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América Latina, la más desigual en distribución de la tierra

En América Latina, el 1 por ciento de los propietarios concentra más de la mitad de la tierra susceptible de aprovechamiento agrícola, hecho que revela a la región como la más desigual del planeta. Para corroborar la impresión, hay que sumar que 32 millonarios poseen la misma riqueza que 300 millones de latinoamericanos. Los datos obran en poder de la FAO (Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura) al hacer propios relevamientos de OXFAM, una destacada ONG que se aboca a la problemática. 


La crónica concentración de las tierras y el impacto que podría tener un proceso de reforma agraria a escala regional se abordaron en la Reunión de Alto Nivel de la FAO que llevó como título “Gobernanza responsable de la tenencia de la tierra, la pesca y los bosques en América Latina y el Caribe”. El encuentro tuvo lugar en Santiago (Chile) durante la semana que pasó. Como corolario, surgió que por aquí rige la distribución de la tierra más desigual del mundo.

La FAO destacó que la inequidad es más acentuada en Sudamérica, mientras que en Centroamérica el flagelo es levemente inferior. Como se sabe, se aplica el denominado coeficiente de Gini para medir la desigualdad, en este caso, aplicado a la distribución de la tierra. Para el continente que habitamos dio 0,79, bastante por encima de Europa (0,57), pero también lejos de África (0,56) y Asia (0,55).

Al igual que para una multitud de organizaciones campesinas e indígenas, para la FAO administrar de una mejor manera el derecho de acceder a la tierra, al igual que el acceso a los bosques y la pesca, resultan fundamentales para reducir la pobreza en las zonas rurales y proteger los recursos naturales. Añadimos por nuestra cuenta, que la concentración de la tierra no es un fenómeno de incidencia exclusivamente rural.

En efecto, el crecimiento de los “cinturones de pobreza” en las grandes ciudades de la Argentina se relaciona de manera íntima con la adopción de modelos agroindustriales que expulsan agricultores desde las tierras que sus familias ocuparon por generaciones. En este país, el monocultivo de la soja explica en gran medida la multiplicación de las “villas de emergencia” que puede rastrearse en los últimos 20 años.

Claro que la generalización del cultivo de la soja no se limitó a la Argentina. En Bolivia, Paraguay y Brasil se registraron incidencias semejantes y no por nada, los dos primeros países figuran entre los primeros a la hora de producir población que migra hacia este país, en la búsqueda de mejores oportunidades económicas. Quiere decir que la concentración de la tierra repercute de múltiples maneras en la dinámica de las sociedades latinoamericanas.

Según la FAO, garantizar los derechos a la tenencia de la tierra y su distribución es un paso necesario para erradicar el hambre y avanzar hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe. Pero el camino se presenta arduo: cada vez es menor el porcentaje de tierras en manos de pequeños propietarios. Fenómeno que se agudiza en particular en perjuicio de las mujeres.

Por ejemplo, en la atribulada Guatemala sólo es propietaria el 8 por ciento de las mujeres. En Perú, sólo el 31 por ciento. En la mayoría de los casos, tales propiedades son de menor tamaño y calidad que las que tienen a hombres como dueños. Fuente de la FAO fue el informe “Desterrados: tierra, poder y desigualdad en América Latina”, que publicó OXFAM a fines de 2016. El texto centralizó su análisis en 17 países, entre ellos, la Argentina. 

En su resumen ejecutivo puede leerse que “la ganadería avanza de forma imparable sobre el Gran Chaco (en Argentina, Paraguay y Bolivia), provocando las mayores tasas de deforestación del mundo y amenazando la supervivencia y el bienestar de pueblos indígenas, algunos de ellos no contactados. Y la producción agrícola, liderada por cultivos como la soja, la caña de azúcar y la palma aceitera, bate récords de superficie año tras año en Brasil, Argentina y Paraguay”. Que se nos disculpe la vanidad, pero hace al menos 15 años que venimos avisando desde el pequeño sitio que ocupa esta columna…

La FAO y OXFAM dieron a conocer que “el 1 por ciento de las fincas acapara más de la mitad de la superficie productiva. Es decir, este 1 por ciento concentra más tierra que el 99 por ciento restante. Esta situación no ofrece un camino para el desarrollo sostenible, ni para los países, ni para las poblaciones”. Obvio… Tampoco es menos sabido que la desigualdad económica y social es uno de los mayores lastres que impiden a las sociedades latinoamericanas alcanzar el desarrollo sostenible y supone un obstáculo para su crecimiento económico. ¿Leerán los funcionaros gubernamentales estos informes?

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