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La violencia estadounidense no hizo más que agudizarla

Se suspendieron los vuelos entre China y Corea del Norte, al igual que la concreción de paquetes turísticos. Esos hechos que alteran la vida cotidiana en aquellas latitudes, pueden alcanzar para ilustrar la gravedad de la situación que se vive en toda la península coreana, ante la amenaza estadounidense de analizar opciones militares. La advertencia norteamericana tiene su fundamento en el persistente desarrollo de los programas nucleares norcoreanos.


Hasta el momento, Pyongyang siguió con sus designios, sin atender demasiado a la preocupación de la “comunidad internacional”, es decir, Washington y sus aliados europeos. Al momento de redactar estas líneas, estaba en el lugar el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, quien se paseó por la zona desmilitarizada (DMZ) que separa a la dos Coreas. Más allá de la antipatía que pueda despertar el régimen norcoreano, la presencia del segundo de Trump no puede entenderse de otra manera: fue una provocación.

A metros de las posiciones militares norcoreanas, el vicepresidente estadounidense resaltó los vínculos entre su país y Seúl, a la vez que se enredó en ambivalencias. En primera instancia, señaló la intención de resolver la situación “a través de medios pacíficos, a través de negociaciones”, pero también recordó que “la paciencia estratégica” de Estados Unidos estaba agotada.

Washington asumió como objetivo la desnuclearización de Corea del Norte y en esa búsqueda, “todas las opciones están sobre la mesa”, insistió Pence. Recordemos que tropas estadounidenses ya intervinieron en la zona entre 1950 y 1953, durante la que ya se empieza a denominar como la primera Guerra de Corea. En aquella oportunidad, el episodio tuvo que ver con el “nuevo orden” que se estableció al término de la Segunda Guerra Mundial. La península había sufrido ocupación japonesa desde 1910 y después de la derrota nipona, la entonces Unión Soviética y la República Popular China apoyaron a Corea del Norte, mientras que Estados Unidos y la ONU apuntalaron a la del Sur.

Las acciones finalizaron con un armisticio que ubicó la frontera en el paralelo 38 y estableció la DMZ. El centro de Seúl no está a más de 50 kilómetros de esa franja, básicamente un espacio de cuatro kilómetros que está minado. Ese fue el trayecto que hizo ayer el vicepresidente estadounidense, a bordo de un helicóptero militar que difícilmente no fuera avistado por los vigías norcoreanos. Diariamente, los soldados de una y otra Corea se ven las caras en ese punto.

Horas antes de su arribo, los renovados malos de la película habían intentado lanzar un misil balístico, que estalló poco después de su lanzamiento. No es la primera vez que ocurre, circunstancia que permite poner en duda los alcances del “peligro norcoreano” en términos globales. Claro que los grandes medios nacionales e internacionales se cansaron de atemorizar a la gente con el desfile de las fuerzas armadas de aquel país, como si el peligro -para todos- quedara a la vuelta de la esquina.

Es verdad que a ojos occidentales, Kim Jong-un no califica como estadista y muy probablemente, sea un dictador. Pero Donald Trump no parece mucho más predecible. El problema es que hasta el momento, sólo un país utilizó armas nucleares contra población civil inerme y no fue precisamente Corea del Norte… De todas maneras, hay que tener en cuenta algunos elementos para ver si es posible sustraerse a la paranoia generalizada que los medios estadounidenses procuran profundizar.

China suspendió las importaciones coreanas de carbón e impuso restricciones a sus compras de petróleo en el mismo país, hechos que pueden ser más decisivos que la palabrería estadounidense a la hora de hacer recapacitar al gobierno norcoreano. Por otro lado, el sistema de defensa antimisiles que Estados Unidos despliega en Corea del Sur demorará en estar operativo y suponemos que la Casa Blanca estará al tanto de esa realidad.

Al mismo tiempo, Corea del Sur presenta un frente interno delicado. La presidenta Park dimitió en el marco de un escándalo por corrupción y está vigente una convocatoria a comicios anticipados, que se celebrarán el próximo 9 de mayo. Se especula con buenas chances de las facciones conservadoras, que no ven con buenos ojos el despliegue militar estadounidense en su país.

Por más que su primer ataque resulte eficaz, sería improbable que toda la capacidad nuclear de Pyongyang quedara fuera de combate de un sólo golpe. Pero más allá de esas especulaciones, ¿se resolvió alguna “amenaza a la seguridad global” a través de las armas? Allí están los casos de Irak, Afganistán, Siria, Libia y demás para demostrar que la violencia estadounidense u occidental no hizo más que agudizar la violencia. En ocasiones, hacer uso de la palabra es más viril que apretar el gatillo.

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