos del ejército regular sirio. “Es insensato esperar que el régimen realizara semejante ataque justo cuando había llegado esa comisión”, sentenció Meyer días atrás. En relación al mismo suceso, otros especialistas expresaron sus dudas, porque los proyectiles con gas letal sólo pudieron lanzarse desde territorio bajo control rebelde, ya que su alcance máximo era de 2,5 kilómetros.

En agosto de 2013, las fuerzas regulares sirias contaban con cerca de 600 toneladas de elementos químicos que permitían la fabricación de gas sarín y mostaza. Un año después, Estados Unidos anunció que se había completado la destrucción de las armas químicas en sus manos. Desde ya, no se puede descartar que en un territorio reducido a jirones, quedara remanente en algún sitio.

En cambio, nadie sabe qué pasó con las armas químicas que según los “servicios” estadounidenses estaban en poder de los yihadistas, quienes en los últimos tiempos cambiaron el nombre de su organización pero son el grupo más importante en la provincia siria de Idlib. Por las dudas, aclaremos que Assad está lejos de ser un campeón de los derechos humanos, pero cabe preguntarse por qué querría jugar el papel del más malo de la película, justo cuando la opinión pública internacional comenzaba a asumir su continuidad en el poder, respaldo ruso mediante.
Moscú no expresó dubitaciones: la del viernes fue “una agresión a la soberanía de un país”. Quiere decir, un acto de guerra. Un portavoz de Vladimir Putin puntualizó que la descarga estadounidense “viola la ley internacional con un pretexto inventado". Desde ya, no sería la primera vez. En efecto, según el ruso “todo recuerda a la situación de 2003, cuando Estados Unidos y Reino Unido invadieron Irak con sus aliados sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU”.

Pero hay una diferencia importante con aquella coyuntura: Rusia respalda directamente al presidente sirio con bombardeos a los rebeldes desde septiembre desde 2015. No sólo aéreos, sino también desde su flota en el Mar Caspio. Es la primera ocasión desde la finalización de la Guerra Fría (1989), que Washington y Moscú se muestras los dientes de tan cerca. Mueren sirios, pero es todo el mundo el que tiembla.

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