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El héroe detrás de los repuestos

A la calle Warnes de Buenos Aires, se la referencia como el lugar indicado para encontrar repuestos para el automóvil, de la índole que sean. Años atrás, también fue sinónimo de delito, cuando resultaba evidente que las partes de los vehículos desguazados luego de los robos, iban a parar a ese mercado, de difícil contralor. Aparentemente, esos tiempos se superaron.

Pero, ¿por qué hay una calle que se llama Warnes? ¿Quién fue Ignacio Warnes? Como murió en combate en el actual territorio boliviano, su figura fue soslayada por la versión más difundida de la historia, según la cual la Argentina poco tiene que ver con América Latina. Pero en aquellos tiempos inaugurales de la Independencia, nuestros próceres se decían americanos antes que argentinos y luchaban en el nombre de las Provincias Unidas del Río de La Plata.

Warnes llegó al mundo en 1771 y, muy joven, se incorporó a los blandengues. Cuando se produjeron las invasiones inglesas, enfrentó a los agresores y luego se sumó a la causa de la Patria. Después de Mayo de 1810, formó parte de la expedición que Manuel Belgrano condujo hacia Paraguay. Allí cayó prisionero de los realistas y fue trasladado a Montevideo. Cuando recuperó la libertad, recibió las jinetas de teniente coronel y marchó de nuevo al encuentro del fundador de la bandera, que por entonces comandaba el Ejército del Norte. A sus órdenes, formó en las batallas de Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohúma.

Después de la última derrota, Belgrano lo promovió al grado de coronel y le encargó la misión de reorganizar a las huestes propias en Santa Cruz de la Sierra, actual territorio boliviano. En aquellos tiempos, se consideraba al Alto Perú como parte integrante de las Provincias Unidas del Río de la Plata. La unidad americana era posible por entonces: oficiales porteños combatían lejos de su hogar para liberar a América del yugo colonial.

Warnes demostró dotes de organizador e instructor. Después de Ayohúma, los contingentes patriotas no habían quedado en las mejores condiciones pero junto a Juan Arenales y José Mercado, “el de la calle” consiguió reunir y poner en condiciones de combatir a una fuerza considerable. Cuatro años después de la Revolución, el 25 de mayo de 1814, las tropas patriotas enfrentaron a las realistas, que respondían las órdenes de José Joaquín Blanco en las márgenes del río Piraí. Se dice que de la contienda participaron 8.000 hombres pero es probable que esa cifra sea exagerada. Warnes participó del combate al frente de 300 subordinados.

Un gesto puede pintar de cuerpo de entero al hombre que recordamos. Este episodio bélico pasó a la historia como batalla de la Florida. Después de un primer momento favorable, los realistas buscaron refugio en la plaza central del pueblo que gobernaba Blanco y allí se parapetaron para la resistencia. Cuando Warnes llegó al lugar, desafió en voz alta al jefe realista. Éste aceptó el convite y el combate singular tuvo como vencedor al oficial del Ejército del Norte. Luego se consumó la victoria.

Entre octubre y noviembre de 1815, Warnes se vio envuelto en otro hecho de armas, siempre en cercanías de Santa Cruz. Es más, la abrumadora mayoría de los contingentes que capitaneaba estaba integrada por cruceños. No es del todo veraz la idea que nos transmitieron en la escuela: no fueron solamente los ejércitos de Buenos Aires los que llevaron la libertad al resto del antiguo virreinato. La batalla de Santa Bárbara también terminó con la victoria de los patriotas pero no hubo mucho para festejar. Es que la gesta de la independencia no fue una guerra de españoles contra criollos, como nos quisieron inculcar. En verdad, tuvo mucho de guerra civil, de enfrentamiento fratricida. Si bien entre los realistas no faltaban los peninsulares, en las filas que comandó en esa oportunidad Udaeta y Altolaguirre, abundaban los indígenas cruceños.

Los beligerantes volvieron a encontrarse en las afueras de Santa Cruz. En esa ocasión, la suerte no favoreció a las armas patriotas. El caballo de Warnes cayó en el combate pero a diferencia de San Martín, el jinete fue ultimado. Corría el 21 de noviembre. Los 200 realistas que sobrevivieron entraron a la indefensa Santa Cruz, tres días después de la derrota de los revolucionarios.

Los comandaba Francisco Javier de Aguilera, un criollo. Para dejar en claro quién mandaba, ordenó la decapitación de Warnes y su exhibición en una picota en el centro de la plaza principal. En dos meses, el jefe realista dispuso el fusilamiento de 900 cautivos. El de la calle porteña había liberado esclavos para que pelearan para la causa americana… No iban a darle cuartel ni lo había pedido. Ese fue el coronel Warnes, hoy sinónimo de repuestos.

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